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CAPÍTULO 11
COOPERACIÓN INTERNACIONAL
Ni que decir tiene que ninguna nación ni grupo de naciones puede, individualmente,
obtener soluciones eficaces a los problemas mencionados. Por el contrario, es esencial
asegurar una amplia cooperación internacional y un entendimiento mutuo entre las naciones
y los grupos de naciones para que la comunidad planetaria pueda tener una auténtica
oportunidad de hallar soluciones justas y sostenibles y de llegar a una situación de
equidad intergeneracional e intrageneracional, no sólo en términos de medio ambiente,
sino también en lo referente a lo económico y lo político.
A lo largo de los últimos veinte años, la Comunidad ha desempeñado un papel destacado
dentro de la actividad internacional en materia de medio ambiente. La Comunidad es parte
contratante de unos 30 convenios y acuerdos internacionales, y apoya de forma activa la
labor de diversas instituciones internacionales y regionales, como el PNUMA, la CEPE, la
OCDE y el Consejo de Europa. Cumpliendo con sus obligaciones establecidas en el Tratado,
en la versión modificada por el Acta Única Europea, y de acuerdo con el apartado 1 del
artículo 130R del nuevo Tratado de la Unión Europea, el compromiso de la Comunidad en la
actuación internacional en favor del medio ambiente progresará a lo largo del periodo
que cubre el Programa.
11.1. La
posición de la Comunidad sobre los temas clave
En lo que respecta al cambio climático, el compromiso de la Comunidad de
estabilizar las emisiones de CO2, hasta el año 2000, al nivel de 1990, y reducirlas a
partir de ese momento, constituyen la base de la posición comunitaria en las actuales
negociaciones con vistas a un convenio marco global sobre el cambio climático. Debe
también impulsarse la elaboración de protocolos complementarios en los que se definan
unos objetivos específicos y unos compromisos mundiales en relación con las emisiones y
los sumideros de carbono, en particular los bosques, de acuerdo con dicho convenio. El
objetivo final a escala mundial que debe fijar el convenio, es la estabilización de las
concentraciones de gas con efecto invernadero a un nivel que asegure la ausencia de
efectos peligrosos sobre el clima mundial derivados de las actividades humanas y acordar
un plazo suficientemente amplio para permitir a los ecosistemas su adaptación natural.
Este convenio debería asimismo tener en cuenta la común responsabilidad de las Partes,
con sus características diferenciadas, reconociendo que la forma en la que hayan de hacer
efectivos sus compromisos podrá depender de su nivel de desarrollo y de la importancia de
sus emisiones de gases de invernadero.
La Comunidad es parte contratante en el Convenio de Viena para la protección de la capa
de ozono y del Protocolo de Montreal sobre las sustancias que agotan la capa de ozono. La
Comunidad ha decidido introducir unas medidas unilaterales de control que son más severas
de lo que exige el Protocolo. Dadas la nuevas pruebas científicas, la Comunidad apoyaría
la propuesta del calendario de eliminación progresiva acordado en junio de 1990, e
instaría a todas las Partes del Protocolo de Montreal a adoptar medidas más estrictas en
la línea de la normativa comunitaria.
El convenio que se adoptará en UNCED sobre la diversidad biológica debería dejar
constancia de que la conservación de la diversidad biológica, en beneficio de las
generaciones actuales y futuras, es una responsabilidad común de la humanidad, y debería
garantizar su protección a tres niveles: la diversidad genética dentro de cada especie,
a fin de preservar su potencial evolutivo; la diversidad de las propias especies; y por
último la diversidad de los ecosistemas en los que se encuentran las especies. La
conservación ex situ habría de considerarse como un complemento de la conservación in
situ, sin sustituirla nunca. El convenio sobre diversidad biológica debería también
atender a las cuestiones relacionadas con los recursos biogenéticos y el control de los
riesgos de la biotecnología.
