DECRETO 166/2001, DE 30 DE JULIO, POR EL QUE SE APRUEBA EL PLAN HIDROLÓGICO INSULAR DE LA PALMA

La Ley 12/1990, de 26 de julio, de Aguas, regula, en el Capítulo III de su Título III, los criterios a que habrá de ajustarse la redacción y aprobación de los Planes Hidrológicos Insulares como instrumentos básicos de la planificación hidrológica.

Los artículos 7.c) y 41 de la citada disposición legal establecen que la aprobación definitiva de los Planes Insulares compete al Gobierno de Canarias, que la otorgará salvo que aprecie en su texto vulneración de disposiciones legales, inadecuación al Plan Hidrológico Regional o defectos formales graves, en cuyo caso procederá la devolución del proyecto, con expresión motivada de la causa, al Cabildo que, cuando proceda, lo remitirá al Consejo Insular.

El Consejo Insular de Aguas de La Palma presentó ante la Consejería de Obras Públicas, Vivienda y Aguas, para su aprobación por el Gobierno de Canarias, el Plan Hidrológico Insular de La Palma. Dicho Plan fue aprobado provisionalmente por el Pleno del Cabildo Insular de La Palma, en sesión celebrada el 27 de diciembre de 2000.

En razón a la inexistencia del Plan Hidrológico Regional, y a la adecuación de este Plan Insular a las disposiciones legales, la Dirección General de Aguas, según establece el artículo 23.5 del Decreto 161/1996, de 4 de julio, ha informado favorablemente la solicitud de aprobación del Plan Hidrológico Insular de La Palma.

En su virtud, a propuesta del Consejero de Obras Públicas, Vivienda y Aguas y previa deliberación del Gobierno en su reunión celebrada el día 30 de julio de 2001,

D I S P O N G O:

Artículo único.- Aprobar el Plan Hidrológico Insular de La Palma que consta como anexo y cuyas fuentes de financiación de los programas de actuaciones tendrán un carácter meramente indicativo.

DISPOSICIÓN FINAL

Única.- El presente Decreto entrará en vigor el mismo día de su publicación en el Boletín Oficial de Canarias.

Dado en Las Palmas de Gran Canaria, a 30 de julio de 2001.

EL PRESIDENTE

DEL GOBIERNO,

Román Rodríguez Rodríguez.

EL CONSEJERO DE OBRAS PÚBLICAS,

VIVIENDA Y AGUAS,

Antonio Ángel Castro Cordobez.

ÍNDICE

CAPÍTULO I INTRODUCCIÓN.

CAPÍTULO II DATOS GENERALES.

CAPÍTULO III PLANEAMIENTO HIDROLÓGICO DE SUPERFICIE.

CAPÍTULO IV BASES HIDROGEOLÓGICAS DEL PLANEAMIENTO DE LAS AGUAS SUBTERRÁNEAS.

CAPÍTULO V PLANEAMIENTO DE LAS AGUAS SUBTERRÁNEAS.

CAPÍTULO VI EL SISTEMA DE CONDUCCIÓN DE AGUAS.

CAPÍTULO VII EL ALMACENAMIENTO DE AGUAS.

CAPÍTULO VIII LA PRODUCCIÓN INDUSTRIAL DE AGUA.

CAPÍTULO IX DEMANDAS SECTORIALES Y BALANCES HIDRÁULICOS COMARCALES.

CAPÍTULO X ABASTECIMIENTO A POBLACIONES.

CAPÍTULO XI EL SANEAMIENTO DE POBLACIONES Y LA CONTAMINACIÓN AGRARIA.

CAPÍTULO XII ESTUDIO ECONÓMICO-FINANCIERO.

CAPÍTULO XIII ACTUACIONES.

 

CAPÍTULO I

INTRODUCCIÓN

La Ley de Aguas de Canarias estipula (artículo 35) que el Plan Hidrológico Insular es el instrumento básico de la planificación hidrológica, destinado a conseguir la mejor satisfacción de las demandas de agua y a racionalizar el empleo de los recursos hidráulicos de la isla, protegiendo su calidad y economizándolo en armonía con el medio ambiente y los demás recursos naturales.

Consecuentemente con estos objetivos y principios, el Consejo Insular de Aguas de La Palma lleva años realizando trabajos encaminados a la preparación de su Plan Hidrológico Insular.

Concretamente, en octubre de 1992 dio cima a un documento denominado Avance del Plan Hidrológico Insular, el cual no llegó, sin embargo, a remitirse al Gobierno de Canarias para su aprobación como instrumento de la planificación hidrológica.

En agosto de 1997 el propio Consejo convocó un concurso para la contratación del Plan Hidrológico de la isla, contratación que dio lugar a la realización de diversas labores técnicas culminadas en la redacción de los documentos que comprenden este trabajo. A saber:

- Memoria.

- Normas.

- Programa de obras.

La documentación gráfica viene incluida en la Memoria.

SECCIÓN I.1.

TRABAJOS REALIZADOS.

Con motivo de la redacción de este Plan Hidrológico Insular se han realizado diferentes trabajos de inventario y recogida de información; a saber:

- Un estudio sobre hidrología superficial y balance hídrico de la isla de La Palma.
- Un estudio sobre las principales cuencas hidrográficas de la isla.
- Un inventario de las obras de captación de aguas subterráneas.
- Un inventario de canales y conducciones de trasvase.
- Un inventario de depósitos, estanques y embalses.
- Un reconocimiento de la infraestructura municipal de suministro de agua potable.
- Un reconocimiento de la infraestructura municipal de saneamiento de aguas residuales.

Y numerosos trabajos adicionales relacionados con la recogida de información sobre diferentes aspectos de la gestión hidráulica insular.

SECCIÓN I.2.

LA ESTRUCTURA DE LA PLANIFICACIÓN HIDROLÓGICO INSULAR.

La Ley 12/1990, de Aguas de Canarias, concibe la planificación hidrológica como el instrumento básico de la política hidráulica del Archipiélago. Contempla las siguientes figuras relacionadas con esta planificación:

a) El Plan Hidrológico de Canarias.
b) Los Planes Hidrológicos Insulares.
c) Los Planes Hidrológicos Parciales y Especiales.
d) Las Actuaciones Hidrológicas.

El PHI de La Palma se inscribe, evidentemente, en el segundo de los grupos anteriores. Legalmente (artículo 33 de la Ley 12/1990), la planificación hidrológica insular ha de adaptarse a las directrices del Plan Hidrológico de Canarias. Sin embargo, en el momento de redactarse la presente Memoria, el Plan Hidrológico de Canarias no solamente no se había aprobado, sino que ni tan siquiera había llegado a publicarse en forma de avance o borrador.

Tampoco había llegado a difundirse dato oficial alguno acerca de un eventual Reglamento General de Aguas de Canarias.

De modo que el presente Plan Hidrológico se preparó a falta de antecedentes y directrices que deberían haber informado su redacción. Esta circunstancia es fundamental para entender su contenido (sobre todo el de sus Normas).

SECCIÓN I.3.

CONTENIDO DE LA PRESENTE MEMORIA.

La presente Memoria se dedica a exponer los resultados de los trabajos del Plan, así como a justificar las soluciones propuestas en relación con los problemas de suministro hidráulico de la isla.

Siguiendo este criterio, en la Memoria se tratan inicialmente los recursos hidráulicos superficiales y los problemas asociados a su explotación. Los dos siguientes capítulos se dedican al estudio de las aguas subterráneas insulares.

Varios capítulos se destinan después al estudio de los problemas de transporte hidráulico en la isla, al de su infraestructura de almacenamiento de agua y a la producción industrial de caudales.

El estudio de la demanda de agua se realiza en el capítulo IX. En él se formula una propuesta de comarcalización hidráulica de la isla y se estudian los balances hidráulicos disponibilidad-demanda hídricas correspondientes a las diferentes zonas de la isla.

Con posterioridad se presentan los resultados de los estudios practicados en relación con el suministro de agua potable y de saneamiento de aguas residuales urbanas.

En último extremo se aportan las conclusiones sobre los programas de inversiones propuestas (capítulo XIII) y sobre las actuaciones inversoras no específicamente traducibles en la ejecución de obras.

CAPÍTULO II

DATOS GENERALES

En este capítulo se ofrece un resumen de la información correspondiente a las diversas materias contempladas por el Plan Hidrológico y una primera presentación de los principales problemas de la realidad hidráulica insular.

SECCIÓN II.1.

HIDROLOGÍA.

¤II.1.1.- Balance hidrológico.

El siguiente cuadro refleja las cifras correspondientes a los términos básicos del balance hidrológico insular. En general, sus valores acusan muy señaladas diferencias con respecto a los de otros estudios anteriores también dedicados a la hidrología de la isla. Esas diferencias se deben a que la pluviometría y la infiltración del presente Plan Hidrológico superan a lo expresado por dichos estudios, en tanto que su escorrentía superficial es netamente inferior a la de ellos.

La escorrentía superficial de la isla se produce especialmente en la Caldera de Taburiente, por cuyos barrancos corre del orden de la mitad de sus aportaciones superficiales.

El cuadro adjunto muestra cifras relativas a las aportaciones medias anuales conjuntas correspondientes a la escorrentía superficial en los principales barrancos de la isla. Se expresan según la vertiente y en cotas de 0 y 500 m sobre el nivel del mar.

En el presente Plan Hidrológico Insular, se consideran especialmente dos casos de aprovechamiento de las aportaciones de la escorrentía superficial: el de las aguas del barranco de Las Angustias, mediante el sistema conocido como embalse de la Viña, y el de algunos cauces del nordeste de la isla, en los que se prevé construir tomaderos para derivar sus aguas hacia La Laguna de Barlovento. Pero hay además otros aprovechamientos de aguas superficiales previstos.

¤II.1.2.- Aguas subterráneas.

Las aguas subterráneas de La Palma discurren o se almacenan en tres acuíferos principalmente: el Coebra, el de las Vertientes y el Costero. El cuadro inferior recoge una estimación de los balances hidráulicos correspondientes a cada uno de ellos. En este cuadro cabe subrayar el dato de que todos los años se vierten al mar sobre unos 161 hm3. Destaca, pues, la importante magnitud que en la isla alcanzan los recursos hidráulicos subterráneos de carácter excedentario.

En general, la calidad química de las aguas subterráneas insulares puede reputarse de buena. No obstante, a esta situación se le pueden contraponer tres problemas de cierto relieve: la contaminación volcánica que experimentan las aguas de todo el vértice sur insular; la contaminación por intrusión marina que casi con carácter general provocan las extracciones en acuíferos costeros y los síntomas, que empiezan a ser ya muy evidentes en las aguas costeras del Valle de Aridane, de contaminación antrópica por intrusión al interior del terreno de nitratos de origen agrícola.

