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La Ley territorial 12/1990, de 26 de julio, de Aguas,
regula, en el Capítulo III de su Título III, los criterios a que habrá de
ajustarse la redacción y aprobación de los Planes Hidrológicos Insulares
como instrumentos básicos de la planificación hidrológica.
Los artículos 7.c) y 41 de la citada disposición legal
establecen que la aprobación definitiva de los Planes Insulares compete al
Gobierno de Canarias, que la otorgará salvo que aprecie en su texto
vulneración de disposiciones legales, inadecuación al Plan Hidrológico
Regional o defectos formales graves, en cuyo caso procederá la devolución
del proyecto, con expresión motivada de la causa, al Cabildo que, cuando
proceda, lo remitirá al Consejo Insular.
Con fecha 17 de junio pasado, el Cabildo Insular de
Tenerife presentó ante la Consejería de Obras Públicas, Vivienda y Aguas,
para su aprobación por el Gobierno de Canarias, el Plan Hidrológico
Insular de Tenerife. Dicho Plan fue aprobado provisionalmente por el Pleno
del Cabildo Insular, en sesión celebrada el 9 de mayo de 1996.
En razón a la inexistencia de Plan Hidrológico
Regional, de vulneración de disposiciones legales o de defectos formales
graves en él, la Dirección General de Aguas ha informado favorablemente la
solicitud de aprobación del Plan Hidrológico Insular de Tenerife con
arreglo a las siguientes condiciones:
a) Que, por razón de plazo, se excluya de tal
aprobación la prescripción relativa a la obligación del Consejo Insular de
Aguas de Tenerife de proponer una revisión intermedia de dicho Plan
Hidrológico con anterioridad a finales del año 1996.
b) Que en el acto aprobatorio del Plan Hidrológico de
Tenerife se exprese que, en cuanto a las propuestas de fuentes de
financiación, sus programas de actuaciones tienen un carácter meramente
indicativo.
c) Que en el mismo acto se establezca que, en el plazo
de los seis meses posteriores a la aprobación del Plan Director de
Infraestructuras de Canarias, el Consejo Insular de Aguas de Tenerife
elevará al Gobierno de Canarias, para su aprobación, un Plan Especial
relativo a la programación temporal de las inversiones públicas en materia
hidráulica de la isla, donde se especifiquen los plazos de ejecución de
todas las actuaciones contempladas en el Plan Hidrológico Insular y las
aportaciones financieras de los distintos organismos e instituciones
públicas con competencia en la materia.
En su virtud, a propuesta del Consejero de Obras
Públicas, Vivienda y Aguas y previa deliberación del Gobierno en su
reunión del día 23 de diciembre de 1996,
D I S P O N G O:
Artículo único.- Aprobar el Plan Hidrológico Insular de
Tenerife, que consta como anexo, con los siguientes condicionantes:
a) No será de aplicación lo contenido en el Plan sobre
el plazo de revisión intermedia del mismo.
b) En cuanto a las propuestas de fuentes de
financiación, los programas de inversiones del Plan Hidrológico Insular de
Tenerife de actuaciones tendrán un carácter meramente indicativo.
c) En el plazo de los seis meses posteriores a la
aprobación del Plan Director de Infraestructuras de Canarias, el Cabildo
Insular de Tenerife elevará al Gobierno de Canarias para su aprobación un
Plan Especial relativo a la programación temporal de las inversiones
públicas en materia hidráulica de la isla, donde se especifiquen los
plazos de ejecución de todas las actuaciones contempladas en el Plan
Hidrológico Insular y las aportaciones financieras de los distintos
organismos e instituciones públicas con competencia en la materia.
DISPOSICIÓN FINAL
El presente Decreto entrará en vigor el mismo día de su
publicación en el Boletín Oficial de Canarias.
Dado en Santa Cruz de Tenerife, a 23 de diciembre de
1996.
EL PRESIDENTE
DEL GOBIERNO,
Manuel Hermoso Rojas.
EL CONSEJERO DE OBRAS PÚBLICAS,
VIVIENDA Y AGUAS,
Antonio Ángel Castro Cordobez.
