La situación de los VRSU en España es muy problemática. Se estima que
existen alrededor de 9.000 vertederos de residuos sólidos urbanos, pero
se desconoce el número exacto. De dicha cifra, cerca de 3.700 aún
están operativos y son incontrolados, y tan sólo 125 están
"controlados". De los 125 vertederos controlados, tan sólo el
30% son adaptables a la Directiva de Vertido de Residuos, con lo que el
70% restante tendrá que ser clausurado (Club Español de los Residuos).
Igualmente, se dan cifras que oscilan entre 50.000 y 90.000
microvertederos en los que se vierte absolutamente de todo, desde
residuos municipales hasta residuos tóxicos y peligrosos, inertes,
voluminosos, etc.
Los principales problemas existentes en España en materia de VRSU y que
suponen las principales líneas de actuación a corto y medio plazo por
parte de Administraciones públicas y empresas, entidades o asociaciones
privadas se exponen a continuación.
1.
Escasez de estadísticas sobre estudios realizados de eficacia
de la gestión de los RSU o de cantidades generadas de los mismos.
Algunas de las pocas estadísticas existentes pueden ser localizadas en
el Instituto Nacional de Estadística, y
concretamente son:
Ignorancia con respecto a la cantidad total de vertederos
controlados e incontrolados, lo cual deriva en una escasez de
conocimiento amplia por parte de la Administración y, por lo tanto, en
una falta de previsión y de detalle en los Planes de Gestión de
Residuos, puesto que se parte de datos que ya está obsoletos y no
están actualizados y adaptados a la situación real de la sociedad
española (un ejemplo de ello es el PNRU, el cual se fundamente en datos
de 1996).
3.
Inexistencia e una marco de apoyo a tecnologías limpias para
eliminar la alternativa del vertido que vaya en detrimento de las
convencionales con objeto de reducir la contaminación producida y de
controlar los procesos industriales, consecuencia de no haber
traspuesto, a pesar de estar fuera de plazo actualmente, la Directiva de
Prevención y Control Integrados de la Contaminación, conocida como Directiva
IPPC y el cuestionario
de aplicación de la misma.
4.
Escaso fomento de I+D a través de diversos medios, como son
los convenios con Universidades y la financiación de proyectos de
investigación para empresas y particulares y la concesión de becas de
realización de estudios sobre tecnología y desarrollo.
5.
Pobre promoción de la recuperación de espacios contaminados,
a diferencia de Estados Unidos y algunos países de la UE, donde se
destinan partidas de presupuesto muy considerables a la restauración de
zonas contaminadas. En España este factor es muy importante, ya que los
vertederos suponen la principal fuente de contaminación de suelos,
incluso por delante de la industria, el terreno donde se ha instalado un
vertedero queda tras su clausura prácticamente inutilizable.
La situación futura de los vertederos controlados de residuos
urbanos (VRSU) está condicionada por la implementación de la Directiva
99/31/CE, de Vertido de Residuos, por los objetivos del Plan Nacional de
Residuos (PNRU) y de los respectivos Planes Regionales de Residuos de
las Comunidades Autónomas.
Paralelamente, la apuesta de futuro en materia e investigación sobre
los vertederos controlados españoles, se centra en el impacto ambiental
de los mismos a medio y largo plazo y en los sistemas para atenuarlos.
El vertedero controlado, incluso el mejor diseñado y gestionado,
dispone de niveles de emisiones gaseosas muy significativos durante
períodos superiores al centenar de años, llegando incluso a alcanzar
en algunos casos los 700 años. Respecto de este hecho, la Directiva de
Vertederos incluye un período de mantenimiento post-clausura de 30
años, lo cual resulta insuficiente a la hora de gestionar un vertedero
tras ser sellado.
En consecuencia, un vertedero conlleva numerosas cuestiones relacionadas
con aspectos técnicos, administrativos y legales que tendrán que ser
solucionados de forma rápida y efectiva. Dichas cuestiones son:
Tiempo durante el cual un gestor debe ocuparse de un
vertedero.
Quién y en qué medida debe responder ante los daños ambientales que
puedan producirse debido a errores de gestión o de diseño de la
plataforma de vertido.
Quién asume la responsabilidad legal y económica que implica un
vertedero por un período de tiempo, no de años, sino de siglos.
Qué generación será a la que corresponda responder de los daños
causados;
Qué duración en el tiempo tienen las directrices ambientales y los
componentes del sistema barrera (geomembranas, geotextiles y geodrenes )
previstos actualmente para el vertedero.
Pero, ¿qué constituye barrera en un vertedero?. En este sentido,
constituye barrera contra la contaminación lo siguiente:
Pretratamiento y tratamiento de los residuos
Reduce la carga de matero orgánica en el interior
del vertedero y, consecuentemente, disminuye las salidas de
contaminantes tales como lixiviados o gases invernadero;
Emplazamiento adecuado del vertedero
Es fundamental la consideración de condicionantes
tales como la climatología de la zona, la geología y litología,
la morfología y la hidrología e hidrogeología.
Cobertura superficial de vegetación del
vertedero
Disminuye la infiltración en el vaso de vertido,
reteniendo el agua de lluvia y desviando las precipitaciones hacia
las cunetas perimetrales y evitando de ese modo la percolación
del agua y la formación de arroyaderos que erosionen las capas de
cubrimiento superiores.
Procesos de atenuación en el interior del vertedero y sus
posibilidades de control y de aceleración
Procesos químicos de degradación orgánica
anaeróbica que varían la tasa de desintegración de las
sustancias y procesos físicos de retención, de adsorción y
absorción, de precipitación, y procesos redox que aceleran o
dificultan el avance del lixiviado entre la distintas capas del
vertedero.
Mantenimiento del sistema de drenaje
Es muy importante el buen funcionamiento del sistema
de drenaje con el fin de evitar posibles fallos del mismo en el
futuro.
Impermeabilización
instalada (liner system)
Es uno de los parámetros que más condicionan el
sistema de barrera de un vertedero, puesto que retienen por
completo el lixiviado generado, canalizándolo hacia el drenaje
instalado en la parte superior del geotextil y la geomembrana o de
la capa arcillosa. La impermeabilización puede ser tanto natural como artificial, siendo la primera más duradera. Se
estima que las barreras artificiales tienen una duración media de 15
años y las naturales pueden alcanzar períodos mayores de 100 años
Barrera geológica
Ello implica al subsuelo como barrera de
contaminantes, puesto que realiza funciones de contención hidraúlica y
de retención de compuestos en el suelo por los procesos anteriormente
mencionados.