El noroeste de la isla (Tijarafe-Norte, Puntagorda, Garafía) representa la comarca con superior proporción de recursos subterráneos sobrantes y la que con mayor razón puede calificarse de infraexplotada.

Por el contrario, la totalidad del acuífero Coebra ha de considerarse en riesgo de sobreexplotación. Y en proceso de salinización la parte del costero correspondiente a los barrancos de Las Angustias y Tenisca.

¤II.1.3.- Infraestructura de captación de aguas subterráneas.

En el cuadro adjunto se ofrece un estado resumido del sistema de captación de aguas subterráneas de la isla.

En su casi totalidad, este sistema es de promoción y propiedad privada. Se da el caso de que la capacidad de la inversión privada en materia de alumbramiento de aguas subterráneas ha venido declinando fuertemente durante la última década, hasta el punto de que en la actualidad parece haber perdido casi por completo su primitivo impulso.

En el presente Plan Hidrológico se propone un conjunto de medidas dirigidas a fomentar, en unos casos, y a impedir, en otros, el desarrollo de las obras de alumbramiento de aguas subterráneas. Así, la declaración de zonas en riesgo de sobreexplotación o en proceso de salinización, pretenden impedir la perforación en determinadas comarcas de la isla. La declaración de zonas infraexplotadas y las medidas que la acompañan intentan lo contrario: activar esos trabajos de perforación en otras comarcas.

¤II.1.4.- Balances hidráulicos.

El cuadro inferior expresa los balances hidráulicos estimados en la actualidad para el conjunto de la isla con arreglo a los diferentes tipos de años (normal, húmedo o seco).

Con carácter general, la situación hidráulica de la isla puede considerarse equilibrada, aunque entendiéndose que este diagnóstico ofrece un aspecto muy diferente según se particularice para una u otra de las dos grandes vertientes hidráulicas de la isla.

La situación de la oriental es holgada, incluso durante los años secos, en los que los requerimientos de caudales para regadío suelen subir apreciablemente. Las aportaciones de manantiales y galerías casi bastan para cubrir la totalidad de las necesidades hídricas de la zona, aun durante el verano. Las extracciones de los pozos resultan necesarias apenas para atender algunas puntas de la demanda.

Por el contrario, la vertiente occidental (sobre todo el Valle de Aridane) solo puede satisfacer su demanda estival a base de recurrir a las aguas almacenadas en su copioso conjunto de estanques y depósitos y de forzar las extracciones de los campos de pozos del Valle de Aridane (barrancos de Tenisca y Las Angustias), con el consiguiente deterioro de la calidad de los recursos utilizados. Los agricultores del valle pueden sobrepasar la punta de la demanda estival de años secos tras capear no pocas dificultades y estrecheces, y convendría poder contar en la zona con un caudal adicional de al menos unos 5 hm3/año.

Las previsiones sobre la evolución de la demanda hídrica la dan por prácticamente estabilizada a lo largo de los próximos años -en consonancia con lo acontecido durante el último cuarto de siglo. En todo caso, ligada como está la demanda de agua fundamentalmente al plátano, y éste de la política agraria y comercial de la U.E., tal evolución habrá de verse muy dependiente de circunstancias institucionales de difícil pronóstico.

¤II.1.5.- Infraestructura de conducción de aguas.

Se han inventariado la totalidad de canales y conducciones de la isla. Su sistema de transporte hidráulico es muy amplio y puede considerarse dispuesto en general de modo lógico y eficiente. Con la culminación del túnel de trasvase Este-Oeste y la realización de un par de obras adicionales incluidas en este Plan (canal de Enlace La Laguna-Garafía y canal de Distribución del Valle de Aridane) la red de conducción de aguas de la isla puede considerarse prácticamente completa y sin deficiencias de gran relieve (salvo por lo que concierne a su conservación, que en varios casos ha sido bastante deficiente).

No se ha considerado ni necesario ni conveniente la formulación de la declaración de servicio público de transporte de agua para la isla en general o cualquiera de sus zonas.

Por otra parte, en el presente Plan Hidrológico se propone dirigir una buena parte de la inversión pública en materia de transporte de agua hacia el desarrollo de las redes de distribución de riego. Se trataría de disponer estas redes mediante conducciones a presión, con lo que podrían aplicarse técnicas de riego cada vez más eficientes, amén de lo que esta disposición supondría en materia de mejora de las condiciones de trabajo de los agricultores.

II.1.6.- Infraestructura de almacenamiento.

Los agricultores de la isla se han dotado de un sistema de regulación de aguas constituido por un crecido número de pequeños y medianos depósitos y estanques destinados al almacenamiento de los caudales sobrantes en el invierno con miras a su aprovechamiento durante el estío. El cuadro adjunto expresa las más importantes características de esa infraestructura insular de almacenamiento hidráulico.

Pese a la importante amplitud que ya alcanza este sistema insular de regulación hidráulica, todavía durante la mayoría de los inviernos se arrojan al mar sobrantes hidráulicos que no pueden ser regulados por falta de capacidad del sistema de almacenamiento. Por virtud de lo cual, una de las líneas de inversión más importante del presente Plan Hidrológico Insular se dedica al reforzamiento de esa capacidad de almacenamiento. Supondrá el beneficio adicional de poder aplicarse una más racional política de explotación del sistema insular de pozos.

¤II.1.7.- Producción industrial de agua.

No se piensa que sea menester recurrir a procedimientos de producción industrial de agua para asegurar el abastecimiento hidráulico de la isla. Dicho esto sin perjuicio de la posibilidad que se recoge en el Plan de aprovechar, mediante su reutilización, las aguas residuales urbanas que deban ser sometidas a procesos de depuración secundaria.

¤II.1.8.- El abastecimiento urbano de agua potable.

El cuadro adjunto proporciona datos relativos a las circunstancias más importantes del sistema de suministro urbano de agua potable de la isla.

Como se ve, son sintomáticas de esta infraestructura las pérdidas excesivas de agua como consecuencia de sus deficientes condiciones de conservación y explotación.

En este Plan Hidrológico se prevé un ambicioso capítulo inversor destinado a la renovación de este sector de infraestructura pública.

¤II.1.9.- El saneamiento urbano de agua potable.

Dentro del presente Plan Hidrológico Insular, y en lo que se refiere a la infraestructura de saneamiento de aguas residuales urbanas, se propone un criterio de actuación consistente en atender al desarrollo de los sistemas de alcantarillado y depuración de los núcleos más populosos de la isla, es decir, de los del Valle de Aridane y de la comarca de Santa Cruz de La Palma-Las Breñas, dejando, salvo algunas excepciones, la evacuación de las aguas residuales de los restantes a expensas del sistema tradicional de pozos negros.

SECCIÓN II.2.

PROGRAMAS DE INVERSIONES.

Con motivo de la redacción del presente Plan Hidrológico Insular se ha sometido a estudio un numeroso conjunto de actuaciones de inversión dirigidas a la realización de obras de infraestructura hidráulica. En el siguiente cuadro se suministra un resumen de sus datos.

En el cuadro siguiente se ofrece, además, un resumen de las fuentes financieras de cada línea del programa de inversiones. La segunda columna se refiere a la financiación estatal (Obras de Interés General del Estado); las dos siguientes, a la del Gobierno de Canarias (Consejerías de Obras Públicas, Vivienda y Aguas y de Agricultura); a continuación, las del Consejo Insular de Aguas y los Ayuntamientos. En la última, se incluyen las inversiones todavía pendientes de asignarles fuentes financieras.

Por otra parte, se han formulado (capítulo XIII) propuestas relativas a la realización de inversiones en materia de estudios e investigaciones, propuestas cuyos presupuestos conjuntos ascienden al centenar de millones de pesetas.

 

CAPÍTULO III

PLANEAMIENTO HIDROLÓGICO DE SUPERFICIE

Como en las restantes islas del Archipiélago, en La Palma las aguas superficiales constituyen una fuente secundaria de recursos hidráulicos; y, tal cual se explica más adelante, no es imaginable que esta situación vaya a cambiar apreciablemente en el futuro. Pero, aun así, las corrientes naturales de superficie no dejan de contribuir en cierta medida al total de los caudales aprovechados en la isla, medida que, en su mayor o menor significación práctica, no debe ser olvidada. Ofrecen, en todo caso, la ventaja de su excelente calidad química.

El interés de la escorrentía superficial no se agota, además, en la consideración de su eventual aprovechamiento: a las aguas de los cauces, siempre torrenciales y sólo presentes tras los más fuertes aguaceros, les acompaña tanto la posibilidad de su captación como la amenaza de su desbordamiento.

Así que en el presente capítulo se contemplan las aguas de superficie bajo este doble enfoque. Está organizado a base, primero, de describir las condiciones físicas, climatológicas e hidrológicas que determinan el flujo natural de las aguas superficiales (las condiciones geológicas de suelos y subsuelos se describen en el siguiente, donde se tratan las aguas subterráneas), para, después, analizar, por una parte, los problemas y circunstancias relacionados con su aprovechamiento y, por otra, los inherentes al riesgo de inundaciones. De paso, se presentan los resultados y datos básicos del balance hidrológico insular, balance que constituye un antecedente fundamental de cualquier planificación hidrológica.

Con motivo de la redacción del Avance de este Plan se realizó un estudio sobre la hidrología insular (Hidrología Superficial y Balance Hídrico de la Isla de La Palma, junio de 1992) cuyas hipótesis de trabajo y base informativa resultan difícilmente mejorables, de modo que lo que aquí se aporta al respecto no representa más que su actualización (actualización del Informe denominado "Hidrología Superficial y Balance Hídrico de la isla de La Palma", julio de 1998), actualización que ha consistido principalmente en la incorporación de las series de datos pluviométricos correspondientes a los años transcurridos entre la redacción de aquel Avance y la de este Plan.

A lo largo del presente capítulo se confrontan varias veces sus datos hidrológicos con los resultados del denominado proyecto SPA-15, realizado a principios de la década de los 70 bajo patrocinio del Gobierno español y la UNESCO. Estas comparaciones responden a la importancia que, por virtud de la amplitud de sus estudios, aún tiene el SPA-15 como antecedente y referencia ineludible en materia de hidrología general del Archipiélago y por no ocultar las importantes diferencias que se dan entre los balances hidrológicos de aquel proyecto y este Plan.

SECCIÓN III.1.

DATOS HIDROMETEOROLÓGICOS BÁSICOS.

¤III.1.1.- Red de observación hidrometeorológica.