A N E X O
PHI
PLAN HIDROLÓGICO INSULAR
DE TENERIFE
1. MEMORIA
Índice
1.INTRODUCCIÓN
1.1 Antecedentes
1.2 Procedencia de la formulación de este Plan Hidrológico Insular
1.3 Avance del PHI
1.3.1 Exposición pública del Avance
1.4 Contenido de la presente Memoria
2.CUESTIONES GENERALES
2.1 Objetivos
2.2 Criterios fundamentales
2.3 Articulación temática del PHI
2.4 Información básica disponible
2.5 Diagnóstico general
2.5.1 Balance entre recursos y demandas
2.5.2 Situación de la infraestructura
2.5.3 Problemática planteada por la gestión
2.6 Alternativas generales consideradas
2.7 Pronóstico general
2.7.1 Balance entre recursos y demandas
2.7.2 Situación de la infraestructura
2.7.3 Situación de la gestión
2.8 Programas de actuación
2.9 Normas generales de actuación
2.10 Plan de Inversiones
2.11 Seguimiento y revisión
3.PLANEAMIENTO HIDROLÓGICO DE SUPERFICIE
3.1 Objetivos específicos
3.2 Datos hidrometeorológicos
3.3 Red hidrográfica
3.4 Diagnóstico específico
3.5 Aprovechamiento de la escorrentía de superficie
3.6 Actuaciones en los cauces
3.6.1 Actuaciones administrativas
3.7 Medidas para reducir la erosión
3.8 Recarga inducida
3.9 Vertidos a los cauces
3.10 Extracciones de áridos
3.11 Normas específicas de actuación
3.12 Inversiones específicas programadas
4.PLANEAMIENTO HIDROGEOLÓGICO
4.1 Objetivos específicos
4.2 Información básica
4.2.1 Datos físicos
4.2.1.1 Geohidrología
4.2.1.2 Traza de las obras
4.2.1.3 Historia de las captaciones
4.2.1.4 Superficie freática
4.2.1.5 Hidroquímica
4.2.1.6 Tratamiento de la información
4.2.2 Datos administrativos
4.3 Sistema hidrogeológico insular
4.3.1 Naturaleza geológica del subsuelo
4.3.1.1 Heterogeneidad de los terrenos
4.3.1.2 Unidades hidrogeológicas
4.3.1.3 Ejes estructurales
4.3.1.4 Depresiones de deslizamiento
4.3.2 La zona saturada
4.3.2.1 Superficie freática
4.3.2.2 Zócalo impermeable
4.3.3 Obras de captación de agua subterránea
4.3.3.1 Tipos de captaciones
4.3.3.2 Proceso histórico
4.3.4 Marco jurídico-administrativo
4.3.4.1 Etapa inicial
4.3.4.2 Etapa de normativa especial para Canarias
4.3.4.3 Etapa reciente
4.3.5 Zonificación hidrogeológica
4.4 Diagnóstico hidrogeológico insular
4.5 Aprovechamiento futuro de las aguas subterráneas
4.5.1 Caudales de extracción
4.5.2 Calidad de las aguas
4.5.3 Estrategias de explotación
4.5.3.1 Criterios generales
4.5.3.2 Agrupación de captaciones
4.5.3.3 Espacio cautelar de protección de los alumbramientos
4.5.3.4 Control de la sobreexplotación
4.5.3.5 Control de la salinización
4.5.4 Pronósticos por zonas
4.6 Medidas para controlar y corregir la contaminación
4.7 Actuaciones relativas a la gestión
4.8 Normas específicas de actuación
4.9 Inversiones específicas programadas
5.DEMANDAS SECTORIALES Y BALANCES HIDRÁULICOS COMARCALES
5.1 Comarcalización hidráulica de Tenerife
5.2 Tipificación de los usos del agua
5.3 Demanda para abastecimiento de poblaciones (Urbanas)
5.4 Demanda agrícola
5.4.1 Superficies de cultivo en 1986
5.4.2 Consumos unitarios en 1986
5.4.3 Consumos totales en 1986
5.4.4 Evolución de la demanda agrícola
5.4.5 Evolución de las superficies cultivadas
5.4.6 Evolución del consumo unitario
5.4.7 Evolución de los consumos agrícolas
5.5 Demanda industrial
5.6 Demanda turística
5.6.1 Evolución del sector
5.6.2 Consumos unitarios
5.6.3 Consumos hídricos del sector turístico
5.7 Otras demandas
5.8 Balance hidráulico
6.PRODUCCIÓN INDUSTRIAL DE AGUA
6.1 Reutilización de aguas depuradas
6.1.1 Cuestiones técnicas y medioambientales
6.1.1.1 Salubridad
6.1.1.2 Salinidad
6.1.1.3 Eutrofización
6.1.1.4 Olores
6.1.1.5 Corrosión
6.1.2 Inversiones previstas y criterios de aplicación
6.2 Desalación de aguas subterráneas
6.2.1 Cuestiones técnicas y medioambientales
6.2.2 Inversiones previstas
6.3 Desalación de agua de mar
6.3.1 Cuestiones técnicas y medioambientales
6.3.2 Inversiones previstas
7. ALMACENAMIENTO DE AGUA
7.1 Presas y embalses
7.2 Balsas reguladoras
7.3 Estanques
8. CONDUCCIONES GENERALES
8.1 Clasificación de las conducciones
8.2 Red de conducciones para uso general
8.2.1 Estructura de la red
8.2.2 Características de las conducciones
8.2.3 Conducciones principales
8.3 Red de conducciones principales para abasto urbano
8.4 Red de conducciones generales de agua depurada
8.5 Explotación de la red de canalización de aguas
8.6 Análisis de la red de canalización de aguas
8.7 Red básica general
8.8 Conducciones principales de nueva ejecución
8.9 Servicio público de transporte de aguas
9. ABASTECIMIENTO DE POBLACIONES
9.1 Dualidad del servicio
9.2 Sistema de aducción del abasto urbano
9.2.1 Fuentes de suministro
9.2.2 Aspectos técnico-sanitarios
9.2.3 Infraestructuras
9.2.3.1 Propuestas de actuación
9.2.4 Gestión del servicio
9.2.4.1 Propuestas de actuación
9.3 Sistema de distribución
9.3.1 Infraestructuras
9.3.2 Gestión del servicio
9.3.2.1 Modalidades
9.3.2.2 Aprobación de las tarifas
9.3.2.3 Sistemas de tarificación
9.3.2.4 Propuestas de actuación
10. SANEAMIENTO DE POBLACIONES
10.1 Dualidad del servicio
10.2 Sistema de alcantarillado urbano
10.2.1 Consideraciones generales
10.2.2 Infraestructuras
10.2.3 Gestión del servicio
10.3 Servicio de depuración y vertido
10.3.1 Consideraciones generales
10.3.2 Infraestructura
10.3.3 Gestión del servicio
11. OBRAS DE INTERÉS GENERAL DE LA NACIÓN
11.1 Justificación de las obras que se proponen
11.2 Descripción de las actuaciones
11.2.1 Proyecto Los Campitos
11.2.2 Proyecto TEN-ADE
11.2.3 Proyecto DAR-SO
11.2.4 Proyecto AU-NO
11.2.5 Reutilización de las aguas depuradas de Santa Cruz de Tenerife
11.2.6 Sistema de depuración y reutilización del Valle de La Orotava
11.2.7 Reutilización de las aguas depuradas del Valle de Güímar
11.2.8 Tratamiento de aguas subterráneas en el Valle de La Orotava
11.2.9 Aducción general de abastecimiento del Área Metropolitana de La Laguna
11.2.10 Desaladora de agua de mar en Playa Las Américas
11.2.11 Tratamiento de las aguas subterráneas de Anaga
11.2.12 Desaladora de agua de mar de Santa Cruz de Tenerife
11.2.13 Desaladora de agua de mar de Granadilla
11.2.14 Conducción general Noreste-Sur
11.2.15 Conducción general reversible de trasvase entre el Norte y el Sur
11.3 Presupuestos
12. SEGUIMIENTO Y REVISIÓN
12.1 Estudios técnicos
12.1.1 Mantenimiento de la información básica
12.1.2 Otros estudios técnicos
12.2 Seguimiento del Plan
12.3 Revisiones
Índice de tablas
2.1 Recursos disponibles en Tenerife en el año 1991
2.2 Consumos de agua. Evolución reciente
2.3 Recursos disponibles en Tenerife en el año 2000
2.4 Consumos de agua previstos para el año 2000
2.5 Distribución de la inversión por comarcas hidráulicas
3.1 Expedientes administrativos sobre aguas superficiales
3.2 Programa 100 “Aguas superficiales y red hidrográfica”. Fuentes de financiación
4.1 Galerías existentes en Tenerife
4.2 Pozos existentes en Tenerife
6.1 Condiciones para el riego con aguas residuales depuradas
6.2 Proyectos de reutilización de aguas depuradas
6.3 Inversiones previstas en desalación de aguas subterráneas
6.4 Inversiones previstas en desalación de agua de mar
8.1 Conducciones generales de Tenerife.
Conductos principales para uso general actualmente en servicio
8.2 Conducciones generales de Tenerife.
Conductos principales para uso especializado en abastecimiento a poblaciones
8.3 Conducciones generales de Tenerife. Conductos principales de trasvase de agua depurada
8.4 Inversiones en conducciones
9.1 Fuentes de suministro de los abastecimientos municipales
9.2 Relación de inversiones en aducción clasificadas por municipios
9.3 Compra de agua en Tenerife. Año 1989
9.4 Estado de las redes municipales
(porcentajes de población afectados por los distintos problemas)
9.5 Modalidades de gestión administrativa del servicio de aguas
9.6 Facturación de agua en Tenerife. Año 1989
10.1 Inversiones previstas en redes de alcantarillado
11.2 Inversiones previstas en depuración y vertido
11.1 Programas de inversión susceptibles de contener obras de interés general de la Nación
11.2 Presupuestos para las actuaciones previstas
Índice de figuras
2.1 Diagrama básico de conexión entre condicionantes físicos y desarrollo
2.2 Evolución prevista de los recursos disponibles
2.3 Evolución prevista de la demanda
2.4 Distribución de las inversiones por programas
2.5 Distribución de las inversiones por fuentes de financiación
3.1 Número de estaciones en función de la longitud de registro en años
3.2 Número de estaciones pluviométricas con datos. Evolución
3.3 Áreas de las cuencas clasificadas
3.4 Longitudes de los cauces clasificadas
3.5 Posibilidades de la escorrentía superficial para la satisfacción de la demanda.
Balance hidrológico
3.6 Expedientes administrativos sobre aguas superficiales tramitados entre 1925 y 1991
3.7 Distribución de la inversión por programas y fuentes de financiación
4.1 Evolución de las longitudes perforadas y los caudales alumbrados
4.2 Expedientes administrativos sobre alumbramientos de aguas subterráneas tramitados
entre 1925 y 1990
4.3 Geología simplificada
4.4 Configuración esquemática de los subsuelos de Tenerife
4.5 Distribución de los elementos estructurales
4.6 Evolución de las longitudes perforadas por galerías convencionales
4.7 Longitud media de las galerías con agua
4.8 Extracciones acumuladas obtenidas
4.9 Zonificación hidrogeológica de Tenerife
4.10 Evolución de los niveles freáticos
4.11 Espacio Cautelar de Protección de los alumbramientos existentes
4.12 Obras de captación por sectores en el año 1985
4.13 Obras de captación por sectores en el año 2000
4.14 Distribución de la inversión por programas y fuentes de financiación
5.1 Comarcalización hidráulica de Tenerife
5.2 Consumo de agua en 1991
5.3 Distribución y evolución de la demanda por usos del agua
5.4 Previsión de la demanda urbana en el año 2000
5.5 Distribución de las superficies cultivadas en 1986. Cifras en ha
5.6 Superficies cultivadas en 1986 en ha
5.7 Consumos unitarios máximos y mínimos de los diferentes cultivos en 1986. Cifras en m3/ha/año
5.8 Consumo de agua para uso agrícola en 1986 por comarcas y tipos de cultivo
5.9 Evolución estimada de la demanda agrícola de agua
5.10 Evolución del sector turístico en Tenerife. Periodo 1978-1991
5.11 Consumo de agua para uso turístico en 1991
5.12 Evolución de los recursos convencionales (aguas superficiales y subterráneas) por
comarcas hidráulicas
5.13 Evolución de los consumos de agua desagregados por usos y comarcas hidráulicas
7.1 Número de depósitos por tipo y comarca hidráulica
7.2 Capacidad de almacenamiento por tipo de depósito y comarca hidráulica
7.3 Número de estanques por tipo y altura de agua
7.4 Capacidad en estanques por tipo y altura de agua
8.1 Estructura principal de la red de conducciones
9.1 Nivel de garantía en los distintos municipios
9.2 Esquema del sistema de abastecimiento urbano de Adeje
9.3 Precio de compra en los distintos municipios
9.4 Pérdidas en las redes de distribución
9.5 Precios medios de facturación
10.1 Porcentaje de población servido por el sistema de alcantarillado, por municipios.
Datos del año 1989
1
Introducción
El agua en Canarias es un recurso natural escaso y
valioso, indispensable para la vida y para la mayoría de las actividades
económicas. La regulación de su uso debe sujetarse al principio general
básico de la subordinación de todas las aguas al interés general, sobre la
base de que se trata de un recurso que debe estar disponible en la
cantidad y la calidad necesarias, en el marco del respeto al medio
ambiente.
El tradicional régimen especial del Derecho de Aguas
canario se ha concretado en la asunción por la Comunidad Autónoma de las
competencias en esta materia, a través del Estatuto de Autonomía y la Ley
Orgánica 11/1982, de 10 de agosto, de Transferencias Complementarias a
Canarias.
Los objetivos que se persiguen en materia de aguas se
deben concretar en la planificación regional y materializarse en los
Planes Hidrológicos Insulares, respetando todos ellos los principios
esenciales que se derivan de la legislación, pero teniendo en cuenta el
hecho geográfico ineludible de que cada isla constituye una cuenca
hidrográfica independiente, con notorias diferencias entre unas y otras.
Este criterio se complementa con el establecimiento de Administraciones
insulares, especiales y participadas por todos los sectores, públicos y
privados, que intervienen en el aprovechamiento, la ordenación, el uso y
la gestión. Estas Administraciones cristalizan en los Consejos Insulares
de Aguas, organismos autónomos adscritos a los Cabildos, funcionalmente
independientes en la adopción de las principales decisiones relativas a
los sistemas hidráulicos insulares.
La documentación que sigue constituye el Plan
Hidrológico Insular de Tenerife, la mayor en superficie y segunda en
población de las islas del Archipiélago Canario. El PHI ha sido redactado
por el Cabildo Insular de Tenerife1 en el desarrollo de los principios y
normas reguladoras del nuevo marco jurídico-administrativo en materia de
aguas de Canarias.
1.1
Antecedentes
El Plan Hidrológico Insular de Tenerife (PHI) tiene su
origen en la Ley de Aguas de Canarias (12/1990), que determina su papel
como instrumento básico de la planificación hidrológica para la isla y
fija sus objetivos, su naturaleza, los criterios fundamentales para su
elaboración y su contenido mínimo. La propia Ley establece que esta
elaboración compete al Consejo Insular del Agua de Tenerife (artículo
40.1), su aprobación provisional2 al Cabildo Insular (artº. 8.2.c) y su
aprobación definitiva al Gobierno de Canarias (artº. 7.c).
Esta concepción de la planificación hidrológica3 es
nueva, muy ambiciosa en sus objetivos y globalizadora en su contenido. Por
ello los “planes” anteriores son de distinta y desigual naturaleza al
presente PHI.
Los estudios hidrológicos de más amplio contenido que
han antecedido al PHI son:
• Proyecto “Canarias SPA-15” (1972-1975)
• Proyecto “MAC-21” (1978-1980)
• Proyecto “Canarias AGUA-2000” (1985-1987)
Los “programas” de inversiones en obras hidráulicas que
se han llevado a efecto han sido:
• Plan de Infraestructura Sanitaria (1974-1980)
• Plan de Balsas del Norte de Tenerife (1980-1990)
• Programa de reutilización de aguas depuradas de Santa
Cruz de Tenerife y La Laguna (1984-1994)
El resto han sido actuaciones aisladas y desconexas.
Entre los antecedentes administrativos, por último, el
fundamental es el convenio de colaboración establecido en febrero de 1988
entre la Consejería de Obras Públicas, Vivienda y Aguas del Gobierno de
Canarias y el Cabildo Insular de Tenerife, para la redacción del AVANCE
del PHI, renovado en diciembre de 1990 para cubrir la realización del
propio Plan. Este convenio concreta los objetivos, establece el contenido,
fija el programa de trabajo y determina la composición de la Comisión de
Seguimiento. El documento que se presenta responde íntegramente a las
previsiones en él contenidas.
1.2
Procedencia de la formulación de este
Plan Hidrológico Insular
La Ley de Aguas de Canarias establece la figura de los
planes hidrológicos como el instrumento básico de la política hidráulica.
Configura un proceso de trabajo que contempla coordinadamente lo especial
y lo general, los planes de ámbito restringido, territorial o
temáticamente, y los de carácter global. En el caso de Canarias, la Ley
prevé4 cuatro instrumentos de planificación:
a) El Plan Hidrológico de Canarias
b) Los Planes Hidrológicos Insulares
c) Los Planes Hidrológicos Parciales y Especiales
d) Las Actuaciones Hidrológicas
El PHI de Tenerife se inscribe, evidentemente, en el
segundo de los grupos anteriores. Es anterior cronológicamente al Plan de
Canarias, aunque, al redactarse a través de un convenio entre el Cabildo
de Tenerife y la Consejería de Obras Públicas, Vivienda y Aguas, en el que
expresamente se determina su adaptación a las directrices técnicas del
Gobierno Canario, se asegura su coordinación con la política general en
materia hidrológica para el Archipiélago. Por otra parte, recoge el
contenido y las previsiones de los planes especiales y las actuaciones que
ya se han aprobado y están en vías de aplicación en la isla e incluso
plantea otras nuevas que, por sus particularidades, por incompatibilidades
evidentes de plazo, o por sus necesidades de información, aún no
suficientemente cubiertas, se ha considerado oportuno definir tan sólo en
lo que se refiere a los criterios generales de actuación o a su alcance.
Por último, el Plan recoge los resultados de una
considerable labor de recopilación de datos y análisis técnico,
desarrollada fundamentalmente desde 1988, que ha permitido alcanzar un
conocimiento profundo de la problemática del agua en la isla y establecer
las líneas objetivamente más razonables para su solución. Sólo la
elaboración de un documento completo como el que se presenta permite
iniciar los trámites de información pública y aprobación por todos los
sectores afectados, únicos que garantizan la coordinación entre los
intereses generales y los particulares y la adecuación de las medidas
propuestas a estos intereses. Retrasar esta presentación para esperar a
disponer de más datos hubiera significado una pérdida, tanto a causa de la
obsolescencia de los ya obtenidos, como por la falta de oportunidad de las
propuestas.
La elaboración del Plan Hidrológico Insular compete5 al
Consejo Insular de Aguas y, hasta tanto se constituyese éste, a la
Consejería correspondiente6 del Gobierno de Canarias. Su redacción por el
Cabildo se legitima con el convenio específico de colaboración y se
fundamenta en que es la Institución donde halla su expresión más natural
la formación de un plan de esta naturaleza y que además debe otorgar, en
segunda instancia, su aprobación provisional7.
1.3
Avance del PHI
En enero de 1991 la Oficina Técnica del PHI editó el
AVANCE. Este documento, que no puede considerarse propiamente como un
antecedente del Plan, sino más bien como la culminación de una de las
fases dentro de la elaboración de éste, recoge, en primer término, una
concreción de los objetivos y, en segundo lugar, la descripción de la
situación hidrológica de la isla en la fecha indicada. Desde el Avance
hasta hoy ha aumentado este conocimiento. Sin embargo, las tareas básicas
llevadas a cabo se han centrado más bien en la síntesis del mismo y el
desarrollo de propuestas de actuación en materia de obras de
infraestructura, criterios de gestión y normativas de aplicación. El
Avance, por consiguiente, constituye una magnífica fuente de datos que se
ha utilizado exhaustivamente en la elaboración de los diagnósticos que se
incluyen en el Plan.
El contenido del Avance se refleja en su índice, que
es, a su vez, y con algunas excepciones, el de la mayor parte de la
documentación de que se dispone en la actualidad sobre la situación de la
isla en materia hidrológica:
1. INTRODUCCIÓN
1.1. El Plan Hidrológico Insular: Cuestiones
generales
1.2. Actividades realizadas
1.3. Contenido del documento
1.4. Autores y colaboradores
2. LA SITUACIÓN HIDROLÓGICA INSULAR
3. OBJETO DEL DOCUMENTO
4. DOCUMENTACIÓN
4.1 Planeamiento hidrogeológico
4.2 Demandas sectoriales y balances hidráulico comarcales
4.3 Infraestructura hidráulica
Muchas de las conclusiones
que se plasmaron en el Avance se han recogido en el Plan. Entre otras, hay
que destacar las que hacen referencia a la estructura, que establece los
siguientes programas:
• Seguimiento y revisión del PHI
• Aguas superficiales y red hidrográfica
• Recarga inducida y medidas contra la erosión
• Aguas subterráneas y multiacuífero insular
• Tratamiento, producción industrial e importación
• Red general de conducciones
• Abastecimiento para usos no agrarios
• Saneamiento de aguas residuales
• Reutilización de aguas
• Infraestructura general para uso agrario
• Demandas
También se han respetado, como es lógico, las
actuaciones que propuso el Avance, tanto en materia de construcción de
infraestructuras como en relación con medidas de gestión o estudios
propuestos.
1.3.1. Exposición pública del Avance
El PHI ha tenido en cuenta también las alegaciones
presentadas durante la fase de exposición pública del avance, exposición
que comprendió, además de los propios documentos, la presentación de
paneles murales, audiovisuales, conferencias, etc. y que se realizó
durante los meses de abril y mayo de 1991.