La declaración prevista en UNCED sobre la gestión y el desarrollo de todos los bosques
(templados, boreales y tropicales) debería incorporar el compromiso de celebrar, lo antes
posible, un convenio internacional sobre bosques. Además, se requerirá la participación
activa del ITTO y del GATT a fin de tratar la cuestión específica del comercio
internacional de madera tropical, con vistas a reconciliar, entretanto, los imperativos
ambientales y las actividades comerciales legítimas. La asistencia en el sector forestal
requiere cooperación y coordinación. La reestructuración del Plan de Acción sobre
Bosques Tropicales, que implica un cambio de planteamiento centrado sobre los países
receptores en vez de sobre los países productores, puede ayudar a estos últimos a
gestionar sus propios recursos forestales de forma sostenible.
De acuerdo con el mandato del Consejo Europeo y de la Cumbre Económica del G-7, la
Comisión ha puesto en marcha un programa piloto para la conservación de la mayor
pluviselva del mundo. Se trata de una iniciativa excepcional en la que la Comisión
participa con el Gobierno brasileño y con el Banco Mundial, con un costes total de 250
millones de dólares estadounidenses, y que situará a la Comunidad en una posición
favorable en la recta final hacia la Conferencia de la UNCED (Rio, junio de 1992). Se
confía en que los resultados puedan aplicarse con éxito a otras regiones.
11.2.
Otras cuestiones prioritarias importantes a escala internacional
La Comunidad está próxima a adoptar una nueva regulación para adecuar su
legislación a los procedimientos existentes de «consentimiento previo con conocimiento
de causa» de clasificación sobre información en el caso del comercio internacional de
sustancias químicas tóxicas y plaguicidas. La elaboración de acuerdos internacionales
jurídicamente vinculantes destinados a imprimir mayor rango a las orientaciones adoptadas
en Londres por el PNUMA sobre el intercambio de información sobre sustancias químicas en
el comercio internacional y del Código de Conducta de la FAO sobre la distribución de
plaguicidas constituirían un importante avance. Sería también muy deseable establecer
este tipo de procedimientos para reducir los riesgos inherentes al comercio internacional
de organismos genéticamente modificados.
En lo que se refiere a los residuos peligrosos, los esfuerzos irán dirigidos a garantizar
la aplicación lo más amplia posible de las disposiciones del Convenio de Basilea, y
hacia la aprobación de un protocolo específico del Convenio sobre responsabilidad e
indemnización. Al mismo tiempo, deberá prohibirse, de acuerdo con el Convenio de Lomé y
los demás convenios regionales pertinentes, la exportación de residuos peligrosos a
países que no puedan tratar y eliminar dichos residuos en condiciones tan estrictas como
las que son aplicables en el país de origen.
La Comunidad consolida su compromiso en todas las iniciativas destinadas a proteger los
mares regionales y los ríos internacionales. Además de su participación en los acuerdos
vigentes para la protección del Mediterráneo y del mar del Norte, la Comunidad tiene
intención de convertirse en parte contratante del Convenio de Helsinki sobre la
protección del medio ambiente marino en la Región del mar Báltico. Participa también
en las negociaciones para la elaboración de un convenio marco sobre la protección y el
uso de los ríos transfronterizos y los lagos internacionales, y en una serie de acuerdos
sobre varias cuencas fluviales europeas, entre las que figura la del Danubio. La Comunidad
Europea ya suscribió en 1990, junto con Alemania y la República Checoslovaca, un
convenio sobre el Elba, y próximamente se celebrará otro sobre el Oder. A través de su
programa MEDSPA, la Comunidad apoya activamente el Programa de Medio Ambiente para el
Mediterráneo lanzado conjuntamente por el Banco Mundial y el BEI. Este plan proporciona
un buen ejemplo de cooperación interinstitucional para la protección del medio ambiente
que podría ampliarse a otras regiones.
11.3. Cooperación mundial
Las actuales negociaciones sobre cuestiones medioambientales de alcance
mundial están poniendo de manifiesto, cada vez con mayor insistencia, que una estrategia
coherente y eficaz para responder a estos retos requiere un esfuerzo conjunto por parte de
los países industrializados y los estados en vías de desarrollo. La cooperación
científica y tecnológica debe reforzarse a fin de incrementar la capacidad técnica
autóctona, y debe acelerarse el flujo de conocimientos técnicos y de tecnologías con la
participación activa de todos los agentes involucrados, sobre todo en la esfera
comercial.