Hasta hace tres décadas, la red de observación meteorológica de La Palma era bien precaria. Además de estar desigualmente repartidas sobre el territorio, las estaciones con series consistentes de datos resultaban escasas (llegaban apenas a la veintena y con registros bastante incompletos). Tal situación había de entenderse tanto más insatisfactoria en razón de la marcada diversidad climática (y en particular, pluviométrica) de la isla, debida a su abrupta orografía y a la variable orientación de sus comarcas ante los temporales más frecuentes, circunstancias que determinan, en definitiva, los abundantes rasgos microclimáticos propios de su territorio.

Además, las carencias de datos afectaban en especial a las regiones altas de la mitad norte insular -tan poco pobladas como para que en ellas resultara difícil disponer de estaciones de observación permanentes-, siendo así que son las más húmedas y donde se produce la mayor parte de la infiltración que alimenta los acuíferos o se genera principalmente la escorrentía superficial.

Tal era la situación en los primeros años de la década de los 70, cuando en ocasión del Proyecto Canarias, SPA-15, se elaboró un Estudio Hidrológico de Base del Archipiélago, que debió suplir la escasez de información empírica con el recurso a la inferencia estadística de los datos pluviométricos. Desde entonces para acá se ha ido ampliando apreciablemente la red hidrometeorológica, hasta llegar a la actual, reflejada en el plano III.1, y que cuenta con no menos de unas sesenta estaciones.

Sin embargo, y debido a su relativamente reciente instalación, hasta hace poco, las series de registros disponibles resultaban demasiado cortas; concretamente, el informe hidrológico del Avance de este Plan adoleció del inconveniente de estar basado en estaciones de observación pluviométrica de vida tan corta (seis años a lo sumo) como para que pudiera dudarse de la consistencia de su información básica. En gran medida, el problema ha entrado en vías de solución, habida cuenta de que en la actualidad se dispone de una red de observación relativamente densa con registros que, como poco, sobrepasan ya, los quince años.


III.1.2.- Régimen de precipitaciones.

La observación de los datos disponibles sobre precipitaciones en la isla arroja unas inmediatas y elementales conclusiones:

- La Palma es la isla más húmeda de Canarias: 740 mm/año año de pluviometría media anual frente a los 325 mm/año de promedio en todo el Archipiélago.

- Las series de precipitaciones medias mensuales de cualquier estación acusan su marcada estacionalidad, propia de un clima de tipo subtropical, como es el de La Palma y, en general, el de toda Canarias.


- El régimen de precipitaciones de la isla se caracteriza también por su fuerte irregularidad o variabilidad interanual. En cualquier estación pluviométrica, la desviación standard de la serie de sus datos anuales supera, por lo general, la cuarta parte de su módulo anual.

- El régimen pluviométrico de cada zona está en gran manera determinado por su vertiente y su cota. Son más húmedas las zonas abiertas a los temporales habituales y que aportan lluvias más intensas (los de N-NE). Y, desde luego, hay una correspondencia positiva y muy estrecha entre cota y pluviometría. La conjunción de estos dos factores determina que los máximos pluviométricos se sitúen en la zona de las cumbres del término municipal de Barlovento, donde se alcanzan valores promedios que superan los 1.400 mm/año.

Por lo demás, estos últimos efectos quedan patentes en el plano III.2, en el que se dibujan las isoyetas medias anuales de la isla.

Hay que dejar consignado que existen apreciables diferencias entre los valores pluviométricos de la isla obtenidos por los estudios del presente Plan y los inferidos por el SPA-15. Éste operó sobre series de precipitaciones entre un 10% y un 30% superiores, y ello porque a medida que se alargan las series de datos pesan cada vez menos las precipitaciones de la década de los 50, que resultó especialmente húmeda en Canarias. Sin embargo, y con todo, dicho proyecto apreció por defecto las precipitaciones en las zonas de cumbres; según él, los máximos pluviométricos de La Palma alcanzaban los 1.000 mm/año; para los estudios de la presente planificación se alargan hasta cerca de los 1.500 mm/año; de modo que los promedios insulares aumentan desde los valores de 650 mm/año para toda la isla del SPA-15 a los 740 mm/año de este Plan. La inexistencia de datos -a la que se aludió más arriba- en las zonas centrales del territorio insular representa la explicación de estas discrepancias, que lógicamente aquí no puede por menos que atribuirse a defectos de las estimaciones correspondientes a la época de elaboración del SPA-15.

Es de destacar, a su vez, que con respecto al estudio hidrológico del Avance, su actualización, si no ha introducido modificaciones en la pluviometría media de la isla (740 mm/año), sí las ha supuesto en el trazado de las isoyetas. Puede llamar la atención, por ejemplo (plano III.2), el "seno" o inversión pluviométrica que se dibuja alrededor de la línea dorsal de cumbre, al sur de la Caldera de Taburiente. Responde a una circunstancia ya observada al realizar aquel primer estudio, pero cuya existencia no se reflejó en los planos a la espera de que más amplias series de datos lo confirmaran: Ahora ha vuelto a hacerse notar el hecho de que las estaciones situadas en el mismo filo de la cumbre o en su inmediata proximidad tienen medias pluviométricas anuales netamente inferiores a las situadas por debajo de ellas, contradiciendo la norma general en la isla de crecimiento de las precipitaciones con la cota.

III.1.3.- Otras variables meteorológicas.

Las circunstancias de la red pluviométrica se repiten con respecto a las de observación de las restantes variables atmosféricas. Las estaciones termométricas escaseaban aún más que las de lluvia y sus series eran más cortas. En la actualidad, hay una docena de estaciones con datos relativos a insolación, pero la mayoría tienen a lo sumo diez años de funcionamiento. Del régimen de vientos, solo la estación de Mazo-Aeropuerto dispone de registros que superen la década. Ello no obstante, algunas de estas variables meteorológicas (y, particularmente, las termométricas) se producen con rasgos variabilidad territorial y temporal menos acusados que las precipitaciones, por lo que la menor densidad de puntos de registro o sus más cortas series de observación no necesariamente tienen por qué significar inferior precisión informativa.

Sobre los valores de la evaporación en lámina libre no se cuenta con otra referencia empírica que el producto de un corto número de experiencias practicadas con ocasión del SPA-15. Que se sepa, a pesar de los 25 años transcurridos desde la realización de esos experimentos, sus resultados son todavía los únicos de carácter empírico disponibles en relación con esta variable.

El régimen de temperaturas de la isla se caracteriza por su suavidad. El gráfico de la siguiente página refleja las medias mensuales de la temperatura en el aeropuerto de la isla. Las variaciones diarias de temperatura son también francamente reducidas (7-8û C). Como cabe suponer, hay un apreciable gradiente termométrico en función de la altura, que viene a representar un descenso de unos 0,5ûC por cada 100 m de ascenso en cota.

Los vientos dominantes son los de componente NE, correspondiente a la dirección de los alisios.

Los datos de las experiencias de evaporación en lámina libre referidos anteriormente cifran sus valores en alrededor de 1.500 mm/año (La Viña) o en unos 1.200 mm/año (Barlovento).


III.1.4.- Evapotranspiración.

En el estudio hidrológico de base a este Plan se realizó un detallado análisis de la evapotranspiración. Como las cifras de esta variable determinan fundamentalmente los valores definitivos de los distintos términos del balance hidrológico insular, no puede excusarse una breve descripción a sus hipótesis y metodología de cálculo.

La evapotranspiración real (ETR) se estimó a partir de la precipitación (P), de la reserva de agua acumulada en el suelo -en su capa más superficial y hasta donde llegan los sistemas radiculares de la vegetación presente en la zona- y de la evapotranspiración potencial (ETP).

En primer lugar, mediante la fórmula de Thorntwhite, se determinaron los valores anuales de la ETP en la totalidad de las estaciones termométricas de la isla, valores que pasaron a expresarse como funciones de la cota de la estación (Se consideró, sin embargo, que en las zonas por encima de la cota 1.200 m, esa fórmula representaba defectuosamente los fenómenos de evapotranspiración, ya que, sobrepasada la capa de nubes, en este fenómeno influye sobre todo la intensa radiación solar que reciben los suelos. De modo que, en tal caso, la evapotranspiración potencial se determino por aplicación de la de Penman-Montheith).

Se contó así, en suma, con tres curvas que relacionaban cota y ETP, individualizadas para las vertientes nororiental, suroriental y occidental. De modo que, tras dividir la superficie insular según una malla cuadrangular de unas 150 celdas, conforme a su cota y orientación y de acuerdo con los datos de las referidas curvas, a cada una de ellas se le asignó un valor de la ETP. Como, al tiempo, se había calculado la distribución mensual de la evapotranspiración potencial en las diferentes zonas de la isla, pudo asignarse también a cada celda los valores mensuales de su evapotranspiración.

Para la determinación del destino del agua caída sobre cada punto de la isla se realizó un cálculo de la evapotranspiración real, que vino precedido de la apreciación separada de la evaporación, por un lado, y la transpiración por otro.

Al objeto de estimar la fuerza evaporante de la atmósfera se partió de un estudio de los días de lluvias producidos en las estaciones con respecto a las cuales se disponía de datos de precipitaciones diarias. De acuerdo con ellos se definió una función media que ligaba la intensidad de las precipitaciones de cada mes con su número de días de lluvia, con lo que, celda a celda, pudo disponerse de una estimación mensual de días lluviosos. Se supuso que es precisamente a lo largo de ellos (con la adición de uno o dos más para tener en cuenta la evaporación producida incluso después de haber cesado las lluvias y antes de que el suelo se haya secado por completo) cuando se hace efectiva la evaporación.

En cada celda se estableció un coeficiente de reparto entre la transpiración y la evaporación en función de la parte de su superficie cubierta de vegetación y del tipo y densidad de ésta. Con la aplicación sistemática de esta función fue posible determinar las cifras de su directa evaporación a la atmósfera.

Al tiempo, se estudiaron los valores de la capacidad de retención típica de los diferentes tipos de suelos como una variable dependiente de sus características edafológicas y de su cobertura vegetal y con ayuda de los datos del Mapa de las Series de Vegetación de España (Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, 1987), de los planos de Vegetación Natural Comparada (confeccionados por el ICONA y editados por el Cabildo Insular de La Palma) y de la información suministrada por el Departamento de Edafología de la Universidad de La Laguna.