Se formularon en total 16 alegaciones, de las cuales se
presentaron 9 durante el plazo previsto, 3 con anterioridad y 4 a
posteriori. Doce en total se refieren a cuestiones relacionadas con el
abastecimiento y el saneamiento urbano, tres al aprovechamiento de aguas
pluviales y una, a regulación de aguas subterráneas para regadío. En ellas
se tratan un total de 35 cuestiones diferentes.
En general, sorprende la carencia de observaciones
sobre el planeamiento hidrogeológico (aguas subterráneas y multiacuífero
insular) o sobre la red de conducciones, dada la trascendencia de estos
temas y las actuaciones que se plantean en el Avance en relación con
ellos. Las razones de esta omisión hay que buscarlas en que, a pesar del
esfuerzo realizado en divulgar y acercar la información a los interesados,
el “mensaje” no fuera lo suficientemente explícito y asimilable. Es de
esperar que el tratamiento de estos temas sea más profundo durante la
información pública de este PHI, que culmina y detalla las medidas
propuestas en el Avance.
Otro aspecto a destacar es el de que catorce
alegaciones fueron formuladas por Corporaciones Municipales y tres
Ayuntamientos (La Laguna, Tacoronte y Güímar) presentaron dos. Por último,
destacar que el interés preferencial se centró en las obras de
infraestructura relacionadas con el abastecimiento y saneamiento urbanos y
que, mientras las propuestas recogidas en el Avance en la primera de estas
materias se aceptaron en la inmensa mayoría de los casos, con tan solo 3
solicitudes de cambio de emplazamiento, las relacionadas con el sistema de
depuración y vertido generaron bastantes alegaciones. Ello pone de
manifiesto la dificultad, por otra parte esperable, de acordar con los
Ayuntamientos el emplazamiento de estaciones comarcales de tratamiento de
aguas negras.
1.4
Contenido de la presente Memoria
El PHI se estructura a través de los siguientes 4
documentos:
1. Memoria (este documento)
2. Documentación gráfica
3. Normas
4. Programas de actuación
La Memoria constituye una síntesis de todo el Plan, que
se complementa con una descripción de la situación actual en materia
hidrológica y una exposición previa sobre criterios generales y objetivos
perseguidos. A esta última exposición se dedica el presente apartado y el
siguiente. Los restantes se ordenan siguiendo un esquema que se deduce del
que se ha escogido para idealizar el sistema hidrológico, considerando los
recursos por un lado y las demandas por otro, y la infraestructura
hidráulica como forma de conexión de los unos con las otras.
Siguiendo este criterio, se tratan inicialmente en la
Memoria los recursos superficiales y los subterráneos, a los que se
dedican respectivamente los aparta- dos 3 y 4. El contenido y la
ordenación de ambos es similar. Se consideran en primer lugar y
sucesivamente, los objetivos del planeamiento y los datos disponibles. En
segundo término se establece un diagnóstico de la situación y por último y
en función de este diagnóstico, se desarrollan las actuaciones previstas
en el Plan, tanto en materia de inversiones como en relación con los
criterios de actuación y la normativa propuesta.
En lo que se refiere a las demandas, se destina a ellas
el apartado 5. En él se hace en primer lugar una exposición de carácter
general en la que se analiza el territorio insular desde este punto de
vista, estableciendo diferentes comarcas hidráulicas y tipificando los
usos8. Posteriormente se analizan los cuatro tipos principales de
demandas, de abastecimiento de poblaciones, agrícola, industrial y
turística, habiendo diferenciado esta última para tener en cuenta sus
características distintivas y la especial incidencia del sector en la
economía insular. Por último, este apartado refleja los datos esenciales
del balance entre recursos y demandas para cada una de las comarcas
citadas anteriormente.
La interfaz entre recurso y demanda se analiza a través
de la consideración sucesiva de los medios para incrementar el recurso, a
través de la producción industrial de agua, de las inversiones en materia
de almacenamiento, que permiten coordinar temporalmente la producción y el
consumo, de las redes de conducciones que permiten esta misma coordinación
pero desde el punto de vista espacial, y finalmente, de los sistemas de
abastecimiento de poblaciones, que merecen capítulo aparte al determinar
una parte sustancial en materia de inversiones. Se dedican a todo ello los
capítulos 6, 7, 8 y 9, en los que varios apartados contemplan los
distintos aspectos a tener en cuenta en cada una de estas materias.
Aunque habitualmente no esté relacionado de forma
directa con el balance recurso/demanda, que establece el hilo conductor de
todos los apartados anteriores, el último capítulo del Plan se ha dedicado
a los sistemas de saneamiento, tanto en lo que se refiere a las redes como
en lo relacionado con las instalaciones de depuración. No cabe duda de la
importancia de estos sistemas, que cierran la intervención artificial
sobre el ciclo hidrológico. Su consideración es imprescindible para un
instrumento de planificación que asume como uno de sus objetivos
fundamentales el de que la afección medioambiental que provoca esta
intervención sea lo más pequeña posible. Además, en el caso particular de
Tenerife y dada la tendencia en disminución de los recursos naturales
disponibles, la reutilización de aguas depuradas debe ser considerada como
una alternativa de gran interés, como demuestran las inversiones ya
realizadas en este sentido, que ya están dando su fruto. Este factor hace
doblemente importante la correcta planificación, construcción y
explotación de las depuradoras de aguas residuales.
En términos generales la Memoria procura ser sintética
y huye de las exposiciones metodológicas, que pueden encontrarse en la
documentación específica que se cita. Para reflejar el importante volumen
de datos en que se ha basado el PHI, se apoya sistemáticamente en el uso
de gráficos insertos en el texto a los que se hace referencia cuando es
necesario. Los cuadros y tablas se han reducido todo lo posible.
2
Cuestiones generales
En el capítulo anterior se reflejan los diferentes
sectores que configuran el marco hidrológico de Tenerife y se describe
como se ha diseñado para el Plan una estructura de programas que considera
específicamente cada uno de ellos. Este planteamiento no ha impedido,
lógicamente, que el PHI se haya construido teniendo en cuenta, en todo
momento, las relaciones entre los propios sectores, única manera de
alcanzar conclusiones homogéneas.
El PHI no es una simple yuxtaposición de
planificaciones sectoriales. Se ha tratado siempre de seguir un esquema
constituido por un conjunto de objetivos generales y de criterios básicos
de actuación. Los primeros deben considerarse, además, como una
declaración de intenciones en relación con la política hidrológica insular
en el futuro inmediato. Los segundos se deducen del contenido de la
legislación vigente, tanto canaria como nacional.
Además de la concreción de estos objetivos y criterios,
el capítulo presenta una síntesis de los trabajos realizados dentro del
Plan y de las conclusiones y resultados contenidos en él. Se diagnostica
la situación de la isla y se hace un pronóstico sobre el futuro. Se
resumen las medidas de inversión y la normativa que orientará la gestión y
establecerá un marco para la iniciativa pública y privada. Se justifican,
por último, las razones de carácter general que han conducido a
seleccionar estas medidas de entre las diferentes alternativas existentes.
2.1
Objetivos
Independientemente de los objetivos específicos
aplicables a cada uno de los aspectos particulares del Plan, que se tratan
en los apartados posteriores, los que han orientado la elaboración del
Plan con carácter general han sido los siguientes:
• Mejorar y garantizar el bienestar colectivo,
especialmente la salud, la seguridad, el uso y disfrute de los servicios
públicos, el ocio y el recreo.
• Contribuir al desarrollo insular, incrementando el
potencial productivo, la renta insular y el empleo, procurando mejorar su
distribución y la calidad de los servicios.
• Mejorar y garantizar la calidad medio-ambiental por
medio de la gestión, la conservación, la restauración y la mejora de la
calidad del agua e, indirectamente, del suelo, la vegetación, la fauna y
el paisaje asociados.
El desarrollo y entrecruzamiento de estos objetivos
generales determina otros, más concretos y específicamente aplicables a la
situación particular de los recursos hidráulicos y su aprovechamiento en
Tenerife. Se configuran así los siguientes objetivos intermedios del Plan:
• Procurar que las disponibilidades se asignen a los
distintos usos con la mayor racionalidad y eficiencia, de conformidad con
los criterios y normas que resulten de la planificación económica general.
• Coordinar y dirigir la gestión de la explotación, la
producción, el transporte, los distintos usos y otras manifestaciones del
agua, mediante los servicios de la Administración Hidráulica Insular, tras
la reorganización y el cambio normativo que procedan.
• Desarrollar un sistema de financiación del sector
hidráulico que permita hacer frente a las necesidades de amortización,
mantenimiento y explotación de las instalaciones para conseguir un
adecuado funcionamiento de los servicios.
• Definir las normas de protección de los recursos y
los equipamientos e infraestructuras básicas de carácter hidráulico e
interés supramunicipal para su inclusión como tales en el Plan Insular de
Ordenación, y promover la correspondiente acomodación del planeamiento
urbanístico municipal.
• Prevenir, reducir, corregir y controlar la
contaminación de acuíferos subterráneos, del litoral y de los parajes
naturales, por utilización o vertidos inadecuados.
• Prevenir y minimizar el riesgo de daños debidos a
inundaciones, avenidas y otros fenómenos hidráulicos.
• Consolidar las disponibilidades hidráulicas para el
abastecimiento general de los núcleos urbanos de Tenerife, perfeccionando
y flexibilizando su sistema de suministro, mejorando sus instalaciones y
reglando su explotación.
• Garantizar la cantidad y la calidad de las aguas que
se destinen a uso urbano, minimizando el riesgo de restricciones y de
contaminación de sus fuentes de suministro, corrigiendo aquéllas que no
cumplan con los límites sanitarios establecidos y disponiendo la
reglamentación precisa.
• Colaborar con los Ayuntamientos en las obras de
reposición, mejora y ampliación de la redes de distribución y
alcantarillado de sus núcleos, procurando igualar los niveles de servicio
en toda la Isla.
• Proponer las actuaciones que proceda incluir en otras
políticas y planes sectoriales para inducir a la consecución de estos
objetivos.
2.2
Criterios fundamentales
En la redacción del PHI se han seguido los principios
básicos de actuación que se establecen en el artículo 4, párrafo 2 de la
Ley de Aguas de Canarias:
1. Unidad de gestión, tratamiento integral, economía
del agua, desconcentración, descentralización, coordinación, eficacia y
participación de los usuarios, todo ello dentro de una adecuada
planificación del recurso.
2. Respeto de los sistemas hidráulicos y del ciclo
hidrológico.
3. Optimización del rendimiento de los recursos
hidráulicos, a través de la movilidad de los caudales en el seno de los
sistemas insulares.
4. Planificación integral, básicamente insular, que
compatibilice la gestión pública y privada del agua con la ordenación del
territorio y la conservación, protección y restauración medio-ambiental.
5. Compatibilidad del control público y la iniciativa
privada respecto de los aprovechamientos hidráulicos.
En función de estos principios, se han establecido como
criterios fundamentales para la redacción del PHI, los siguientes:
• El campo de la planificación hidrológica debe
centrarse básicamente en el análisis de la “producción”, la “asignación” y
el “uso” del agua, considerando la “conexión entre el sector hidráulico y
otros sectores económicos”, pero huyendo de planteamientos
omnicomprensivos, empleados en trabajos anteriores, que propugnaban una
planificación económica general atendiendo a un solo recurso.
• La planificación debe descender a un alto nivel de
detalle, evitando la simple formulación de propuestas o criterios
generales que no pueden tener en cuenta las particularidades de cada una
de las zonas de la isla.
• Toda generación de infraestructura hidráulica debe
estar sometida a las directrices de la planificación. Este hecho debe ser
más acusado en la de aprovechamiento de aguas superficiales, conducción de
agua en general, suministro urbano y depuración, vertido y reutilización
de efluentes.
• La planificación de la asignación de recursos
(cantidad y características del agua) a sus empleos económicos más
convenientes debe, en todo caso, limitarse a un marco macroscópico
“sectorial” (en su acepción económica) y “territorial” (amplias zonas), y
con un carácter más indicativo que coactivo.
• La planificación de la utilización del agua en cada
uso debe encuadrarse dentro de la correspondiente “política sectorial”
teniendo como objetivo básico alcanzar la “máxima eficacia” de su
aprovechamiento.
• El conjunto de determinaciones en que se traduce la
planificación debe cumplimentar las prescripciones de la legislación de
aguas, ser coherente en los balances hidráulicos (equilibrio físico entre
los consumos previstos y las disponibilidades de agua), en los balances
económicos (prevalencia de los beneficios de las acciones sobre los costes
que las mismas suponen) y en el balance financiero (equilibrio entre las
exigencias de recursos con que financiar dichas acciones y los realmente
disponibles).
• El desarrollo de la planificación hidrológica no
quedará ultimada en el propio PHI. Para alcanzar el nivel de detalle
necesario, debe prolongarse con la formulación de planes especiales y
parciales que concreten las vías de actuación en determinados sectores o
ámbitos territoriales.
