Influencia de las características constructivas del pozo y su funcionamiento

Las características constructivas de un pozo pueden favorecer la aparición de incrustaciones.

Pozos poco eficientes, con notables pérdidas de carga en el paso del agua por la zona filtrante, y pozos mal desarrollados suelen incrustarse con mayor rapidez que los pozos más eficientes que bombeen caudales similares. La mayor entrada de agua, la mayor turbulencia y el mayor descenso, facilitan el desprendimiento del anhídrido carbónico, sobresaturándose el agua en carbonatos a su alrededor. También la mayor aireación facilita la precipitación de hierro.

Si el pozo se explota con descensos que dejan parte de la zona filtrante en seco, en esa parte pueden aparecer incrustaciones con cierta facilidad y tanto más cuanto más frecuentes sean los paros y arranques de la bomba. Al ponerse en marcha la bomba, parte del tubo y a veces también de la zona filtrante (muy frecuente en pozos que se explotan en acuíferos freáticos) quedan en seco y el agua que los humedece se evapora precipitando pequeños cristalitos de carbonato cálcico (parece ser que el Fe favorece la precipitación y tanto más cuanto más rugosa sea la superficie). Al detenerse el pozo vuelven a cubrirse por el agua, que si está en contacto más o menos fácil con la atmósfera, pierde anhídrido carbónico, se sobresatura en carbonatos y los cristalitos antes depositados actúan de núcleos de cristalización, creciendo en ocasiones rápidamente el depósito.

Las sucesivas fases de aireación facilitan también la precipitación del hierro. En otras ocasiones, la misma secuencia de hechos es origen de zonas preferentes de corrosión.

El caudal de explotación condiciona el descenso producido y también la velocidad de paso del agua por la formación acuífera y por la rejilla. A mayor velocidad, mayores posibilidades de corrosión y también de incrustación.

Es recomendable no rebasar los valores de velocidad del flujo del orden de la mitad de los que se calcularían mediante fórmulas. La firma Johson Inc. aconseja no rebasar los 3 cm/seg en el paso por la rejilla, a fin de minimizar el efecto de incrustación y corrosión (ver velocidades óptimas de paso del agua por la rejilla).

Es importante conocer periódicamente los descensos específicos (caudal obtenido/descenso nivel del agua), los descensos totales del nivel del agua, los caudales bombeados, la potencia consumida y el régimen de bombeo (duración de los bombeos y de los paros). Si el caudal específico disminuye puede ser síntoma claro de incrustación o taponamiento en la zona filtrante. Un primer síntoma de incrustación es el aumento del consumo de energía de la bomba, sin que aumente el caudal extraído, previa comprobación de que la bomba funciona bien.

También es importante disponer de análisis químicos del agua bombeada una o dos veces al año, no solo para ver si el agua es de características incrustantes, sino también para conocer si la calidad del agua evoluciona en alguna forma. Al construirse el pozo se pueden tener aguas d buena calidad y al cabo de algunos años se puede degradar por múltiples causas.

En los pozos entubados es conveniente dejar un acceso por el que se pueda medir el nivel del agua en el pozo. Si bien la medida de cerrar herméticamente el pozo es adecuada desde el punto de vista de la protección sanitaria, no es excluyente dejar el orificio para medir niveles, que puede estar convenientemente protegido e incluso pueden instalarse medidores de nivel permanentes de tipo manométrico y que permiten el cierre hermético con la posibilidad de medir la profundidad del agua.

 
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