En general, la capacidad de retención más baja utilizada (al margen de los suelos urbanos y las coladas recientes, donde se supuso nula) fue la correspondiente a las laderas altas de la cara exterior de la Caldera de Taburiente, en las que la vegetación predominante es el codesar, y donde se fijó en 10 mm. La mayor se asignó a los núcleos más frondosos de laurisilva, donde se supuso equivalente a 325 mm. Valores intermedios fueron atribuidos a los terrenos de tabaibal y de cardonal de la costa, a los diferentes tipos de pinares y a los demás tipos de terrenos y vegetación.

A resulta de todo ello, pudo disponerse de una estimación de la capacidad de retención propia de los suelos de cada punto de la isla, esto es, en cada una de las celdas en que se había repartido su superficie.

A partir de las estimaciones relativas a los valores de pluviometría, días de lluvia, evaporación, transpiración y capacidad de retención se pasó a calcular el valor de la evapotranspiración real mediante balances diarios del agua recibida, retenida o cedida por el suelo de cada una de las celdas de la malla.

El cálculo respondió a una concreta mecánica basada en la realización de una secuencia de balances diarios y con arreglo a los siguientes principios o criterios:

- Se iniciaba en todos los casos en el primer día del mes de octubre, en el cual se suponía que la reserva de agua del suelo estaba agotada, esto es, que era nula.

- En cada día, si la precipitación superaba a la evapotranspiración potencial, la evapotranspiración real se hacía igual a la potencial.

- En el mismo caso -esto es, si la precipitación superaba a la evapotranspiración potencial- la diferencia entre una y otra daba un saldo apto para incrementar la reserva de agua del suelo.

- Cuando la acumulación en esta llegaba a superar la capacidad de retención de dicho suelo, el excedente se consideraba caudal útil para recargar el subsuelo o para generar escorrentía superficial.

- Por contra, cuando la evapotranspiración potencial superaba a las precipitaciones, la diferencia entre ambas se detraía de la reserva de agua del suelo.

- En el mismo caso, mientras existía saldo positivo en dicha reserva, la evapotranspiración real se igualaba a la potencial, y, cuando no, a las precipitaciones.

- En los casos en que al final de septiembre la reserva de agua del subsuelo resultaba nula, se daba por concluido el cálculo.

- Si a finales de septiembre, dicha reserva era positiva, el cálculo se volvía a iniciar tanteando un valor inicial en la reserva del suelo que coincidiera con el final.

Una vez concluidos los cálculos relativos a los balances, la adición de los valores parciales correspondientes a todas las etapas del cálculo en relación con la evapotranspiración real y los saldos para recarga e infiltración, suministraron el valor definitivo de estas variables en la celda bajo consideración.

Los valores obtenidos de esta manera para la evapotranspiración real en el conjunto de las celdas de cálculo ascendieron a 348 mm/año, esto es, en promedio, al 47% de la pluviometría insular.

En el plano III.3 se representan las isolíneas de evapotranspiración real. Refleja el panorama general de la distribución del fenómeno sobre la superficie de la isla.

Quedan patentes en él ciertas franjas o áreas con valores mínimos de la evapotranspiración real que, con dirección principal de cumbre a mar, resaltan a la altura de Mazo y Fuencaliente o en el Valle de Aridane. Estos mínimos coinciden con bandas y zonas de coladas recientes (malpaíses), escasas de vegetación y muy permeables, que facilitan la infiltración de las aguas de precipitación y dejan escaso margen para que operen los fenómenos de evaporación y transpiración.

Igualmente, aparecen áreas de máxima evapotranspiración real en las zonas de laurisilva o, en general, de vegetación muy frondosa, principalmente en las caras exteriores de las paredes septentrionales de la Caldera de Taburiente y en los tramos medios de la cordillera dorsal (términos municipales de Santa Cruz de La Palma y las dos Breñas).

SECCIÓN III.2.

EL BALANCE HIDROLÓGICO INSULAR.

¤III.2.1.- Escorrentía e infiltración.

Según se ha dicho ya, los excedentes generados al colmarse la capacidad de retención del suelo quedaban disponibles para alimentar los flujos de escorrentía superficial y de recarga del subsuelo.

La separación de estos dos flujos se realizó a partir de una estimación del coeficiente de escorrentía atribuible a los distintos terrenos de la isla.

En esta asignación se echó mano de la experiencia disponible en relación con la escorrentía superficial en la Caldera de Taburiente y de los barrancos en los que se emplazan tomaderos de la Laguna de Barlovento.

En general, puede destacarse que, con la salvedad de los terrenos de la propia Caldera de Taburiente, los suelos de La Palma son permeables o muy permeables. Resultan, además, notables los fenómenos de infiltración en cauce: los obstáculos que en su camino encuentran los cursos de agua, las hoyas y los tramos en terrenos de gran permeabilidad favorecen importantes infiltraciones localizadas o la pérdida difusa, pero muy apreciable, del caudal de sus avenidas.

Por otra parte, la permeabilidad superficial de los terrenos de zonas altas, sobre todo en las laderas de la fachada exterior de la Caldera de Taburiente, es especialmente significativa. La relativa modernidad de la geología superficial propias de esas zonas favorece tal circunstancia.

Puede significarse, por consiguiente, que, dentro de la mayoría de los cauces, el coeficiente de escorrentía suele ser alto en cabecera, disminuye en zonas de medianías y aumenta otra vez en sus tramos finales, de modo que si bien es posible que se produzcan avenidas con relativa frecuencia en los cursos altos de los barrancos más importantes, rara vez llegan éstas a sus tramos inferiores, resultando realmente infrecuente que acaben desaguando caudales al mar.

En definitiva, el cálculo de los flujos de escorrentía superficial de toda la isla se organizó con arreglo a la referida distribución de coeficientes de escorrentía. El cómputo se inició en las celdas coincidentes con las divisorias de aguas de las principales líneas de cumbres. En cada una de ellas, y según el coeficiente que les hubiera correspondido y sus precipitaciones, se calculaban los flujos superficiales de agua que proporcionaban.

A continuación, y de acuerdo con la disposición de la red hidrográfica insular, se pasaba a estudiar las celdas hacia donde escurrían los caudales generados por las anteriores. En las nuevas, las aportaciones disponibles para generar escorrentía estaban determinadas por la suma de las ocasionadas por sus propias precipitaciones más los caudales provenientes de las superiores. A estas aportaciones se les aplicaba el propio coeficiente de escorrentía de la celda bajo consideración. Con lo cual se disponía de otras estimaciones de escorrentía, válidas para el nuevo orden de celdas. Y así sucesivamente, hasta llegar a las celdas donde se situaba la línea de costa, cuyos sobrantes se suponían que vertían al mar.

En cada caso (en cada celda), se determinaban los flujos de su recarga al subsuelo detrayendo a sus aportaciones (lluvia más caudales llegados por escorrentía desde celdas superiores menos evapotranspiración) su propio caudal de escorrentía.

Con lo cual se llegó a disponer de una distribución de los flujos de escorrentía e infiltración a lo largo y ancho de la superficie insular. Por agregación de los valores del conjunto de la isla se determinaron los términos globales del balance hidrológico insular. Los resultados obtenidos son los que recogen el próximo apartado.

¤III.2.2.- El balance hídrico.

Los gráficos de la siguiente página ofrecen los resúmenes finales de los datos relativos a los balances hidrológicos insulares según los estudios hidrológicos del Avance y su actualización. Van seguidos de los mismos valores conforme a las determinaciones del SPA-15. No es menester resaltar en las evidentes diferencias cuantitativas reflejadas los resultados de este plan con respecto a los de aquel estudio.

III.2.3.- Sobre la precisión del balance hídrico.

Así pues, con respecto a los valores del balance hidrológico insular ofrecidos por el SPA-15, en el presente Plan se entiende que la isla es más lluviosa de lo allí que se supuso, que su escorrentía superficial es bastante menor de la estimada por él y apreciablemente mayor la recarga a los acuíferos.

Visto lo cual, parece del caso preguntar si a de este Plan Hidrológico no le sucederá lo propio, de suerte que ulteriores estudios deban corregir en grado substancial las estimaciones que ahora se aportan. Que es como inquirir por cuál es la precisión que se atribuye a los resultados de su balance hidrológico.

Para responder a esta cuestión ha de empezarse señalando que, de las cifras dadas para los cuatro términos del balance hidrológico (precipitación, evapotranspiración, escorrentía y recarga), sólo una: la de la precipitación, constituye un dato empírico y proviene de una directa medición de su magnitud. Las demás se deben a la aplicación de fórmulas empírico-teóricas de utilización más o menos general y sancionadas por la práctica (la evapotranspiración), al criterio de técnicos con dilatada experiencia en la materia (la escorrentía) o al balance de las demás cantidades (la infiltración).

La pluviometría.

Los datos pluviométricos pueden asimilarse a valores de variables aleatorias. Las del balance (o las que reflejan las isoyetas) representan medias muestrales, es decir, estimaciones del correspondiente estadístico. Cabe, pues, acotar su exactitud. Concretamente, las pluviometrías medias de las estaciones de más larga vida en la isla (cuyas series de registros se aproximan ya a los 50 años) tienen un margen de error que, con un nivel de confianza del 90%, suele variar entre ± 5 y ± 10%. En las de instalación más reciente, que llevan 13 años funcionando, este margen de error se mueve por lo general entre ± 15% y ± 20%, también para un nivel de confianza del 90%.

La precipitación media de la isla, no obstante, puede verse como una función de la pluviometría del conjunto de sus estaciones de observación. En este caso, la estimación de la exactitud de sus valores constituye un complicado problema de estadística inferencial de nada sencilla formulación y resolución. Se ha estimado, en todo caso, que el valor de la pluviometría media insular puede estar entre ± 10% y ± 15% (siempre con un nivel de confianza del 90%).

Y este es, en suma, el nivel de precisión que cabe atribuir a los valores dados en este Plan con respecto al módulo pluviométrico medio de la isla. Cuando se dice, por consiguiente, que asciende a 740 mm/año, ha de entenderse que esta cifra se puede mover arriba o abajo hasta unos 75 mm/año e incluso más.

Se considera, por otro lado, que el actual número de estaciones de observación pluviométrica de la isla (unas 60) es suficiente para las estimaciones hidrológicas aportadas. No son de temer, pues, los desenfoques del SPA-15, debidos a la total carencia de datos pluviométricos en amplias comarcas de la isla.

La evapotranspiración.

Los datos dados sobre la evapotranspiración se han obtenido por aplicación de métodos de estimación y procedimientos de cálculo propios de la hidrología técnica. Prácticamente, carecen de apoyo empírico en Canarias y, desde luego, de ninguno relativo a La Palma. Por tanto, aunque gozan el respaldo científico que representa su utilización universal, no dejan de encerrar su buen margen de incertidumbre; entre otras cosas, porque habiendo varias fórmulas disponibles, cabe por lo menos el grado de subjetividad que implica elegir una u otra.