2.3
Articulación temática del PHI
El agua es un recurso esencial para la vida y la
actividad económica. Como cualquier otro recurso, debe obtenerse,
distribuirse y utilizarse, a través de un conjunto de mecanismos con
componentes físicos, económicos y de gestión que se han idealizado en el
esquema que refleja la figura 2.1. Este esquema ha servido como elemento
básico de organización y orienta, por consiguiente, todo el PHI. En él se
comienza por reflejar el medio natural, que ha sido tradicionalmente la
única fuente del recurso y aún seguirá siendo, durante un lapso de tiempo
que supera el ámbito temporal del Plan, la más importante desde el punto
de vista cuantitativo.
Esencialmente deben tenerse en cuenta, dentro de este
medio físico, dos fuentes, las aguas superficiales y las subterráneas. Las
primeras han sido siempre en Tenerife y en todas las islas, un recurso
cuantitativamente marginal, cuyo aprovechamiento ha dado lugar, además, a
algunos fracasos significativos como consecuencia de la dificultad de
encontrar emplazamientos de embalse que cumplan unas condiciones mínimas
de impermeabilidad. Aún así, el PHI las ha considerado, en primer lugar en
relación con su aprovechamiento, que se debe potenciar y ordenar de modo
que se pueda obtener el máximo beneficio de su gran calidad; en segundo
término, en relación con la conservación y corrección de unos cauces que,
por estar secos la mayor parte del año, han sido objeto de invasiones
sistemáticas; por último, planteando medidas que permitan optimizar el
manejo de la escorrentía de modo que se aumente la recarga de los
acuíferos, se pierda en el mar el mínimo posible y se reduzcan los
procesos de degradación determinados por la erosión.
Por lo que se refiere a las aguas subterráneas, de un
lado se ha considerado la captación de las mismas, determinando sus
límites cuantitativos en la actualidad y en el futuro, planteando y
estableciendo criterios sobre los problemas cualitativos, cada día más
importantes, ordenando el aprovechamiento a través de normas que pretenden
regular los conflictos de intereses. De otra parte, se han establecido
normas para la conservación de los acuíferos, procurando que su
explotación, que en muchos casos supera en la actualidad y superará en el
futuro los valores de la recarga, no determine un deterioro irreversible.
En relación con la demanda, el Plan ha considerado
cuatro sectores principales, el agrario, tradicionalmente el mayor
consumidor, el de abastecimiento, que se ha dividido a su vez en urbano,
que engloba el consumo de la población residente, y turístico, que recoge
tanto el que se sirve a través de redes especiales como el que depende de
las municipales, y el industrial. Esta clasificación se ha considerado
necesaria para el estudio de las tendencias futuras, claramente diferentes
para cada uno de estos sectores. Además, y en relación con la
infraestructura asociada con la última fase del ciclo
producción-consumo-vertido, es evidente que sólo son de interés los tres
últimos grupos citados.
Por lo general los estudios de demandas se han
realizado por proyección lineal, partiendo de un pronóstico de la
evolución previsible del sector correspondiente y deduciendo de sus
resultados el valor de la demanda futura. Este método es válido para los
tres sectores (urbano, turístico e industrial) de demanda más rígida,
menos influida por el coste del agua. Pero es cuestionable en el caso de
la demanda agraria, para la que este coste es determinante del precio
final del producto y, como consecuencia, de sus posibilidades de
comercialización, lo que influirá claramente en la distribución, extensión
e intensidad de la demanda agrícola. En lugar de abordar pretensiosos
estudios prospectivos bidireccionales, que en todo caso corresponden a una
planificación agraria general, se ha optado por aproximar las tendencias
observadas en los últimos años y observar unos niveles de salvaguarda para
este sector.
La conjunción de recursos naturales disponibles, subterráneos más
superficiales, constituye la oferta total de agua natural, que comparada
con la suma de las demandas sectoriales, en un balance físico global lleva
a definir las necesidades de nuevas infraestructuras. Este balance se ha
efectuado desagregado territorial y temporalmente. Las infraestructuras
generales evaluadas se han clasificado en:
a. las destinadas a aumentar la oferta total de agua,
b. las conducciones de trasvase, que permitan compensar
los déficits y superávits comarcales, y
c. la del almacenamiento y regulación, que ajustan el
momento de la producción con el del consumo.
En relación con el primero de estos grupos, el PHI ha
considerado las posibilidades de importación de agua y las de desalación
de agua de mar, desestimando las primeras por razones evidentes de
carestía y dificultad técnica y cuantificando las segundas, cuyo coste las
hace de dudosa viabilidad a efectos de atención a la demanda agrícola y
las reserva para los otros tres sectores. Por otra parte, combinando las
cifras de consumo urbano e industrial, el Plan ha establecido las
posibilidades y la viabilidad (técnica y económica) de la reutilización,
en regadío agrícola y de parques y jardines urbanos, de aguas
convenientemente depuradas. Para ello ha sido necesario tener en cuenta en
ambas direcciones las relaciones entre la demanda urbana y la
infraestructura de abastecimiento y saneamiento y la de producción de
agua.
En lo que se refiere a la red general de conducciones,
en la actualidad ya existe en Tenerife un importante sistema de
conducciones privadas, complementado con otras públicas, cuyo correcto
funcionamiento es vital para asegurar la distribución adecuada de los
recursos. El Plan define una red básica, de entre las conducciones
generales existentes, para la que se establecen criterios y normas de
funcionamiento.
Otro aspecto a tener en cuenta dentro de las
infraestructuras de carácter general es el del almacenamiento, consistente
en depósitos descubiertos, clasificados a su vez en estanques, balsas, y
presas de embalse, y cubiertos, destinados en su totalidad al
abastecimiento urbano. En general el Plan ha analizado la garantía
ofrecida tanto globalmente como por zonas, estableciendo las necesidades
de inversión en función de esta garantía.
Dos capítulos fundamentales del Plan, por último, se
dedican a las infraestructuras de abastecimiento y saneamiento. La entidad
de las inversiones en estos sectores y la necesidad de que a través de
normativas y criterios de gestión se asegure un servicio correcto así como
la viabilidad futura de su explotación, determinan su inclusión en sendos
programas específicos.
2.4
Información básica disponible
Una parte sustancial del esfuerzo desarrollado en la
elaboración del Plan Hidrológico Insular se ha centrado en la recopilación
y análisis de los datos existentes. En concreto, se han llevado a cabo los
siguientes estudios:
A. En relación con la red hidrográfica y los recursos
superficiales disponibles:
a. Un primer análisis de la información disponible
sobre la red meteorológica y la red hidrográfica y definición de
actuaciones para paliar las posibles carencias.
b. Organización de una base de datos de la red
hidrográfica de Tenerife, en base a la clasificación decimal del MOPU.
c. Delimitación sobre la cartografía 1:10.000 de todas
(223) las cuencas hidrográficas principales.
d. Seguimiento de la organización y grabación por la
Dirección General de Aguas de los datos meteorológicos del Servicio
Meteorológico Nacional.
e. Obtención de las isoyetas anuales medias de
Tenerife.
f. Estudio aproximativo de la evapotranspiración
potencial y real (ETP y ETR) en la Isla.
g. Estudio de la escorrentía superficial media en
Tenerife.
h. Recopilación y síntesis de estudios hidrológicos
específicos para el aprovechamiento local de aguas superficiales (Plan de
Balsas del Norte de Tenerife, Programa Operativo “Los Campitos”, P.O.
“Tenade”, P.O. “Anaga”).
i. Estudio de los libros de registro de entrada y
expedientes administrativos que obran en la Dirección General de Aguas
relativos a actuaciones en los cauces (obras, extracciones de áridos,
servidumbres) y concesiones para aprovechamiento de aguas superficiales.
B. En relación con los recursos subterráneos:
a. Formulación de un nuevo modelo geohidrológico de la
Isla, de capas superpuestas, que tiene en cuenta la existencia de los ejes
estructurales (que incluyen diques y grandes fracturas abiertas) y las
depresiones resultantes de grandes deslizamientos (con sus “mortalones” y
materiales suprayacentes).
b. Estudio de la situación y evolución de los niveles
freáticos a partir de las obras de captación existentes.
c. Zonificación hidrogeológica de la Isla, atendiendo a
la diversidad de la infiltración del agua, la heterogeneidad y anisotropía
del medio físico continental, la existencia de un sustrato impermeable, el
grado diferenciado de explotación de los recursos, y las reservas.
d. Creación, implantación y mantenimiento de una base
de datos de las obras de captación de aguas subterráneas.
e. Análisis estadístico de la evolución histórica de
los alumbramientos de agua mediante galerías en Tenerife.
f. Actualización de los datos geohidrológicos de las
obras de captación.
g. Estudio preliminar sobre la variación del tensor de
permeabilidad (en su expresión tridimensional) en la geografía insular.
h. Cartografía del zócalo impermeable de la Isla.
i. Recopilación, síntesis y sistematización de la
información hidroquímica para la revisión de estudios geohidroquímicos.
j. Estudios específicos parciales de las áreas más
críticas de los acuíferos costeros.
k. Estudio aproximativo de la infiltración natural en
Tenerife.
l. Estudio evaluativo de la recarga debida a los
riegos.
m. Obtención de modelos digitales, sobre una malla o
cuadrícula ortogonal básica de 1 km de lado, del terreno, la superficie
freática en tres momentos históricos (1973, 1979 y 1985), el zócalo
hidrogeológico, la infiltración natural, la recarga de riegos y las
extracciones (cada 5 años).
n. Construcción de un modelo matemático de simulación
del flujo subterráneo de agua en la isla, calibración en regímenes
permanente y transitorio y análisis de sensibilidad.
o. Prognosis (a 1991 y 2000) por zonas hidrogeológicas
de las extracciones a realizar con las obras de captación existentes.
p. Definición de criterios diferenciados por zonas para
regular la explotación de las aguas subterráneas.
q. Estudio de los libros de registro de entrada y los
propios expedientes administrativos que obran en la Dirección General de
Aguas relativos a aprovechamiento de aguas subterráneas.
C. En relación con las demandas:
a. Zonificación o “Comarcalización hidráulica” de la
isla, atendiendo a la diferente localización y peculiaridades
territoriales de la oferta y la demanda de agua, la red de conducciones
existentes y los trasvases que permiten, y la estructura estadística de
los datos que se precisan.
b. Actualización de los “Balances Hidráulicos Zonales
de Tenerife”, con evaluación de la distribución cuantitativa de las
disponibilidades hidráulicas propias de cada zona y su modificación con
los trasvases a y desde las colindantes (oferta de agua real en cada zona)
y su distribución, a través de la red de conducciones propia, entre los
distintos usos y consumos (pérdidas en las conducciones de transporte, uso
urbano, uso industrial, uso turístico, consumo agrario y caudales no
utilizados).
c. Análisis y proyección (a 1991 y 2000) de la
evolución de la población urbana en cada zona.
d. Encuesta de la demanda y consumo reales de agua en
abastecimiento urbano y de sus magnitudes económicas.
e. Estudio detallado de la situación actual de la
agricultura de regadío en la Isla, con cartografía (a 1:5.000) de los
cultivos actuales, evaluación del consumo de agua y prognosis a los años
horizonte del Plan.
f. Estudio de la evolución de la oferta turística
(número de camas por categorías de establecimientos, municipios y zonas
hidráulicas) y de sus resultados (número de visitantes y número de
pernoctaciones).
g. Estudio evaluativo de las dotaciones (consumos
unitarios) de agua para uso turístico sobre una amplia muestra de las
plazas hoteleras ofertadas.
h. Estudio de la evolución de la demanda de agua para
uso industrial.
i. Estudio sobre la calidad del agua disponible para
los distintos usos, prognosis sobre su evolución y medidas correctoras a
proponer.