Debe darse gran prioridad a la creación de recursos financieros nuevos y adicionales que
cubran los costes suplementarios que podrían tener que soportar los países en vías de
desarrollo como consecuencia de las medidas de protección del medio ambiente mundial
acordadas internacionalmente.
En sus conclusiones del 12 de diciembre de 1991 sobre la
UNCED, el Consejo de medio ambiente reconoció la necesidad de disponer de recursos
financieros nuevos y adicionales para asistir a los países en vías de desarrollo en su
tarea de hacer frente a los problemas ambientales de alcance mundial. Se insistió
también en que el Fondo Mundial para el Medio Ambiente debería desempeñar una función
destacada, como mecanismo financiero multilateral, en la resolución de los problemas
ambientales de los países en desarrollo que afectan a todo el planeta, aunque su
estructura y sus procedimientos habrían de diseñarse y adaptarse de modo que tuvieran en
cuenta las necesidades de los estados participantes. La Comunidad, como tal, debería ser
parte del GEF a fin de garantizar una máxima eficacia en la utilización de los fondos
comunitarios que ya se han destinado a proyectos mundiales y relacionados con el medio
ambiente.
La experiencia reciente ha demostrado que los temas relacionados con el comercio y el
medio ambiente están adquiriendo una importancia creciente al fortalecerse y ampliarse
las políticas y estrategias ambientales a nivel tanto nacional como internacional. Ante
este hecho, es esencial acelerar el diálogo sobre las interrelaciones entre las
políticas de medio ambiente y comerciales en todos los foros correspondientes, sobre todo
en el GATT. Este diálogo debería ser una de las principales prioridades posteriores al
Uruguay-Round; Como cuestión de principio habría que evitar el uso unilateral de
instrumentos comerciales para proteger el medio ambiente y reconocer el papel fundamental
del comercio internacional para promover y establecer un desarrollo sostenible.
11.4. Cooperación regional
Es especialmente importante reforzar la cooperación regional para atacar los
problemas transfronterizos específicos. Para evitar la transposición de problemas
ambientales o las transferencias de contaminación de un país a sus vecinos, se hace
necesario introducir consideraciones ambientales en los instrumentos regionales de
cooperación y establecer y hacer cumplir eficazmente los correspondientes acuerdos
jurídicos. Por tanto, deberá concederse prioridad a la adopción de normas eficaces para
la gestión y la protección de los recursos ambientales compartidos a fin de prevenir
efectos transfronterizos perjudiciales, así como a los acuerdos de responsabilidad civil
y de indemnización por daños al medio ambiente.
En este contexto, la Comunidad debe apoyar activamente las iniciativas regionales, sobre
todo dentro de la CEPE y el Consejo de Europa, mediante su participación en el nuevo
convenio sobre la evaluación del impacto ambiental en un contexto transfronterizo, en las
negociaciones para la prevención y el control de los efectos transfronterizos de los
accidentes industriales y en las deliberaciones sobre la responsabilidad civil por
perjuicios debidos a actividades peligrosas para el medio ambiente.
11.5. Cuestiones de orden
institucional
Para resolver los conflictos ambientales que están surgiendo, es necesario
mejorar y fortalecer las instituciones internacionales existentes, en particular el PNUMA,
y lograr una mayor coordinación entre ellas, para garantizar el uso óptimo de los
recursos.
Debería hacerse un esfuerzo especial por alcanzar una mejor comprensión científica de
los procesos ecológicos y por mejorar la recopilación y difusión de información sobre
el medio ambiente, con el fin de obtener una base sólida para la actuación internacional
en este terreno. En este sentido, debería considerarse la posibilidad de crear una red
internacional de agencias de medio ambiente.
Por último, hay que hacer notar que el rápido desarrollo de la legislación
internacional en materia de medio ambiente a lo largo de las últimas dos décadas no
siempre ha ido a la par con esfuerzo por hacer cumplir los convenios y acuerdos que ya
existían. Por esta razón, es esencial establecer mecanismos adecuados que permitan
supervisar el cumplimiento de los acuerdos regionales e internacionales sobre medio
ambiente. También hay que ocuparse de las cuestiones relacionadas con la prevención y la
resolución de conflictos en este ámbito, garantizando la participación de todos los
agentes internacionales implicados.
 
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