En los trabajos de hidrología del Avance y de su actualización se han exprimido al máximo las posibilidades de esos métodos, pero las sofisticaciones de cálculo no descartan el hecho de que desde un principio se esté operando sobre estimaciones cuyo grado de precisión se desconoce verdaderamente.

La escorrentía.

En Canarias, las estimaciones de la escorrentía superficial han constituido tradicionalmente la fuente de apreciables imprecisiones, incluso con trascendencia práctica. En verdad, siempre se ha carecido casi absolutamente de cualquier tipo de referencia empírica sobre ella. Los diferentes autores aplicaban, por tanto, los coeficientes de escorrentía que en razón de su experiencia profesional entendían más adecuados. Por lo general, se acudía a valores plausibles en otras latitudes (sobre todo en la Península). No es de extrañar, por tanto, que variaran substancialmente entre un trabajo y otro (cosa que todavía se aprecia al comparar los datos ofrecidos por los avances de la planificación hidrológica de las distintas islas). Así, eran habituales propuestas de coeficientes de escorrentía comprendidas entre el 10% y el 25% de las precipitaciones.

El caso es que al acometerse los trabajos técnicos correspondientes al Plan de Balsas del Norte de Tenerife, pudo comprobarse que las aportaciones de la red hidrográfica de la isla, no llegaban, ni por asomo, a esos valores. Y al respecto, hay bastantes razones de tipo geomorfológico e hidrológico para suponer que Tenerife y La Palma pueden tener un comportamiento muy similar.

El cúmulo de datos que supone la observación durante años del comportamiento de los barrancos de Tenerife (sobre todo de los conectados a sus balsas) más las contadas apreciaciones disponibles para La Palma (Caldera de Taburiente y barrancos con tomas para la Laguna de Barlovento) representan la base de las propuestas de este Plan en relación con la escorrentía. Ya se entiende que dichas observación y apreciaciones son en buena manera cualitativas, por lo que a la cifra dada del 3% de coeficiente de escorrentía para la isla le cabe un apreciable margen de error, pero nunca tan grande como para que fueran admisibles los valores antiguamente al uso (del tipo de los del SPA-15, por ejemplo).

La infiltración.

El valor de la recarga se ha obtenido por diferencia, es decir, detrayendo al valor de las precipitaciones, los de la evapotranspiración y la escorrentía. Con lo cual, los márgenes de error de una variables y otras se acumulan.

Si se acepta que el margen de incertidumbre de aquéllas es de ± 10%, y aun suponiendo que los valores de la evapotranspiración y la escorrentía fueran totalmente exactos, una elemental aplicación de la teoría estadística llevaría a la conclusión de que el de la recarga no puede ser inferior a ± 20% (nivel de confianza del 90%). Que es la precisión con la que, en el mejor de los casos y siendo optimistas, puede estimarse que se conoce esta variable.

III.2.4.- Las actuaciones relativas a la mejora del conocimiento de la hidrología insular.

A raíz de todo lo dicho, merece la pena apuntar algunas consideraciones relativas a la posibilidad de aumentar el grado de precisión con que se conocen los términos del balance hidrológico insular.

Con relación a los datos pluviométricos, sucede que sus valores provienen de la observación de un fenómeno natural, observación que exige el transcurso del tiempo necesario para que el fenómeno se produzca. Y toca la casualidad que el ritmo con que sus datos ganan precisión en el tiempo es muy lento. Así, el margen de error de la pluviometría media de cualquier estación es inversamente proporcional a la raíz cuadrada del número de sus años de funcionamiento. Aquel margen, pues, de entre ± 5% y 10% que se atribuía a las estaciones con series próximas a los 50 años se habrá reducido (si para entonces siguen en funcionamiento) a la mitad hacia mediados del siglo XXII. A las de 13 años de vida les sucederá lo propio dentro de 40 años.

Son tan reducidas, por tanto, estas ganancias marginales de exactitud en los datos de la red existente como para que no quepa esperar substanciales mejoras de ella dentro del horizonte de una vida humana. No es asunto este, por tanto, en el que puedan esperarse avances tangibles, si no es a largísimo plazo.

Lo lógico consistiría en ocuparse de las zonas que estuvieran relativamente desprovistas de estaciones de observación, porque en tal caso, pocos años de observación rendirían substanciales resultados. Pero como se ha dicho, la red que se maneja en la actualidad parece, en general, suficientemente amplia y, desde el punto de vista de la hidrología general de la isla, se entiende que su aumento no va a producir muy apreciables frutos.

En relación con la evapotranspiración, apenas cabe imaginar la posibilidad de impulsar trabajos experimentales. Su coste los torna prohibitivos, pero además pueden suministrar datos puntuales sobre la ocurrencia del fenómeno en una determinada zona y en un concreto tipo de terreno y de vegetación, mas con respecto a áreas amplias habrán de seguirse utilizando las fórmulas y procedimientos al uso.

Ya se ha comentado que las características de los cauces y avenidas de la isla dificultan extraordinariamente el funcionamiento de los normales procedimientos de aforo de cursos de agua. Con ocasión del SPA-15, en los barrancos de Tenerife se instalaron algunas estaciones de aforo a las que, con un notable costo, se mantuvo en explotación durante más de una década. Vista su práctica inutilidad, se abandonaron totalmente a comienzos de los 80.

Hay que decir, en definitiva, que a propósito de los distintos términos del balance hidrológico, no es muy probable que en el futuro puedan mejorarse substancialmente las cifras de este Plan Hidrológico Insular. Si en adelante llegan a aventurarse otras, dudosamente, antes de que pasen décadas, podrán tener niveles de precisión o certidumbre substancialmente superiores a las de él.

SECCIÓN III.3.

LA RED HIDROGRÁFICA Y SUS APORTACIONES.

III.3.1.- La red hidrográfica.

El grado de desarrollo de la red hidrográfica es muy diferente en las distintas comarcas de la isla. Debido a su configuración en forma de un triángulo alargado hacia el sur, la estrechez de las vertientes meridionales concede poco espacio para el desarrollo de un sistema de avenamiento perfectamente consolidado. Se suma a ello la relativa juventud geológica de estas zonas, que hace que dicho sistema aún no haya tenido tiempo para consolidarse plenamente.

En las zonas centrales, sin embargo, y merced a ciertos fenómenos geológicos, se ha abierto el sistema hidrográfico de la Caldera de Taburiente cuya cuenca junto con la de su salida natural por el barranco de Las Angustias es, por superficie y aportaciones, de las mayores de Canarias.

Con la salvedad de los barrancos de la Caldera, los cauces naturales sólo conducen agua tras la descarga de los más fuertes aguaceros. Aunque no se dispone del hidrograma correspondiente a ninguna avenida que no sea de Las Angustias, cabe decir que el flujo de las aguas superficiales es sumamente torrencial, con un frente de avenida que transporta gran cantidad de arrastres y una efímera cola de agotamiento (Este tipo de aluviones es el común de áreas secas, tal como la vertiente mediterránea de la Península, y en hidrología de crecidas reciben la denominación de avenidas relámpago).

La regulación de ribera resulta casi despreciable fuera de la Caldera de Taburiente: las aguas que se infiltran en el terreno van a parar a los acuíferos profundos, por completo desconectados del sistema de avenamiento de superficie.

Ni siquiera se dispone de estadísticas relativas a la frecuencia con que se producen las avenidas en los cauces más importantes. Echando mano de estimaciones e impresiones subjetivas puede decirse que lo común es que, en la zona norte de la isla, los barrancos descarguen por término medio dos o tres veces cada invierno.

En el norte, la morfología de los cauces es la típica de una red de avenamiento bien desarrollada. En muchos casos, los lechos de los cauces constituyen sólo el fondo de barrancos de gran profundidad, abiertos en ocasiones como cañones o tajos de impresionantes dimensiones y belleza.

La situación de la red hidrográfica en las diferentes zonas de la isla es la que se describe a continuación:

a) Punta meridional.

La zona, que puede identificarse con el municipio de Fuencaliente no tiene, prácticamente, red hidrográfica desarrollada. Hay un sistema de barranqueras de pequeñas dimensiones en longitud y profundidad que desaguan muy rara vez, y exclusivamente en ocasión de los mayores temporales y sólo mientras éstos descargan.

b) Vertiente de Tazacorte.

Corresponde a los términos municipales de Tazacorte y Los Llanos de Aridane. En cuanto a la hidrografía, su situación es parecida a la de la zona anterior, aunque el sistema de barranqueras está más desarrollado, pero tampoco conduce agua, sino tras los temporales más violentos.

c) Vertiente de Mazo.

Coincide con los términos municipales de Mazo, Breña Baja y Breña Alta y parte de El Paso. La red hidrográfica está bastante más desarrollada que en los casos anteriores, pero conformando un sistema de barranqueras paralelas y muy próximas, lo que determina la estrechez y escasa superficie de sus cuencas. Tampoco hay más escorrentía que la ocasional derivada de los temporales más fuertes, pero sus aluviones pueden alcanzar gran violencia.

d) Vertiente noroccidental.

Corresponde a la región de los términos municipales de Tijarafe, Puntagorda y Garafía. Está surcada toda ella por una serie de barrancos muy consolidados, varios con cuencas hidrográficas relativamente amplias, y capaces de generar escorrentía tras aguaceros de mediana intensidad. Sus avenidas son frecuentes y resultan raros los inviernos en que no se produce alguna.

e) Vertiente oriental.

Términos municipales de Barlovento, San Andrés y Sauces, Puntallana y Santa Cruz de La Palma. Región como la anterior, pero con una red de barrancos aún de mayor desarrollo. Sus torrentadas son más frecuentes incluso que en la zona anterior como consecuencia de su mayor pluviosidad. En varios de los barrancos de la zona hay tomaderos conectados con la balsa de La Laguna de Barlovento (barrancos de Franceses, Adarnero, Herradura y del Agua). Se estima que proporcionarán un volumen medio anual rondando los 700.000 m3/año.

f) La Caldera de Taburiente.

Por su conformación estructural y por su orografía y geología es un caso singular. Representa una de las cuencas hidrográficas más extensa de Canarias (56 km2), y de las de mayores aportaciones hídricas. Por los barrancos de su interior discurren una serie de arroyos que en la actualidad constituyen uno de los pocos ejemplos en el Archipiélago de corrientes superficiales permanentes. Coincidiendo con las épocas de lluvia, el caudal de estos barrancos aumenta notablemente, hasta el punto de conformar avenidas de notable caudal y violencia. La Caldera tiene su salida a través del profundo tajo que constituye el barranco de Las Angustias. En el mismo umbral de la Caldera, donde arranca el barranco, en el punto denominado Dos Aguas (cuenca: 36,2 km2) hay un tomadero; aguas abajo, otros tres consecutivos denominados La Estrechura (41,5 km2), La Viña (49,3 km2) y Las Casitas.