D. En relación con la infraestructura hidráulica:
a. Catálogo de las conducciones existentes en la Isla,
que incluye una relación de las mismas, una ficha de cada una y la
expresión gráfica de su trazado (tanto en planta, sobre la cartografía
básica a escala 1:5.000, como en alzado, sobre perfiles esquemáticos).
b. Catálogo de los depósitos descubiertos para
almacenamiento de agua existentes en la Isla, que comprende una relación
(con expresión de su situación geográfica y cartográfica, superficie
máxima de agua y capacidad estimada) de los mismos y su expresión gráfica
sobre la cartografía básica a escala 1:5.000.
c. Estudio sobre las necesidades de tratamiento de las
aguas subterráneas (actuales y futuras) para los distintos usos en función
de las áreas de extracción, la red de transporte y las áreas de
utilización en los diferentes usos.
d. Catálogo de los depósitos reguladores de
almacenamiento urbano existentes en todos los municipios de la Isla que
comprende la relación de los mismos, una ficha de cada uno (con expresión
de su situación geográfica, características constructivas, capacidad y
equipamiento auxiliar de control, medida, desinfección, etc.) y su
representación gráfica sobre la cartografía básica 1:25.000.
e. Estudio de los esquemas (31) del sistema de
“aducción” del abastecimiento urbano de cada municipio de la Isla.
f. Encuesta sobre las redes municipales de
abastecimiento urbano, que supone una evaluación del estado de la red
existente, el grado de cobertura del municipio, las carencias observadas y
las disfunciones más ostensibles.
g. Catálogo de las estaciones depuradoras de aguas
residuales existentes en la Isla, que incluye la relación de las mismas,
una ficha de cada una (con expresión de su situación geográfica,
características técnicas, capacidad teórica de tratamiento y estado de
funcionamiento y conservación) y su representación gráfica sobre la
cartografía básica 1:25.000.
h. Catálogo de los emisarios submarinos existentes en
la Isla, que comprende la relación de los mismos, una ficha de cada uno
(con expresión de su situación geográfica, características geométricas y
constructivas, y estado de funcionamiento y conservación) y su
representación gráfica sobre la cartografía básica 1:25.000.
i. Encuesta sobre las redes municipales de
alcantarillado, que supone una evaluación de: el estado de la red
existente, el grado de cobertura del municipio, las carencias observadas y
las disfunciones más ostensibles.
j. Catálogo de todas las obras en curso para la
reutilización de aguas depuradas.
k. Estudio de aquellos saltos hidráulicos existentes o
previstos en la Isla susceptibles de aprovechamiento energético mediante
minicentrales hidroeléctricas.
l. Estudio (aún en curso) del estado actual de las
obras e instalaciones de elevación de agua existentes en la Isla.
m. Estudio económico de todas las inversiones
realizadas en la Isla por el Ministerio de Obras Públicas, Gobierno de
Canarias y Cabildo Insular en materia de obras hidráulicas en los últimos
quince años; del mismo se deducen las cuantías absolutas y relativas de
inversión por tipos de obra y municipio a municipio.
n. Estudio aproximativo de la dependencia energética en
la producción y conducción de las aguas.
2.5
Diagnóstico general
2.5.1. Balance entre recursos y demandas
El volumen anual de recursos totales de Tenerife en el
año 1991 es de 212 hm3. La distribución de estos recursos es la que se
refleja en la tabla 2.1, que demuestra la escasa importancia cuantitativa
que representan las aguas superficiales y la dependencia de la isla de las
extracciones de aguas subterráneas.
Las extracciones de aguas subterráneas se enfrentan a dos problemas
significativos: la sobreexplotación y el empeoramiento de la calidad. El
primero trae consigo el descenso de la superficie freática y la
disminución de los caudales extraídos; obsérvese que sólo agregando unos
10 hm3/año, que potencialmente podrían haberse dispuesto de reutilización
de las aguas depuradas de Santa Cruz y La Laguna, podrían alcanzarse las
disponibilidades de hace una década.
La reprofundización para mantener los caudales y la
exploración de las áreas menos explotadas se traducirá por lo general en
un empeoramiento de las aguas extraídas, al proceder de zonas afectadas
por un volcanismo reciente, en las que las constantes emisiones gaseosas
han ocasionado la dilución en el agua de dos agentes químicos
perturbadores: el flúor y el anhídrido carbónico. El primero de estos
agentes, presente en los alumbramientos de las galerías con mayor caudal,
supera en muchos casos y con amplitud la normativa sanitaria vigente. El
segundo, ya en forma de bicarbonato sódico disuelto, es doblemente nocivo;
de una parte, al precipitar determina la pérdida de capacidad y, a medio
plazo la obturación, de canales, tuberías y válvulas. De otra, al llegar a
los suelos de cultivo, los sodifica, determinando su inhabilitación.
Hay que destacar, por último y desde el punto de vista
de los recursos, el efecto que ha tenido sobre el sector productivo de las
aguas subterráneas, que en la actualidad está casi de modo exclusivo en
manos de capitales privados, el cambio legislativo que se ha producido
recientemente. Este cambio, que ha determinado un giro en las expectativas
de generación de beneficios, se ha traducido en la práctica en la
detención de la mayoría de las obras de perforación y reperforación.
La evolución del consumo de agua entre los años 1985 y
1991, representativa de las tendencias actuales en este sentido, se
refleja en la tabla 2.2.
<
Ver anexos - Página/s 1352 >
En esta tabla se observa una tendencia a la disminución del consumo
agrícola compensada, por otra parte, con el incremento de las necesidades
de abastecimiento, tanto de la población habitual como de la turística.
Esta tendencia, que tiene notables diferencias para las distintas comarcas
hidráulicas, tiene su origen, por una parte, en la crisis crónica que
atraviesa el sector agrícola y por otra en la paulatina elevación del
precio del agua, asociada con las reducciones de caudales extraíbles
mencionadas más arriba.
Por consiguiente, la actual situación hidráulica en
Tenerife, evaluada en el anterior balance entre recursos y demandas, lleva
a la necesidad de prever nuevas fuentes de suministro, entre las cuales
destacan por su capacidad productiva la reutilización de aguas depuradas y
la desalación. Asimismo, es necesario llevar a cabo correcciones
sistemáticas de la calidad del agua, incluyendo: su tratamiento
desmineralizador (desalación de aguas salobres), el control de las
extracciones de explotaciones con baja calidad y la optimización del
aprovechamiento de los recursos de mayor calidad, entre los que destacan
las aguas superficiales.
2.5.2. Situación de la infraestructura
• La inmensa mayoría de la infraestructura hidráulica
de Tenerife es de propiedad privada o municipal. En el primer caso se
encuentran los pozos, galerías y en general las obras para la extracción
de aguas subterráneas, así como la mayor parte de las conducciones y de
los estanques de almacenamiento para riego. En el segundo, los depósitos
municipales, las redes de distribución y saneamiento, las depuradoras y
emisarios, etc. Por otra parte, tanto el Gobierno Canario como el Central
han llevado a cabo inversiones que pueden clasificarse en dos grandes
grupos, las obras de interés general, destinadas fundamentalmente al
incremento del recurso disponible o a la mejora de su regulación como las
presas y las balsas, el proyecto de reutilización de las aguas depuradas
de Santa Cruz, algunos canales de conducción, etc., y las ayudas a los
municipios en la mejora de sus sistemas de abastecimiento o saneamiento.
Como consecuencia de esta dispersión en lo que se
refiere a la propiedad de las infraestructuras, el análisis de su
situación actual y de las necesidades futuras resulta más racional si se
orienta en relación con el destino de las obras que si se clasifica en
función de esta propiedad. Este ha sido el criterio que ha presidido en
general la redacción de todo el Plan, como se desprende de su índice
general.
• Así, a efectos del presente apartado y en relación
con la infraestructura destinada a la captación y regulación de aguas
superficiales, puede establecerse un diagnóstico inicial en el sentido de
que las inversiones llevadas a cabo hasta ahora no han resultado casi
nunca rentables, normalmente como consecuencia de la dificultad de
construir vasos que reúnan las mínimas condiciones de impermeabilidad
necesarias, y de la gran irregularidad hidrológica de la isla. De hecho,
como pone de manifiesto el capítulo 3 de esta Memoria, debe partirse del
principio general de que los recursos adicionales que puedan aportar
nuevas inversiones en este tipo de obras tan solo tendrán un carácter
marginal, y que su rentabilidad debe contemplarse por su capacidad para
proporcionar aguas de gran calidad que podrían aumentar la utilidad de
otros recursos de procedencia subterránea. La mayor parte del esfuerzo
inversor con una mínima garantía de rentabilidad está ya realizado.
• Por lo que se refiere a la infraestructura para la
extracción de aguas subterráneas, el censo de este tipo de obras recoge en
la actualidad un total de 1.047 galerías con una longitud de 1.621 km y
437 pozos con una profundidad media de unos 120 metros. El sistema
natural, con diferentes matices por zonas, está en situación de
sobreexplotación física, mientras que la gestión de las obras y las
extracciones realizadas está muy atomizada. Como resultado se tiene una
conflictividad entre los concurrentes a una misma área, una muy escasa
rentabilidad general media y dificultades para que “de motu propio” se
arbitren fórmulas que mejoren la gestión, tanto desde la perspectiva de
los recursos naturales que se explotan como desde la estrictamente
económica, en sentido clásico.
• Esta misma situación general de agotamiento de las
posibilidades de los acuíferos insulares ha determinado el paulatino
incremento de los precios del agua y una considerable disminución de la
calidad de las aguas que se extraen en algunas explotaciones. Como
consecuencia, se ha hecho necesaria y abordable la utilización de
tecnologías alternativas destinadas, esencialmente, a convertir en
utilizables ciertos recursos que hasta ahora no lo eran. De entre estas
tecnologías, que el Plan, siguiendo con ello la terminología de la Ley de
Aguas, ha agrupado bajo la denominación genérica de “producción industrial
de agua”, destaca en primer término la reutilización de aguas residuales,
que es ya una realidad, una vez se ha inaugurado el proyecto de
aprovechamiento de las de Santa Cruz y La Laguna. En segundo lugar se
sitúan las actuaciones en relación con la desalación de aguas subterráneas
salobres y en tercer término, la desalación de agua de mar. Como se
describe más adelante, en el apartado dedicado al pronóstico, el Plan ha
previsto inversiones importantes en estos tres campos.
• Otro capítulo de las infraestructuras generales es el
de las conducciones generales. Se tienen inventariadas unas 1.300
conducciones que suponen unos 4.000 km de longitud total. En su mayoría
son canales abiertos, de titularidad privada y constituyen obras
complementarias (además de los canales interiores de las galerías que aquí
no son contabilizados) a las de extracción (producción) de agua
subterránea y de contados aprovechamientos de aguas superficiales. Las
escasas conducciones públicas están dirigidas al abasto de poblaciones.
Excepcionalmente existen algunas entidades titulares de canales cuya
finalidad es trasvasar aguas de otras comunidades.
Esta red de conducciones está muy desarrollada y por su
diseño es eficiente, permitiendo gran variedad de combinaciones en el
trasvase de los caudales alumbrados; aunque existen algunos puntos de
estrangulamiento de la capacidad necesaria en el futuro que deben
solventarse con obras de ampliación o incluso de nueva ejecución. El
estado de conservación de la red principal (18 líneas de conductos
principales con unos 600 km) es aceptable, aunque requiere actuaciones
puntuales y selectivas para disminuir las pérdidas y reducir el riesgo de
roturas por desprendimientos.
Las conducciones que transportan agua para
abastecimiento de poblaciones son por lo general canales descubiertos, por
lo que deben irse sustituyendo progresivamente por conductos cerrados,
estancos y protegidos que garanticen su no contaminación durante el
traslado desde los lugares de extracción (producción) hasta los de
distribución y consumo.
El funcionamiento del sistema es complejo, pero eficaz;
salvo la modernización de algunas cuestiones básicas de su gestión, la
actual se considera razonablemente buena, especialmente por su austeridad;
al respecto no se contempla como necesario (más bien sería perturbador) la
intervención de la Administración y sólo se observa la conveniencia de
establecer primas-penalizaciones en los canones de paso en función de la
calidad de las aguas.
• Otro grupo de elementos de infraestructura
destacables es el de almacenamiento o embalse para la necesaria regulación
intertemporal entre la producción y la demanda, al ser prácticamente
constante la primera y muy variable la segunda, especialmente la de
regadío. Además de los depósitos cubiertos para abastecimiento urbano y
que son tratados en dicho capítulo, en este grupo se distinguen tres tipos
de instalaciones: presas, balsas y estanques. Las presas existentes,
caracterizadas por el muro que cierra el barranco o vaguada natural en que
se encaja, presentan una capacidad conjunta de 5,13 hm3 y se han mostrado
como una solución poco adecuada y escasamente rentable en Tenerife, por la
dificultad para encontrar vasos naturales relativamente impermeables.
En las balsas, el vaso se conforma mecánicamente
mediante excavación y terraplén, mientras que la impermeabilidad se logra
disponiendo láminas delgadas artificiales. Las 17 en servicio totalizan
4,38 hm3 de capacidad y han mostrado hasta el presente un buen
funcionamiento y una buena adaptabilidad al territorio.
Los estanques, ampliamente utilizados en la regulación
de las aguas de riego, son importantes en número (más de 9.000), su
capacidad media ronda los 1.600 m3 y totalizan unos 13 hm3. Sus
características constructivas y su estado de conservación cubren un amplio
abanico de versiones. Cumplen un papel importante y son suficientes, quizá
excesivos. Se precisa controlar los mismos para garantizar su seguridad.
• En relación con la infraestructura municipal para
abastecimiento urbano, el diagnóstico concreta la necesidad de una mejora
sistemática de la calidad de las redes de distribución que reduzca hasta
términos aceptables las pérdidas que se producen en la actualidad. La
importancia cuantitativa de estas pérdidas puede inferirse del hecho de
que tan solo se factura un 65% del agua que llega a las cabeceras de la
redes. Además, hay una importante necesidad de inversiones en relación con
la garantía inmediata de este servicio, que ahora es insuficiente puesto
que se establece en un valor medio del orden de 2,4 días de consumo. Esta
situación debe resolverse a través de inversiones en depósitos. Por
último, es necesario incrementar los actuales niveles de calidad
asegurando la desinfección de todas las aguas que se suministra.
• La situación en lo que se refiere al saneamiento de
poblaciones o urbano es, probablemente, la que requiera de una
intervención más sistemática. Es necesaria una inversión considerable,
tanto en extensión como en mejora de las redes de alcantarillado, ya que
en la actualidad tan solo esta conectada a la red de alcantarillado un 56%
de la población, existiendo núcleos de tamaño medio y pequeño que aún no
disponen de este servicio. Por otra parte y en relación con la calidad con
la que el agua residual se restituye a los cauces o se envía al mar (en la
mayoría de los casos), a través de emisarios submarinos, también este
aspecto deja bastante que desear. Como más adelante se justifica, se han
construido en la isla un gran número de depuradoras de pequeña escala que
en demasiados casos no han llegado ni siquiera a entrar en servicio, bien
por el excesivo coste del tratamiento, bien por otras servidumbres,
generalmente asociadas con la falta de capacidad financiera por parte de
los Ayuntamientos. Con ello se ha generado una extraordinaria acumulación
de pequeñas instalaciones en algunas zonas de la isla. Además, muchos de
los emisarios existentes no merecen tan siquiera tal calificativo, ya que
no cumplen las condiciones mínimas de alejamiento de la costa, profundidad
y estanqueidad.
2.5.3. Problemática planteada por la gestión
• El diagnóstico general se completa con la
consideración de la gestión en un triple aspecto:
- gestión de los recursos hídricos
- explotación y mantenimiento de las infraestructuras
- gestión jurídico-administrativa.
• La captación, asignación, distribución y utilización
de los recursos hídricos subterráneos se han venido realizando casi en su
totalidad por la iniciativa privada ateniéndose al marco jurídico
tradicional canario. La Administración se ha limitado a ser el árbitro en
los conflictos entre particulares y a velar por el cumplimiento de la
legalidad vigente.
La producción está muy atomizada; por lo general las
actuaciones inversoras y extractivas se deciden por separado, para cada
obra de captación por su Comunidad de Aguas1. Esta entidad es una fórmula
asociativa típica, en la que varias personas unen sus esfuerzos y medios
para extraer y/o conducir aguas privadas (subterráneas).
Esta atomización de los productores, con más de un
millar de centros de decisión, ha obedecido, entre otras razones, al
inicial y general desconocimiento del medio físico subterráneo, del que
era palpable su complejidad y heterogeneidad; del que no se conocían con
la aproximación conveniente sus pautas naturales de funcionamiento. La
empresa exploratoria era una aventura, que entrañaba un alto riesgo de
fracaso y por ello poco propensa a la agrupación de colectivos. Sólo hoy,
con la perspectiva del conocimiento que dan los resultados de esas
investigaciones, pueden señalarse como características negativas de esa
atomización:
a) una mayor carestía de las inversiones, al
multiplicar elementos que podrían haber sido comunes,
b) la conflictividad con los productores vecinos, al
disputarse las aguas próximas, y
c) la carencia de una política extractiva general del
propio sector productivo.
Pero ¿qué alternativa hubiese sido más ventajosa?
Además, en contrapartida, ha tenido como efectos
positivos:
a) el estímulo de la competencia,
b) la necesidad de la austeridad que impregna todo el
sector,
c) una extensa exploración e investigación minera de
casi todo el subsuelo insular,
d) la canalización de muchos recursos financieros a
inversiones necesarias pero que presentaban un alto riesgo, y
e) la ausencia de monopolios.
La titularidad de las aguas alumbradas es de cada
partícipe, en proporción al número de acciones que posee, y no de la
Comunidad. Por ello, individualmente cada partícipe decide el lugar de
destino que debe darse a la cuota de caudal que le corresponde; se
introduce así un segundo nivel en la atomización de las decisiones2. Este
destino físico recoge implícitamente la asignación del uso que se dará a
esa agua. En una alta proporción los titulares de las aguas son a su vez
agricultores, que las aplican en el riego de sus tierras; pero en otros
casos optan por ofrecerlas en venta o en permuta. A su vez todos los
Ayuntamientos son, en mayor o menor medida, titulares de una proporción de
las aguas alumbradas por galerías que discurren por su municipio3; con
ellas atienden al abasto de la población, pero resulta insuficiente por lo
que deben adquirir más agua.
Consecuencia lógica y positiva ha sido la existencia de
dos tipos de “mercados de aguas”:
a) De acciones de agua: donde se negocia la propiedad
de los títulos de las Comunidades.
b) De arrendamiento de agua: o compra-venta de agua a
terceros.
Tanto la atomización de la oferta como la gran
distribución de la demanda, además de la ausencia de centros organizados
para efectuar los intercambios, han generado la necesidad de la existencia
de “intermediarios” en ambos mercados. La función de los intermediarios ha
sido básica para que:
a) El ahorro popular haya acudido en mayor medida a
invertir en este sector extractivo al poder alcanzar una rápida liquidez
en la “bolsa de valores” que constituye el mercado de acciones de agua.
b) Las actividades de arriendo y subarriendo hayan
mantenido un gran dinamismo, propiciando la asignación del recurso al uso
más rentable en cada momento.
El “precio” del agua en cada lugar de la Isla ha venido
estableciéndose en el mercado de arrendamiento de aguas de la zona, del
encuentro entre:
a) las disponibilidades que se ofertan y lo que se está
dispuesto a percibir por ellas,
b) las demandas hídricas para los distintos usos y lo
que se está en condiciones de pagar por ella,
c) las posibilidades que ofrece la red de conducciones
para que afluya o/y se envíe más agua de una a otra zona,
d) la intermediación.
La “cotización” de las acciones de agua resulta de la
evaluación de hecho de:
a) las expectativas sobre cómo evolucionará el caudal
alumbrado por la Comunidad,
b) ídem del precio de arrendamiento,
c) el grado de necesidad de un determinado sector
(agrícola o urbano) de garantizarse una determinada cuota de su consumo
con agua propia,
d) la intermediación.
Este sistema de comercialización de la actividad en
aguas se ha mostrado muy eficiente y eficaz, calando en la sociedad
tinerfeña, que ha llegado a incorporarlo a su bagaje cultural. No
obstante, se están agudizando algunas características menos favorables del
sistema como:
a) La rigidez de la oferta, una mayor demanda para
abasto de poblaciones y urbanizaciones turísticas, unido también a su poca
flexibilidad, han venido propiciando un alza de los precios; su
repercusión es mayor en el sector agrario, por ser quien más consume en
volumen y en el que este sobrecoste incide proporcionalmente más en su
producto.
b) La estructura de la red de canales generales impide
que estos efectos se diluyan en toda la Isla; hay algunas barreras o
estrangulamientos territoriales a la movilidad de las aguas, por lo que se
está lejos del económicamente deseable mercado único insular.
c) La calidad de las aguas sólo puede ponderarse en el
entorno más inmediato a su punto de alumbramiento, pues su mezcla en las
conducciones de trasvase (sin que sea valorada y repercutida en estos
costes parciales) las homogeniza.
d) La desincentivación de los inversores, por muy
diversos motivos (legales, fiscales, económicos y técnicos), propicia la
reducción de la producción de agua, con el encarecimiento lógico de la
misma, y un desconcierto en el mercado de acciones, con una reducción del
número de transacciones.
e) Se echa en falta una modernización del sistema,
adecuándolo a los cambios de la sociedad actual, pero siempre que se
mantenga el vigente principio de austeridad económica; obviamente no es
deseable el aumento de costos que conlleva la implantación de un nuevo
modelo si no está acompañado de una economía mayor debida a un aumento en
la eficiencia del mismo. Es previsible que ese cambio sólo se produzca
cuando se realice el correspondiente relevo generacional; la actual
generación, verdadera artífice junto con la anterior del desarrollo
hidráulico tinerfeño, se encuentra desconcertada con los grandes cambios
recientes y se aprecia que prefiere agotar las posibilidades del modelo
actual antes que asumir nuevos riesgos.
• La explotación y el mantenimiento de las conducciones
privadas siguen el mismo tenor de las obras de captación, con sus mismas
virtudes y defectos. El envejecimiento de muchas conducciones, su escaso
mantenimiento y su menor utilidad deben llevar, previa selección, a su
abandono o sustitución por modernos conductos en presión. Por lo demás
caben las mismas valoraciones que se indicaron en el grupo anterior.
Los estanques de riego y sus redes de distribución son
gestionados por lo general por sus propios titulares, que en ocasiones
recurren a las fórmulas asociativas (Comunidades de Bienes o Sociedades
Agrarias de Transformación). Su gestión no suele tener diferencias
notables con las que rigen en sus explotaciones agrarias y también están
presididas por la austeridad.
Los Ayuntamientos sólo gestionan, y por lo general
directamente, las infraestructuras municipales de abastecimiento y
saneamiento de agua, con resultados dispares y heterogéneos. Suele ser
general el desequilibrio financiero entre ingresos y gastos, consecuencia
de una deficiente recaudación y una falta de método en los estudios de
tarifas de los servicios; ello está repercutiendo en una baja de calidad
del servicio, que comienza por un inadecuado o insuficiente mantenimiento
de las infraestructuras (depósitos de abasto, sistema de desinfección,
redes de distribución, equipos de medida y control, redes de
alcantarillado, depuradoras y emisarios para vertido). En los últimos años
ha comenzado a establecerse, en los municipios más importantes, la fórmula
de gestión indirecta, mediante contrato de concesión para la prestación de
estos servicios, por empresas privadas. Aunque es evidente la mejora
obtenida con este cambio, ello no está reñido con el establecimiento de
fórmulas asociativas, como Mancomunidades o Consorcios, que añadan el
beneficio de una mejor planificación y economías de escala; esto se
traduciría en un mejor servicio e incluso un menor coste para el usuario.
El Cabildo Insular, a través de un organismo propio
(antes BALNORTE, ahora BALTEN) explota y mantiene las balsas de regulación
para regadío agrícola de las que es titular. Esta fórmula de prestación de
un servicio público, pionera y singular, se ha mostrado eficiente, de
general aceptación y de indudables efectos positivos en el sector agrícola
y en la economía insular. Pero, para ofertar el agua regulada a precios
políticamente considerados razonables, ha tenido que contar con
subvenciones de la Administración.
El Gobierno de Canarias y el Central sólo construyen la
infraestructura que incluyen en sus planes de inversiones para luego
entregársela a los Ayuntamientos o al Cabildo, según su tipo y
tramitación. Esta desconexión entre entidad inversora y entidad
explotadora ha llevado a que: muchas de estas obras ni siquiera hayan
entrado en servicio nunca, otras presenten numerosas deficiencias en su
gestión y muchas no puedan funcionar por la incapacidad financiera del
Beneficiario para la prestación del correspondiente servicio.
Finalmente, la explotación de la infraestructura
hidráulica de urbanizaciones privadas y su mantenimiento suele
caracterizarse porque funciona aunque con deficiencias, generalmente
asociadas a la dificultad para hacer repercutir todos los costes en los
usuarios.
• La Administración Hidráulica en Canarias ha estado
circunscrita a los Servicios Hidráulicos Provinciales. A través de estos
órganos se pretendía canalizar todas las actuaciones administrativas en
materia de:
- concesiones de aprovechamiento de aguas públicas
- autorizaciones para el alumbramiento de aguas
subterráneas
- concesiones para extracción de áridos
- uso de los cauces
- policía de las aguas y vigilancia de los cauces
- vertidos de aguas
- estaciones meteorológicas y datos de aforo
- proyecto y dirección de obras hidráulicas propias
- inspección y vigilancia de obras hidráulicas de
terceros
- elaboración de estudios, informes, trabajos,
programas y planes de inversión.
Pero con una dotación de medios que -en lugar de
aumentar al ritmo de la necesidad ha venido decreciendo- es extremadamente
insuficiente. Por ello la dedicación de estos medios personales y
materiales ha venido reduciéndose a:
- la tramitación de los expedientes promovidos por
terceros, incorporando los informes y documentos que proceden
- la ejecución de obras de infraestructura municipal y
de regulación general
- recientemente, actuando de oficio en labores de
policía de cauces.
Así, frente al teórico control público por los órganos
de la Administración ha prevalecido el autocontrol de los actuantes, tanto
en materia de aguas subterráneas como de cauces públicos. Las
irregularidades en las actuaciones y el conculcamiento de la legalidad
vigente sólo se han venido corrigiendo, previa denuncia por unos de los
abusos de otros, a través de actos administrativos contemplados en los
procedimientos burocráticos establecidos, cuando la Administración ha sido
informada de los hechos y ha podido confirmar la infracción. Esta dejación
de atribuciones se ha mostrado de hecho una solución práctica,
suficientemente eficaz y económica.
La nueva Ley de Aguas recoge (implícita y
explícitamente) una mayor participación efectiva de la Administración
Hidráulica, con muchas funciones de control e intervención, que serán de
imposible cumplimiento si no se incrementan de manera notable los medios
dedicados a su ejercicio. Este hecho se agudizará al pasar de una
Administración Regional a siete Administraciones Insulares (los Consejos
Insulares de Aguas) y quedar residuos competenciales en la Administración
Regional. Están por ver los resultados de esta nueva fórmula, más próxima
a los asuntos, con las dotaciones efectivas que se transfieran del
Gobierno de Canarias a los Consejos Insulares y los medios que aporten los
Cabildos.