En los siguientes cuadros se presentan datos correspondientes a los principales barrancos de la isla (de todos lo que corren sin interrupción de cumbre a mar y de los de mayor cuenca entre los restantes), cuya situación se ofrece en el plano III.6.

En este cuadro, la columna encabezada con el título "Área, z>500" refleja la superficie de las cuencas (en km2) situada por encima de los 500 m de cota, que, por lo general, es aquélla en la que la captación se puede verificar en las mejores condiciones para el aprovechamiento de sus caudales; la penúltima se refiere a la pluviometría media en la cuenca y la última al valor medio (en hm3/año) de sus aportaciones en la sección correspondiente a su desembocadura y, entre paréntesis, en la de los susodichos 500 m de cota.

En todo caso, ha de manifestarse que el comportamiento de cada concreto barranco con respecto a sus aportaciones es algo predecible con cierta seguridad exclusivamente tras estudios detallados de sus circunstancias geomorfológicas, estudios que, salvado el caso del de Las Angustias, no se ha realizado en relación con ninguno de La Palma.

Por lo cual, ha de entenderse que las cifras reflejadas en la última columna relativa a las aportaciones de escorrentía se presentan a título meramente estimativo u orientativo, y nada más.

III.3.2.- Las aportaciones superficiales.

Como queda de relieve en el cuadro anterior, son muy contadas las cuencas que presentan volúmenes medios de aportaciones superiores a los 500.000 m3/año, ya sea en cota de 500 m o a nivel del mar.

Las aportaciones de la Caldera de Taburiente fueron evaluadas mediante un análisis específico: el Estudio del Aprovechamiento de los Caudales Circulantes por el Barranco de Las Angustias.

Las corrientes permanentes de la Caldera provienen de nacientes que manan en su interior y, principalmente, de un conjunto de siete galerías perforadas en las vertientes que la circundan. Ha de advertirse que, en este Plan, las aportaciones de dichos nacientes y galerías se han contabilizado entre las aguas superficiales, y no entre las subterráneas.

Al objeto de que pueda apreciarse su grado de variabilidad, en el siguiente se presentan los caudales anuales circulantes por Dos Aguas para el período 1970-1990.


Dicho esto, es menester referir que los caudales circulantes por Dos Aguas suponen una aportación media anual de 22,3 hm3 (media del período 1950-1990), de los cuales 9,4 hm3/año son de origen superficial y 12,9 hm3/año subterráneo. Como parte importante de estos caudales se captan en La Viña, a la altura de los tomaderos bajos pasan sólo unos 12,3 hm3. Por debajo de ellos, los caudales circulantes disminuyen apreciablemente, al aumentar la infiltración en el cauce, de tal manera que se estiman en poco más de 7 hm3/año el valor medio de los volúmenes de agua vertidos al mar.

SECCIÓN III.4.

EL APROVECHAMIENTO DE LAS AGUAS SUPERFICIALES.

¤III.4.1.- Situación actual.

Antes de presentar datos sobre la captación y aprovechamiento de los caudales del barranco de Las Angustias conviene ofrecer una explicación preliminar: esta captación se efectúa con una serie de tomaderos, es decir, mediante pequeños azudes, adosados a los cuales, y aguas abajo de ellos, se dispone un canal de derivación, protegido con unos perfiles de hierros, colocados a guisa de enrejado, que impide la entrada en él de los cantos de mayor tamaño arrastrados por las avenidas. En los mismos canales de derivación se emplazan desarenadores, para favorecer la sedimentación de los acarreos que no han podido retener las rejas (fotografía siguiente).

Como se apuntó ya, en el barranco de Las Angustias hay cuatro tomaderos consecutivos; el primero -o más alto- de los cuales (Dos Aguas) es, a efectos prácticos y con mucho, el principal, y se emplaza en el mismo umbral de la Caldera. Aguas abajo de él están los de La Estrechura, La Viña y Las Casitas. A partir de ellos, y mediante diversos sistemas de canales, las aguas captadas se distribuyen por todo el Valle de Aridane.

Ya puede comprenderse que estos tomaderos ven reducida su capacidad instantánea de captación de los caudales de avenida en función precisamente de las dimensiones del canal de derivación. Una circunstancia adicional afecta, además, a la conducción de las aguas derivadas y, consecuentemente, al volumen aprovechado: que haya suficiente capacidad libre de embalse en el valle como para almacenarlas; durante los inviernos más húmedos, las aguas que bajan de la Caldera llegan a colmar su sistema de almacenamiento, de modo que, aunque los tomaderos siguen derivando agua, ésta acaba arrojándose otra vez al barranco.

Así que, dependiendo de estas particularidades, en los cuadros de la siguiente página se distingue entre caudales circulantes (que llegan a los tomaderos), caudales captados (que se derivan a partir de ellos) y distribuidos (que se conducen hasta el valle y se almacenan allí). Ha de anotarse, en todo caso, que en el canal que arranca de Dos Aguas (Dos Aguas-Los Barros) se efectuaron hasta 1984 importantes obras de recrecimiento que comportaron un substancial aumento de su capacidad de transporte, la cual pasó de 1,0 a 2,3 m3/seg. Sin embargo, los datos de los cuadros obvian esta circunstancia, y se refieren al promedio de las aguas hipotéticamente captadas en el período 1950-1990, como si su cabida hubiera sido siempre la actual.

En el segundo de los cuadros referidos se reflejan las cifras relativas a los caudales derivados anualmente en el conjunto de los tomaderos del barranco de Las Angustias según que el año correspondiente haya sido seco, normal o húmedo (se considera como seco aquél año cuyas aportaciones, dentro de la serie de las anuales, tenga una probabilidad del 75% de ser superada; normal, si esa probabilidad es del 50%; y, húmedo, del 25%). En el tercero y último de los cuadros, se presentan los datos concernientes a las aportaciones estacionales (mensuales) del barranco a la altura de Dos Aguas.

Por lo que se refiere al exterior de la Caldera, el único aprovechamiento existente en la práctica es el de La Laguna de Barlovento. Según se comentó más arriba, consiste en una balsa a en la que desembocan los canales de derivación de un conjunto de cuatro tomaderos construidos en otros tantos barrancos. En los pocos años que lleva en servicio ha permitido la captación de una aportación media rondando los 0,7 hm3/año (0,5 hm3 en años secos y alrededor de 1,0 hm3 en los húmedos).

Por lo demás, en relación con las aguas superficiales de la isla, se plantea, como principal asunto de trascendencia práctica, el de dilucidar si es posible aspirar a un incremento substancial de su actual nivel de su aprovechamiento. La respuesta a esta cuestión ha de darse desde el doble punto de vista que supone el considerar las corrientes superficiales como originadas o no dentro de la Caldera de Taburiente.

¤III.4.2.- Los problemas de la captación de las aguas superficiales exteriores a La Caldera.

Con respecto a la captación del agua de los barrancos exteriores a La Caldera, ha de contarse con los serios inconvenientes que se concitan contra la regulación de sus caudales; a saber:

- El carácter sumamente torrencial de estas aportaciones, determinado por su irregular y esporádica presentación. Circunstancia que obliga a disponer importantes capacidades de regulación en relación con el volumen de agua captado. Esto es, contando con que las avenidas de un barranco típico se producen por lo general de forma puntual e imprevisible y un contado número de veces por invierno, habrá de disponerse de embalses de crecida capacidad en relación con el volumen de agua captado cada año, capacidad que se colmará al sobrevenir esa o esas avenidas, para irse vaciando el resto del año, a medida que se utiliza el agua.

- La alta permeabilidad de las formaciones geológicas que constituyen la superficie de la mayor parte de la isla. Lo cual obliga a pensar inexcusablemente en la total impermeabilización del vaso de cualquier embalse de regulación construido fuera de La Caldera de Taburiente, impermeabilización que solo puede asegurarse a costes muy considerables.

- Las características topográficas de los barrancos, que se abren con mucha frecuencia formando verdaderos cañones, donde es difícil hallar vasos adecuados para el almacenamiento de sus aportaciones. En las condiciones propias de los barrancos de la isla, se suele recurrir a lo que comúnmente se denominan en Canarias balsas, es decir, embalses construidos fuera del propio cauce cuyas aguas se pretenden aprovechar (la propia Laguna de Barlovento en La Palma o las típicas balsas del norte de la isla de Tenerife). Pero esta disposición constructiva acarrea muy significativos costes por cada metro cúbico de capacidad de embalse habilitado.

- La gran cantidad de materiales sólidos que arrastran las aguas superficiales, materiales que añaden dificultades a su regulación por lo que supone el riesgo de muy rápido aterramiento de los vasos de embalse.

- La conformación de la red hidrográfica a base de múltiples cauces, de cuencas -y, por ende, de aportaciones- reducidas. Lo que apenas da margen para disfrutar de las notables economías de escala propias de la construcción de embalses y balsas de regulación de aguas.

El conjunto de estas circunstancias determina muy frecuentemente que, salvado el caso de la Caldera de Taburiente, el aprovechamiento de las aguas superficiales de los barrancos de La Palma represente una iniciativa de aprovechamiento hidráulico dificultosa y habitualmente poco rentable, esto es, una iniciativa cuyos costes unitarios de producción (en ptas./m3 de agua aprovechado) supera la mayor parte de las veces los propios de otras opciones de abastecimiento de agua disponibles para garantizar la demanda hidráulica de la isla.

Con todas las dificultades que ha sido preciso vencer hasta su definitiva puesta en servicio, la Laguna de Barlovento constituye el óptimo de este tipo de explotación hidráulica, por cuanto en ella se presentan en su máximo las condiciones favorables de un aprovechamiento de aguas superficiales en La Palma: la zona más húmeda de la isla, los barrancos de mayores cuencas y la existencia de una zona a propósito para construir una balsa. Sin embargo, el volumen medio de agua que permite captar alcanza por término medio apenas los dichos 0,7 hm3/año, volumen ciertamente escaso para los considerables costes que ha supuesto la construcción de esta obra.

Sin embargo, en el presente Plan (sección III.9 de este mismo capítulo) se plantea una serie de proyectos destinados a la captación de aguas superficiales. Prácticamente, agotan las posibilidades de esta opción de aprovechamiento hidráulico en la isla. En el momento de su diseño técnico, será menester analizar su viabilidad técnica y económica.