2.6
Alternativas generales consideradas
Objetivo básico del PHI es, naturalmente, corregir los
problemas apuntados en el apartado anterior y descritos con mayor detalle
en el resto de esta Memoria. Esta corrección puede orientarse, sin
embargo, a través de varias sistemáticas alternativas. Uno de los primeros
aspectos esenciales es la selección de una de ellas como la más adecuada a
la situación actual de Tenerife.
La primera de estas opciones trata de establecer las
necesidades en base a un análisis de la situación económica global y
determinando el papel que la infraestructura hidráulica juega en esta
situación. Esta metodología parte del principio general de que la
disponibilidad del agua es determinante en relación con casi todos los
sectores económicos, de tal modo que las conclusiones obtenidas en la
planificación hidrológica deben orientar o al menos influir en la
actividad de todos ellos y su evolución futura.
La validez general de este principio que, a priori
podría considerarse perfectamente racional, dado el carácter determinante
que tiene esta disponibilidad de agua en la realidad, es, en el momento
actual y sin embargo, ampliamente discutible. El método procede en
realidad de criterios de economía política pertenecientes más bien a la
primera mitad del siglo, época en que la política agraria constituia una
pieza fundamental de todos los instrumentos relacionados con el desarrollo
económico de una región. De hecho en esa época las inversiones en planes
de regadío constituian una de las herramientas más poderosas para la
salida de determinadas zonas de situaciones de atraso social.
La realidad actual es bien diferente. La capacidad
económica de una región en cualquiera de los países europeos desarrollados
se mide más bien en razón inversa de la entidad que para ella tiene el
producto agrario en términos relativos con el industrial o el de
servicios. Las dificultades fundamentales del sector primario se derivan,
más que de su capacidad de producción, de la de comercialización de esta
producción, capacidad ésta última que está fijada por la política agraria
de la C.E.E. que tiende en general a reducir las necesidades de subvención
a que obliga la competencia de países menos desarrollados.
Por otra parte, la posibilidad de que sea la política
hidráulica la que oriente y determine todas las demás, es muy remota. De
hecho, para la isla de Tenerife, esta situación sólo podría producirse en
el caso de que se llegara a un agotamiento absoluto de todos los recursos,
que sería el único en el que la disponibilidad de éstos podría
considerarse un factor limitante, no ya condicionante, del desarrollo.
La situación real no es ni con mucho ésta, a pesar de
lo dicho en apartados anteriores sobre el grado en que las extracciones
actuales de los acuíferos están incluso por encima de la recarga. En
primer lugar, la sobreexplotación no es necesariamente negativa, si se
tienen en cuenta sus posibles efectos colaterales y se aplica de un modo
temporal hasta que se pongan a punto nuevos sistemas de generación de
recurso. Por otra parte, existen nuevos sistemas de producción industrial
de agua cuyos costes, aunque mayores que los tradicionales, están en
ordenes de magnitud similares a los de éstos, que los hacen abordables
para ciertos usos. Lo demuestran hechos como la construcción y explotación
de estaciones de desalación de agua de mar en varias de las Islas
Canarias, que están produciendo agua para diversos usos, incluyendo,
aunque sólo sea a escala reducida, el regadío.
Como consecuencia de todo ello es necesario considerar
una segunda sistemática alternativa en relación con la planificación
hidrológica, sistemática que partiría más bien de la consideración del
desarrollo económico y de las necesidades de agua que este desarrollo
plantea, como un dato básico de la planificación hidrológica y no como uno
de sus resultados.
Este ha sido el planteamiento seguido en el PHI. Pasa
por el análisis de las tendencias evolutivas de los diferentes sectores
consumidores de agua y el desarrollo de una estimación de la demanda que,
en cierto modo, es independiente de la capacidad de producción de agua.
El Plan debe, por otra parte, proporcionar una
información básica para la planificación económica general indicando los
precios del agua en el futuro y las disponibilidades en diferentes zonas
en función de las previsiones de inversión que contenga.
Aunque no sea ésta la razón por la que se ha elegido,
sino la de que responde más correctamente a la realidad, esta opción de
trabajo es, evidentemente, de aplicación más sencilla. En cada caso, basta
con estimar la tendencia de crecimiento de la demanda, partiendo de un
análisis propio o de la que se haya establecido en otros elementos de
planificación, agraria, turística, industrial, etc. y posteriormente
estudiar la infraestructura necesaria para cubrir este aumento de demanda.
La priorización de las inversiones necesarias se resuelve después,
analizando la relación entre la inversión y la demanda servida con ella.
Para completar el trabajo, por último, se establecen las medidas de
normativa y de gestión necesarias para permitir una explotación adecuada
de esta infraestructura nueva en conjunto con la ya existente.
2.7
Pronóstico general
2.7.1. Balance entre recursos y demandas
Teniendo en cuenta las previsiones sobre disminución de
capacidad de las extracciones de aguas subterráneas en el futuro, como
consecuencia de la bajada del nivel freático de las zonas más explotadas
en la actualidad, y los volúmenes que se aportarán por el desarrollo de
sistemas de reutilización de aguas residuales y la desalación de agua de
mar, el volumen total de recurso disponible en el año 2000 para el
conjunto de Tenerife ascenderá a unos 227 hm3 al año. La distribución de
estos recursos es la que se refleja en la tabla 2.3 siguiente. La
comparación de estas cifras con las que se indican en el apartado 2.5
anterior, que se muestra gráficamente en la figura 2.2, permite comprobar
como el incremento de recurso procedente de la aplicación de nuevas
tecnologías viene a compensar en términos medios la disminución apreciable
que sufrirá la capacidad de extracción de aguas subterráneas.
Como contrapartida de los recursos, la demanda
alcanzará las cifras de la tabla 2.4, que también se han comparado en la
figura 2.3 con las de 1991, que constituye la base del Plan. Resulta
evidente el cambio fundamental que determina el hecho de que la suma del
consumo urbano, turístico e industrial sea superior al agrícola.
2.7.2. Situación de la infraestructura
El apartado 2.10 sintetiza las propuestas de inversión
contenidas en el Plan. El pronóstico en este apartado debe plantearse,
lógicamente, en la hipótesis del cumplimiento de este programa de
inversiones y, por consiguiente, puede inferirse de los objetivos del
mismo:
• Aprovechamiento de la totalidad de los recursos
superficiales susceptibles de captación en términos rentables. Incluye,
como opciones de interés los tomaderos de la vertiente Norte para el Plan
de Balsas, el aprovechamiento del macizo de Teno, el de la península de
Anaga, el de las cuencas del barranco de Santos y adyacentes, y las
subcuencas de cabecera desde Adeje a Arico.
• Ordenación del sector de extracción de aguas
subterráneas, a través de la regulación de las posibles interferencias
entre reperforaciones o explotaciones nuevas y otras existentes. No se
considera necesaria la inversión pública en este sector excepto en casos
muy contados, que se reflejan en el capítulo correspondiente,
fundamentalmente con fines de seguimiento de niveles más que de extracción
de nuevo recurso.
• Aplicación de las tecnologías disponibles para la
producción industrial de agua, ordenada y encauzada a través de la
iniciativa pública, esencialmente en la reutilización de aguas residuales
y la desalación de aguas salobres y de aguas de mar. Se prevé una
aportación adicional de recursos de 24,5 y 12,3 hm3/año respectivamente
para la primera y la última, mientras que la segunda permitirá el uso de
un total de casi 24 hm3/año de recursos subterráneos que de otro modo no
hubieran sido utilizables adecuadamente.
• Aprovechamiento, en la medida de lo posible, de las
posibilidades que puedan ofrecer los embalses actuales.
• Utilización de las balsas como elementos óptimos de
regulación por calidad técnica y de gestión y adopción de este tipo de
elementos en todos los casos en que sea necesaria la regulación adicional
para caudales importantes.
• Acondicionamiento y cierre del sistema de
conducciones generales de la isla, incluyendo la separación de las
conducciones de agua potable de las de uso general.
• Puesta en servicio o construcción del sistema de
conducciones que permitirá la reutilización de aguas depuradas
• Reducción de las pérdidas en las redes de
distribución y del agua no contabilizada, hasta un nivel medio conjunto
del 23% para todos los núcleos urbanos.
• Aumento de la garantía de suministro urbano, en caso
de fallo de la aducción, hasta un volumen total de 1 m3 por habitante,
equivalente al consumo de una semana.
• Garantía de cumplimiento del Reglamento Técnico
Sanitario en lo que se refiere a la calidad del agua en el grifo.
• Conexión de todos los núcleos urbanos de entidad
significativa a redes de saneamiento, permitiendo únicamente las
instalaciones particulares en casos de evidente falta de rentabilidad de
la conexión anterior y siempre que esté garantizada la no afección al
medio ambiente en general y a la calidad de las aguas subterráneas en
particular.
• Garantía de evacuación adecuada de todos los
efluentes, bien a través de estaciones depuradoras de aguas residuales,
bien por medio de emisarios submarinos construidos con las características
adecuadas de alejamiento de la costa, estanqueidad y profundidad. Por
razones económicas se da prioridad a la segunda solución frente a la
primera en igualdad de condiciones de respeto al medio ambiente.
2.7.3. Situación de la gestión
El pronóstico acerca de la situación de la gestión
hidráulica de la isla en el año horizonte del Plan es el que resulta más
difícil. De hecho, el Plan contiene sobre este aspecto, en la mayoría de
los casos, más un conjunto de recomendaciones que de medidas concretas,
cuya aplicación dependerá de la voluntad de una multitud de organismos. En
cualquier caso y revisando los diferentes sectores a través de los cuales
se ha articulado todo el trabajo realizado, se pueden resumir los
objetivos planteados de acuerdo con la siguiente relación:
• Ordenación administrativa de las aguas superficiales
cubriendo no sólo los aspectos relacionados con la tramitación de
concesiones y autorizaciones sino también los estadísticos meteorológicos
e hidrológicos, los de protección y delimitación de los cauces, los de
establecimiento oficial de datos de partida y metodologías de cálculo
hidrológico, etc.
• Ordenación y regulación del sector de extracción de
aguas subterráneas y establecimiento de un seguimiento estadístico
sistemático de niveles, calidades, y extracciones.
• Sujeción de las inversiones y la explotación de las
instalaciones de producción industrial de agua a la iniciativa pública,
dada la repercusión que tienen sobre el medio ambiente todas las
tecnologías implicadas, las de reutilización de aguas residuales por
razones evidentes y las de desalación de aguas salobres o de agua de mar
por la necesidad de verter cantidades importantes de salmuera.
• Mantenimiento de los criterios de gestión actuales de
las balsas de regulación.
• Control de la seguridad de los estanques privados,
tanto para los de nueva planta como para los existentes.
• Establecimiento de criterios de gestión de la red
básica general que, manteniendo la sistemática actual de gestión,
bonifiquen el transporte de las aguas de buena calidad y regulen la forma
de prestación del servicio.
• Encauzamiento de la gestión de la aducción en los
sistemas de abastecimiento y saneamiento hacia la conformación de
entidades (mancomunidades o consorcios) que agrupen a varios ayuntamientos
y que proporcionen incluso soporte técnico y medios para la gestión de las
redes, que deberían permanecer bajo responsabilidad municipal.
Planteamiento de tarifas con criterios homogéneos y en concepto de tasas.
2.8
Programas de actuación
Las actuaciones del PHI se han estructurado de acuerdo
con la siguiente relación de programas de actuación:
100 AGUAS SUPERFICIALES Y RED HIDROGRÁFICA
110 Aprovechamiento de aguas superficiales
120 Conservación y corrección de cauces
130 Instrumentación hidrometeorológica
200 RECARGA INDUCIDA Y MEDIDAS CONTRA LA
EROSIÓN
210 Repoblaciones y correcciones forestales
300 AGUAS SUBTERRÁNEAS Y MULTIACUÍFERO
INSULAR
310 Captación de aguas subterráneas
320 Control y conservación de acuíferos
400 TRATAMIENTO, PRODUCCIÓN INDUSTRIAL
E IMPORTACIÓN
410 Tratamiento de las aguas
420 Desalación de agua de mar
430 Aprovechamientos hidroeléctricos
500 CONDUCCIONES GENERALES DE TRASVASE
510 Conducciones generales de agua potable
520 Conducciones principales para uso general
600 ABASTECIMIENTO DE POBLACIONES
610 Sistema de aducción del abasto urbano
620 Sistema de distribución del abasto urbano
700 SANEAMIENTO DE AGUAS RESIDUALES
710 Sistema de alcantarillado
720 Sistema de depuración y vertido
800 REUTILIZACIÓN DE AGUAS DEPURADAS
810 Experimentación, capacitación y divulgación
del uso de aguas depuradas
820 Infraestructura para la reutilización de aguas
depuradas
900 INFRAESTRUCTURA GENERAL PARA USO
AGRARIO
910 Infraestructura para regulación de uso
agrario
920 Redes de distribución para uso agrario
2.9
Normas generales de actuación
El tercer tomo del Plan se dedica exclusivamente al
establecimiento de una normativa adecuada al cumplimiento de los objetivos
que se han fijado con carácter específico para cada uno de los sectores
considerados. También se incluyen normas generales que, en cierta medida,
constituyen el marco general para las específicas.