¤III.4.3.- Los problemas del aprovechamiento de las aguas del barranco de Las Angustias.

Tal cual se describió anteriormente, sus aguas superficiales se captan ya, aunque en pequeña proporción y como subproducto de la derivación de las de origen subterráneo que discurren por los cauces de su interior.

Desde hace décadas, se ha tenido como iniciativa posible y muy tentadora la de embalsar y captar los caudales de avenida de Las Angustias que sobrepasan Dos Aguas. Abonan esa iniciativa las circunstancias de formar la Caldera la mayor cuenca hidrográfica del Archipiélago, ser de las más lluviosas, estar excavado el cauce del barranco en terrenos de una impermeabilidad inusual en las islas y ser muy ostensibles los importantes volúmenes de aguas que todos los inviernos sobrepasan los actuales tomaderos para acabar perdiéndose en el mar. Las circunstancias, en efecto, citadas en el apartado anterior como factores que perjudican en general la posibilidad de aprovechar las aguas superficiales de La Palma quedan relativamente mitigadas en el caso del barranco de Las Angustias, pero con una e importante salvedad: la relativa a los arrastres sólidos de sus aguas de avenida, que ahora adquieren una magnitud y protagonismo extremos.

La violenta orografía de la Caldera y su constitución geológica -un edificio volcánico de gran altura y fuerte tendencia a desmoronarse por estar asentado sobre los materiales del fácilmente erosionable Complejo Basal-, junto a la extrema torrencialidad de las crecidas de sus cauces propician el que se presenten acompañados de gran proporción de arrastres (no menos del 10% de su volumen).

Significa ello que cualquier dispositivo que cerrara el cauce para represar las aguas del barranco resistiría pocas invernadas antes de que su vaso se viera por completo colmado de sedimentos. Tal fue la causa de la inviabilidad del proyecto de presa en Dos Aguas, que, tras algunas controversias, se desechó finalmente a principios de la pasada década de los ochenta.

Con miras al aprovechamiento de la escorrentía superficial de la Caldera y a la sustitución de la malograda presa de Dos Aguas, se recurrió a una alternativa consistente en la ejecución de un embalse que, estando situado en el barranco de Las Angustias, y siendo, por tanto, capaz recoger las aguas de sus aluviones, permita el libre discurrir de los frentes de avenida y la consecuente evacuación de las masas de arrastres sólidos que los acompañan. Este propósito germinó en el denominado proyecto de La Viña.

¤III.4.4.- El embalse de La Viña.

Según lo dicho, La Viña responde a la idea de construir el tomadero de derivación de las aguas de escorrentía de Las Angustias sin obstruir totalmente el cauce, de modo que los frentes de avenida -y sus arrastres- puedan seguir libremente su carrera barranco abajo. En principio, se pensó en repetir las instalaciones de los tomaderos actuales, esto es, en disponer exclusivamente el azud de derivación, su desarenador y el canal de conducción de las aguas captadas hasta su zona de utilización. Pero esta posibilidad tropezó con el inconveniente de que en el Valle de Aridane, donde se ha de aplicar el agua, no existe suficientes embalses como para almacenar toda la que se capta en el barranco, por lo que ni siquiera cabe aprovechar la completa capacidad de derivación ya existente. Así que se tuvo por inevitable la necesidad de añadir un cierto volumen de embalse de agua, al objeto de regular los caudales de derivación.

No obstante, las dificultades de los diseños técnicos han resultado considerables: a lo que tiene el embalse de la Viña de solución técnica relativamente novedosa y poco convencional en el campo de la ingeniería hidráulica -y, por tanto, sin precedentes sancionadas por la experiencia- se le añaden las muy estimables complejidades geológicas, topográficas o hidrológicas de la zona de su emplazamiento. Así que pese a que los primeros estudios relativos al embalse datan de más de una década, aún no se ha podido llegar a un proyecto definitivo. Hacia 1990 se dispuso de un anteproyecto que, dos años después, se convirtió en proyecto constructivo. Pero fue desechado tras las objeciones relativas a su seguridad que formuló el Servicio de Vigilancia de Presas.

De modo que ha sido menester comenzar de nuevo los trabajos de estudio y diseño. Por ahora, están planteadas dos soluciones alternativas consistentes cada una de ellas en una presa de cierre del barranco de Las Angustias; una, a la altura de la cota de 240 m sobre el nivel del mar; la otra, a la de 200 m. Los elementos principales de esta segunda serían: un tomadero del tipo "Dos Aguas" -capaz de aliviar 1.000 m3/seg- del que partiría un canal de derivación de 10 m3/seg de cabida y en el que se dispondría un desarenador. Este canal conduciría las aguas captadas hasta el embalse, que estaría adosado a la ladera izquierda del barranco y formado por una presa de gravedad, bien de hormigón, bien de escollera, de unos 2 hm3 de capacidad. El embalse debería recibir diversos tratamientos de impermeabilización. Para su utilización, las aguas recogidas se bombearían al canal de Dos Aguas. En todo caso, el desagüe del barranco se mantendría expedito mediante la construcción de un canal o un túnel que, orillando la presa de cierre permitiera la circulación a su través de los susodichos 1.000 m3/seg. Sería menester, además, realizar obras de estabilización e impermeabilización de la ladera izquierda del barranco.

La alternativa en cota de 240 metros sobre el nivel del mar sería semejante a la anterior, con las ventajas de que no demandaría obras de estabilización e impermeabilización de laderas y de que la altura de los bombeos hasta el canal de Dos Aguas resultaría inferior, pero con los inconvenientes de hallarse dentro de la zona de Protección del Parque Nacional de La Caldera y de ser de más costosa construcción.

El coste estimado para la solución de la cota de 200 m sería de unos 2.500-3.000 millones de pesetas y, el de su alternativa, un 20% superior.

Los estudios hidrológicos y de regulación realizados en relación con aquella primera solución (la de cota de 200 metros sobre el nivel del mar) han permitido determinar los volúmenes de agua que podrán captarse con ella, que habrán de ser naturalmente función de la cabida del canal de derivación y de la capacidad del embalse. Con las ya señaladas magnitudes de 10 m3/seg y 2 hm3 para una y otra, se captará un caudal medio de 1,8 hm3/año.

¤III.4.5.- Recarga artificial de acuíferos con aguas superficiales.

Aunque la recarga artificial de acuíferos podría caberle más propia consideración en el próximo capítulo dedicado al planeamiento hidrogeológico, se incluye en éste para examinar lo que puede representar como medio de dar utilidad a unos caudales, los de escorrentía superficial, de difícil aprovechamiento por otros medios.

Ha de adelantarse, sin embargo, que a despecho de la atención que le presta la vigente Ley 12/1990, de Aguas de Canarias, que la distingue como técnica digna de expresa mención en su regulación de la planificación hidrológica -cf. artículos 33.-1.d y 38.6º.b-, la recarga artificial de acuíferos tiene a esos propósitos bien poco que decir en Canarias y prácticamente nada en La Palma.

Por lo pronto, para promover un proyecto de recarga artificial ha de disponerse, primero, de agua que infiltrar hacia el subsuelo; segundo, de procedimientos que hagan viable técnica y económicamente la infiltración de esas aguas y, en último extremo, de acuíferos donde poder recoger y retener eficazmente las aguas infiltradas.

Tal cual se dijo anteriormente en este mismo capítulo, las aguas que escurren por los cauces de la isla hasta el mar apenas representan un corto 3% (15 hm3/año) de las que se infiltran directa y naturalmente al interior del subsuelo. Esta fracción (a la que se ha de descontar los 3,5 hm3/año que se aprovechan ya en superficie) constituye, por lo tanto, el techo de lo que se puede recargar artificialmente, y ha de convenirse en que no representa mucho en el conjunto de los recursos hídricos de la isla.

Pero es que, además, debe repararse en el modo de presentarse la escorrentía de los cauces: en forma de avenidas de súbita aparición con ocasión de los mayores aguaceros que descargan sobre cada cuenca y de rápido agotamiento una vez cesadas las lluvias que los provocan. Así que el agua superficial circula sólo en momentos de fuertes precipitaciones, cuando los suelos están totalmente saturados y agotada su capacidad de infiltración natural. De manera que la avenida deberá almacenarse en superficie, a la espera de que una posterior sequedad climática permitan la regeneración de esa capacidad, con lo que se viene a parar nuevamente en las dificultades y costes de los embalses de superficie (y, como ejemplo, no hay más que traer a colación lo dicho con respecto al proyecto de la Viña).

En cuanto a los procedimientos de infiltración, no parece necesario aclarar la absoluta inviabilidad de los pozos filtrantes: si la construcción de embalses de superficie tropiezan con el escollo de que a muy corto plazo se ven totalmente aterrados, ha de imaginarse con cuánta mayor rapidez no sufrirían del mismo inconveniente dichos pozos o cualquier otro dispositivo que al mismo fin se dispusiera.

Por lo demás, conforme se anotó anteriormente, la mayor parte de los caudales de superficie de la isla discurren en cotas bajas -por debajo de los 800 m sobre el nivel del mar-, esto es, en zonas donde el agua infiltrada alimentaría principalmente a los acuíferos costeros. A través de estos acuíferos, y a lo largo del borde litoral de la isla, fluye al mar un caudal de agua de decenas de hm3 de agua dulce (como se refiere en el próximo capítulo de esta memoria dedicado al planeamiento hidrogeológico). No resultaría muy lógico, por tanto, recargar un acuífero cuyos recursos se pierden en su mayor parte en el mar con escasas posibilidades de explotación.

Es de reseñar, por último, que, de momento, no se conoce de ningún proyecto de recarga artificial que se haya intentado llevar a la práctica en el Archipiélago. Las esperanzas depositadas en esta técnica -y no sólo por los redactores de la Ley de Aguas (conclusiones del proyecto Canarias SPA-15)- no parecen, pues, muy fundadas. Es cierto, sin embargo, que las islas hay una técnica tradicional de aprovechamiento hidráulico (gavias y nateros de Fuerteventura) basada en una forma peculiar de recarga artificial, pero dependiente de tan distintas condiciones naturales a las propias de La Palma que su utilidad como modelo para esta isla puede ser nula desde el punto de vista del aumento de sus caudales aprovechables. Sin embargo, acaso pudiera tenerla como medio de retener las tierras que las aguas arrastran al mar con cada aluvión.

Se concluye, en definitiva, afirmando sin ambages que la recarga artificial con aguas superficiales es inviable en La Palma.

SECCIÓN III.5.

LA UTILIZACIÓN DEL DOMINIO PÚBLICO HIDRÁULICO.