En esencia estas normas generales se apoyan en el
planteamiento definido por la Ley de Aguas de Canarias. Así, establecen en
primer lugar el papel fundamental del Plan Hidrológico Insular, para lo
cual exigen que todas aquellas actuaciones administrativas que tengan
carácter normativo sigan un trámite para su aprobación equivalente al que
sigue el Plan.
Por otra parte, estas normas dan al Consejo Insular de
Aguas un papel fundamental en la gestión hidrológica, sin que ello quiera
decir la anulación de la iniciativa privada, sino, más bien al contrario,
para procurar que ésta se mueva dentro de un régimen de máxima
transparencia, de manera que se aprovechen al máximo las ventajas que aún
puede aportar este tipo de iniciativa.
Por último, se incluyen normas tendentes a dotar al
Consejo de los medios y la competencia en relación con las labores de
estadística y como garante de la calidad técnica de las actuaciones.
2.10
Plan de inversiones
El Plan Hidrológico debe constituir un marco básico de
referencia para las actuaciones de todo orden, públicas y privadas,
relacionadas con el aprovechamiento de los recursos hidráulicos de
Tenerife, de modo que se alcancen, dentro del plazo que media desde el
momento actual hasta el año 2000, que se ha fijado como fecha horizonte,
los objetivos que se sintetizan en el apartado 2.1 anterior.
Uno de los grupos de medidas que recoge el Plan es el
de las inversiones. En conjunto suponen un total de 255 actuaciones
específicas con un presupuesto total de 67.538 millones de pesetas, que se
pueden clasificar de acuerdo con los siguientes conceptos:
• Programa de actuación al que pertenecen
• Procedencia de los fondos
• Localización geográfica
El tomo 4 del Plan contiene la relación detallada de
las inversiones previstas y un análisis extenso de su clasificación de
acuerdo con los conceptos anteriores. Este análisis se sintetiza en la
tabla y gráficos que siguen.
2.11
Seguimiento y revisión
La Ley de Aguas de Canarias determina al Consejo
Insular de aguas como organismo responsable, técnica y
administrativamente, de la planificación hidrológica. Las tareas del
Consejo no se agotan con la realización del Plan, sino que incluyen
también las de seguimiento y revisión del mismo.
El capítulo 12 de esta misma Memoria detalla los
métodos y los medios que se estiman necesarios para llevar a cabo este
trabajo, que se ha estructurado a través de las siguientes funciones:
• Revisión intermedia
• Revisión final
• Seguimiento anual
• Estudios técnicos
La primera de ellas, es decir, la revisión intermedia,
se concreta en la elaboración de un documento equivalente al que ahora se
presenta, incluso con el mismo índice temático, en el que se analice la
medida en que las actuaciones previstas se han llevado a cabo y,
fundamentalmente, la forma en que cada una de ellas ha colaborado a la
consecución de los objetivos generales e intermedios del Plan, que se
reflejan en los primeros apartados de este mismo capítulo, y a la de los
específicos, que se detallan en los subsiguientes para cada uno de los
sectores considerados.
Esta revisión debe efectuarse en el año 1996, que
constituye el punto medio del ámbito temporal del Plan. Incluirá no sólo
un análisis de resultados sino también una propuesta de modificaciones
cuando éstos no hayan sido los esperados.
El mismo carácter tendrá la revisión final a realizar
en el año 2000 y que, en síntesis, deberá constituir un nuevo Plan, válido
para la década 2000-2010.
En cuanto al seguimiento, independientemente del que se
produzca de modo sistemático a lo largo del tiempo como consecuencia de
las tareas administrativas y técnicas que desarrolle el Consejo y de los
estudios específicos que luego se detallan, se ha considerado
imprescindible que se produzca al menos una reunión anual con un orden del
día dedicado exclusivamente a informar del estado del cumplimiento de cada
uno de los objetivos específicos así como del programa de inversiones.
Por último, es necesario que los estudios técnicos que
han apoyado la propia realización del Plan se actualicen de modo
sistemático, fundamentalmente en lo que se refiere al mantenimiento de los
datos estadísticos. En este sentido se ha previsto que el Consejo Insular
cuente con un departamento específicamente dedicado a la planificación que
podría encargarse también, por otra parte, de la preparación técnica de
los informes de seguimiento y de las revisiones intermedia y final.
3
Planeamiento hidrológico de superficie
Aunque cuantitativamente las aguas superficiales sólo
suponen un 1% del recurso total utilizado en la isla, su valor
cualitativo, derivado de la ausencia de sales disueltas, es mucho mayor al
poderse mezclar con aguas subterráneas de salinidad media o alta, y
permitir el uso de estas últimas en la agricultura.
Esta posibilidad1, unida al creciente deterioro de la
calidad del agua de algunas explotaciones subterráneas, es la que orienta
los objetivos del Plan en relación a estos recursos. Por otra parte, no
cabe duda de que son las aguas superficiales las que están más
directamente relacionadas con el medio ambiente. De un lado éste resulta
moldeado por ellas; por otra parte, las intervenciones artificiales para
su captación y regulación son probablemente las obras que tienen un mayor
impacto ambiental y resultan más contestadas; por último, los vertidos,
cuando se producen a los cauces, generan un problema que puede ser
importante en relación con la calidad ambiental. El Plan recoge la
regulación de todos estos aspectos.
Por otra parte, y dado que Tenerife depende sobre todo
de las aguas subterráneas, al sistema hídrico superficial se le ha
concedido tradicionalmente poca importancia por la Administración. Este
hecho, unido a la posibilidad de avenidas excepcionales en situaciones
climáticas anómalas (de las que efectivamente existe registro histórico),
exige mejorar y sistematizar la obtención de datos.
Todo ello determina que las actuaciones en aguas
superficiales deban seguir, de modo sistemático, las siguientes líneas
generales:
• Aumentar en la medida posible el conocimiento de la
hidrología superficial de la isla, considerando el ciclo hidrológico
completo (precipitación, evapotranspiración, infiltración y escorrentía).
• Optimizar el aprovechamiento del recurso, maximizando
las posibilidades de captación y almacenamiento.
• Procurar la máxima rentabilidad hidrológica en el
empleo de este recurso, que, dada su escasez y calidad, debe ser destinado
sobre todo a la mezcla con aguas de excesivo contenido en sales.
• Regular las actuaciones en otros sectores
socioeconómicos que puedan afectar a la hidrología superficial, tanto en
calidad como en comportamiento de las cuencas. Estos sectores son el
agrícola, el forestal, el urbanístico y el de infraestructuras
territoriales.
• Conocer, prevenir y minimizar el riesgo de daños por
inundaciones, avenidas y otros fenómenos hidrológicos superficiales de
carácter extremo.
• Reducir el avance de la erosión en todo tipo de
suelos.
• Poner a disposición de organismos y particulares los
datos existentes y los que se compilen en el futuro.
El desarrollo de estas líneas de actuación se ha
previsto, en parte, con medidas incluidas en el Plan propiamente dicho.
Sin embargo, y con el fin de adecuar los plazos a las necesidades de
datos, se ha previsto un conjunto de Planes Especiales cuyas líneas
generales se delinean en el presente documento. Se han considerado
necesarios, como mínimo, los siguientes:
• Plan Especial de Mejora de la Red Hidrometeorológica
y del Tratamiento de sus Datos.
• Plan Especial de Defensa contra Avenidas.
• Plan Especial de Delimitación del Dominio Público
Hidráulico.
• Plan Especial de Aprovechamiento del Macizo de Anaga.
3.1
Objetivos específicos
Teniendo en cuenta el nivel de conocimiento actual
sobre las aguas superficiales y el ámbito temporal del Plan, éste se ha
planteado los siguientes objetivos específicos, por orden de prioridad:
• Mantener, mejorar y corregir los cauces naturales
para garantizar el desagüe de las aguas de escorrentía incluso en
condiciones extraordinarias (avenidas de 500 años), evaluando el riesgo de
inundaciones.
• Delimitar el dominio público hidráulico, velando por
su conservación, explotación y gestión, controlando su ocupación temporal,
evitando el vertido al mismo de materiales o sustancias de desecho (tanto
sólidos como líquidos) y estableciendo criterios, métodos y medios para la
gestión de las extracciones y aprovechamientos en los cauces.
• Promover el aprovechamiento de las aguas
superficiales hasta el límite de su viabilidad técnico-económica (coste
inferior a la desalación).
• Procurar aumentar la infiltración de aquellas aguas
de escorrentía que no se puedan derivar, con objeto de recargar los
acuíferos.
• Fomentar la repoblación forestal y vegetal como medio
para reducir la erosión, aumentar la infiltración e incrementar la
precipitación por condensación.
• Mejorar la red hidrometeorológica, así como la
transmisión, almacenamiento y tratamiento de los datos.
3.2
Datos hidrometeorológicos
El plano 3.1 refleja la situación y características de
las estaciones meteorológicas que hay en Tenerife. Su número (371) es muy
importante superando la densidad media del conjunto nacional, ya que se
dispone de una estación por cada 5,5 km2, mientras que en la Península la
media aproximada es de una estación por cada 9 km2. Esta abundancia se
debe a la gran variabilidad del régimen climatológico de la isla, con
cambios importantes entre puntos cercanos que determinan la existencia de
un gran número de microclimas.
El PHI ha incluido un primer análisis de los datos
disponibles, análisis que ha puesto en evidencia la necesidad de llevar a
cabo estudios más completos y fiables. Independientemente de esta
conclusión, y partiendo de los datos existentes, se han podido obtener los
valores medios de precipitación reflejados en los planos de isoyetas que
se incluyen en la documentación gráfica. A partir de las mismas se ha
evaluado el volumen medio anual de lluvia sobre la isla en 865 hm3/año,
equivalente a una precipitación territorial media de 425 mm/año.
Un aspecto de la precipitación que es esencial conocer
para evaluar los caudales de avenida y la probabilidad de inundaciones, es
la forma en que se producen las lluvias de gran intensidad; la relación
entre la duración de cada episodio lluvioso y su intensidad. Este estudio
exige un conocimiento de datos de lluvia en periodos inferiores a 24
horas; conocimiento que sólo puede alcanzarse con precisión mediante
análisis de datos pluviográficos. En la actualidad sólo existen 6
pluviógrafos dotados de un sistema anticuado de recogida de datos
(cilindro de papel), y muchos registros se han perdido sin explotar su
información.
Otros datos climatológicos necesarios para la
caracterización del régimen hidrológico de superficie, son los de
temperatura y evaporación. La base de datos de temperatura debe ampliarse
para poder relacionar la situación de las estaciones y su comportamiento
termométrico. Para evaluar la evaporación se dispone de 17 tanques
evaporimétricos, cifra insuficiente si se tiene en cuenta la variedad
climatológica de la isla. En cualquier caso, y partiendo de la información
disponible, se ha llevado a cabo un estudio aproximativo que estima la
evapotranspiración total insular en 606 hm3/año (equivalente a 298 mm/año,
un 70% de la precipitación) con la distribución territorial que refleja el
plano 3.2.
Independientemente de las conclusiones cuantitativas anteriores, el
trabajo realizado ha permitido identificar un conjunto de necesidades
básicas relativas a la red de obtención de datos hidrometeorológicos y el
tratamiento estadístico de éstos:
• Es preciso revisar cuidadosamente las fichas de base
de lluvias en 24 horas con objeto de verificar valores dudosos, establecer
correlaciones entre diferentes estaciones y rellenar lagunas de
información por métodos estadísticos, de manera que se puedan completar
series pluviométricas suficientemente largas (de al menos 50 años),
necesarias para representar correctamente la variabilidad de los datos.
• Es necesario completar la red de estaciones
pluviográficas en dos sentidos: ampliando el número de estaciones de modo
que se cubra la totalidad del territorio, e instalando instrumentos que
registren los datos sobre soporte magnético, cuyo tratamiento posterior es
mucho más sencillo que el actual.
• No se está contabilizando el aumento de pluviosidad
por condensación (“lluvia horizontal”) en las masas boscosas y relieves
más escarpados; su cuantificación es muy difícil, pero su omisión está
induciendo, por la ecuación de balance, una infravaloración de la
infiltración. Es preciso definir una metodología para evaluar la lluvia
horizontal y contrastarla.
• Es insuficiente el actual conocimiento sobre la
retención de agua en los suelos de cobertera y la fluctuación de esta
reserva, como aporte a la evapotranspiración real. Es preciso profundizar
en métodos de evaluación de este proceso.
• Se debe completar la obtención de otras informaciones
para que en el futuro sea posible realizar estudios climatológicos más
completos, incluyendo la posible aplicación de modelos de simulación. En
concreto, se deben instalar más tanques evaporimétricos y disponer de
datos de temperatura y viento que cubran con mayor |