Se dedica este apartado a lo poco que pueden dar de sí en la isla las modalidades de utilización del dominio público hidráulico de superficie que no supongan la captación del agua o su aprovechamiento privativo. En general, los tipos más usuales de esta clase de explotación conciernen al disfrute en común -o en sus cursos- de las corrientes de agua, al uso de los terrenos del dominio público hidráulico y a la extracción de los productos de unas y otros.

Con respecto a La Palma, la absoluta imposibilidad de algunos de ellos (navegación, flotación, aprovechamientos energéticos, pesca ...) o su escasísima utilidad (verbigracia, la directa utilización del agua en los cauces para la bebida o el lavado de las personas o para abrevar al ganado) excusan su consideración en estas páginas.

De modo que, en lo relativo a los derechos y conflictos derivados de estas aplicaciones de las corrientes superficiales, puede bastar una remisión general a lo regulado por las Normas del Plan.

En lo tocante a las extracciones de áridos en particular, se consigna la vigencia del Decreto del Gobierno de Canarias 152/1990, de 31 de julio, que las regula y las prohíbe en determinadas zonas, aparte de las contempladas por la Ley de Espacios Naturales. Durante estos últimos años, el aprovisionamiento de estos materiales se ha verificado en La Palma mediante graveras en el barranco de las Angustias y en algunos cauces del norte de la isla (se han aprovechado, en concreto, los acarreos depositados tras los tomaderos del embalse de La Laguna de Barlovento). Pero estas explotaciones han sido más ocasionales que sistemáticas. Las dificultades y carestía del transporte en la isla y las variaciones de localización de la demanda de áridos al compás del cambio del emplazamiento de las obras públicas más importantes tornan poco recomendable la pretensión de establecer un sistema permanente de extracciones de estos materiales. Las decisiones deberían dejarse, pues, al impulso de libre iniciativa privada, con el control administrativo que supone la aplicación del antedicho decreto y las reglas recogidas en las Normas del presente Plan.

Un aspecto del discurrir natural de las aguas de escorrentía que alcanza cada vez mayor relieve en las consideraciones generales sobre planificación hidrológica concierne a la función "ecológica" o de mantenimiento de los sistemas biológicos naturales asociados a las corrientes naturales. Comúnmente, las de La Palma se precipitan como torrentadas ocasionales que, a este respecto, apenas representan papel alguno.

Desde luego, en la isla no existen problemas de vertido de efluentes urbanos en los cauces: con respecto a la eliminación de las aguas residuales domésticas cuando no hay redes de saneamiento, la práctica general de evacuación consiste en su inyección al subsuelo a través de pozos filtrantes.

Por su parte, las corrientes permanentes de la Caldera de Taburiente discurren por el interior de un Parque Nacional, y lo que puedan suponer en el terreno de la conservación de sus apreciables ecosistemas y paisajes, y las medidas de defensa que merezcan por ello, es asunto más de la competencia de la Administración del Parque o de la medioambiental en general que de este Plan. Así pues, aquí sólo se consideran los arroyos de la Caldera en cuanto se tiene asumido como objetivo su conservación en sus actuales condiciones y caudales. Lo cual, quizá se antoje paradójico a quien considere que una parte de esos caudales son de origen, en buena parte, artificial, al provenir de los alumbramientos de un sistema de galerías de captación de aguas subterráneas abiertas a lo largo del espaldón semicircular que la circunda. Pero es que estas galerías han venido, en cierta manera, a restituir los caudales naturales y pretéritos de un crecido número de manantiales del interior del Parque, manantiales que desaparecieron o vieron menguar sus caudales por efecto de otras galerías abiertas previamente en el mismo espinazo montañoso.

SECCIÓN III.6.

LA DEFENSA CONTRA LAS AVENIDAS.

¤III.6.1.- Los caudales de máximas crecidas.

La determinación de zonas amenazadas por inundaciones exige una identificación de los tramos de barranco cuya sección resulta insuficiente para canalizar los caudales de máximas crecidas que presumiblemente puedan precipitarse por ellos, seguida de la delimitación del área cubierta o afectada por las aguas desbordadas. Lo cual en La Palma entraña sus dificultades por razón de la escasez de series suficientemente largas de registros pluviométricos, sobre todo en lo concerniente a precipitaciones en períodos inferiores al día, que son muy escasos en la isla.

Pero como muchas veces -sobre todo en ocasión del dimensionamiento de ciertas obras públicas- es imprescindible contar con estimaciones sobre caudales de máximas crecidas, se suele recurrir a procedimientos de cálculo al uso en ingeniería, algunos de ellos sancionados por su recomendación en normas técnicas de carácter oficial. Aunque estos métodos se fundan en la experiencia de regiones muy distantes y distintas de Canarias, son, por lo general, bastante conservadores, esto es, pronostican caudales de máximas crecidas probablemente superiores a los que cabe esperar en la realidad. El hecho de que contemplen el fenómeno de modo pesimista garantiza la seguridad en su aplicación, con lo que cabe utilizarlos con miras a resolver problemas prácticos.

La Caldera de Taburiente, siendo como es una de las áreas de Canarias con respecto a la que más diseños y estudios hidráulicos se han formulado, ha visto pasar una buena serie de análisis y deducciones en torno a sus caudales de máximas crecidas. La tabla siguiente (obtenida en un anteproyecto de Limpieza, Corrección y Ordenación del Barranco de Las Angustias) expresa en forma comparativa dichos caudales según diferentes autores y procedimientos.

En un proyecto de ingeniería de la zona de San Andrés y Sauces los cálculos por el método hidrometeorológico de las máximas avenidas (tiempo de recurrencia: 500 años) en diversas cuencas arrojaron los resultados de la siguiente tabla.

Las cifras de estos cuadros reflejan algunas circunstancias propias de la hidrología de máximas crecidas de la isla: a proporción a la superficie de cuenca, las crecidas de cabecera son más caudalosas que las de desembocadura. Por ejemplo, en el barranco de Las Angustias, los aluviones se gestan de modo principal en el interior de la Caldera: aunque por debajo de Dos Aguas queda bastante superficie de cuenca (unos 20 km2), los caudales de avenida aumentan ya poco a partir de este punto (sin embargo, tampoco es probable que decrezcan en forma absoluta, como pronostica el método hidrometeorológico, cuyos valores por debajo de La Estrechura deben tenerse por inciertos y producto de inconsistencias propias del procedimiento de cálculo.)

Por otro lado, los caudales específicos (los caudales por cada km2 de cuenca) en avenidas con período de recurrencia de 500 años puede variar entre valores rondando los 40 m3/sg/km2 (en cuencas muy pequeñas, de menos de 1 km2) y los de cuencas mayores, que se aproximan a los 15 m3/sg/km2 (en el interior de la Caldera, más bien a los 25 m3/sg/km2).

¤III.6.2.- Las máximas crecidas y su amenaza en la práctica.

Las aluviones de los cauces canarios reproducen rasgos propios de los habituales en zonas áridas y abruptas, caracterizados por lo repentino de su presentación y el ímpetu de sus aguas. Adquieren éstas toda la velocidad y potencia de arrastre que les confieren las fuertes pendientes de laderas y barrancos. Así pues, en la isla el mayor problema de las crecidas de cauces no radica tanto en los peligros de anegamiento como en la capacidad destructiva de los frentes de avenida (en Canarias, la mayoría de las víctimas de las riadas perecen al ser destruidas y arrastradas las casas en que se acogen).

Las características de la red hidrográfica de La Palma son los propios de su juventud geomorfológica: laderas muy escarpadas y cauces de fuertes pendientes y ocupando el fondo de barrancos profundos y encajados. Casi nunca forman ramblas amplias, incluso en los tramos de su desembocadura, con lo que sus márgenes no ofrecen por lo común demasiados atractivos para el asentamiento de la población. Tampoco alcanza ésta, por otro lado, una densidad tal como para que exista una fuerte propensión a colonizar terrenos bajo la amenaza de las riadas.

De modo que, en principio, no cabe pensar que las inundaciones representen la mayor amenaza que se cierne sobre la isla y la seguridad de sus habitantes. Pese a cual, no dejan de constituir un riesgo que, de tarde en tarde, se hace realidad con caracteres catastróficos. Así lo dejan ver los datos disponibles con respecto a pasados desastres. Por lo que se sabe, el mayor de este siglo -el único con víctimas mortales en la isla-, y probablemente de toda su historia, se produjo el 16 de enero de 1957, cuando un temporal, que la afectó en casi su totalidad (en Los Sauces llegaron a recogerse más de 500 l/m2 en 48 horas), dio ocasión al desbordamiento de varios cauces y, en especial, al de los barrancos de Aguacencio y Amargavinos, en Las Breñas, cuya riada, de más de 100 metros de ancho, arrasó varias viviendas y se cobró la vida de 32 personas.

Puede considerarse lo insólito de este aluvión (de cuyas circunstancias hidrológicas, no hay, que se sepa, estudios) por lo mucho que pesa la cifra de sus víctimas en el total del medio centenar corto de muertes que a lo largo del siglo XX han ocasionado las riadas en el conjunto de las cuatro islas occidentales del Archipiélago.

Sea como fuere, tampoco son para desdeñar los riesgos que entrañan las riadas: a lo largo de la historia de dichas cuatro islas occidentales han descargado aluviones (verbigracia, los del 11 de diciembre de 1645 y del 7 de noviembre de 1826 en Tenerife) que se cobraron en cada caso centenares de vidas y que, de acontecer hoy, ocasionarían, a proporción del incremento número de habitantes de la isla, varios miles de muertos en cada caso.

Con cargo a este Plan se ha realizado una primera revisión de la situación de los barrancos de la isla, en relación especialmente con el problema de sus máximas crecidas y, centrado, sobre todo, a la altura de las zonas más pobladas (carretera de circunvalación y núcleos costeros de Santas Cruz de La Palma y Tazacorte). En principio, no parece que los ramblazos propios de aluviones con caudales específicos en el orden de magnitud de los citados en el anterior apartado representen, en general, amenaza grave para la población de sus márgenes. Pero esta aseveración debe quedar matizada con algunas precisiones adicionales.

Ha de atenderse, en primer lugar, la situación concreta de ciertas áreas edificadas o construidas en relación con los barrancos. A este respecto, es posible que la típica urbanización diseminada y nada ordenada de un buen número de pagos rurales palmeros disimule la imprudencia aislada de quien haya edificado en áreas de márgenes de cauces susceptibles de ser batidas por las aguas de ciertas riadas. O que los pasos de cauces habilitados bajo ciertas infraestructuras (carreteras, por ejemplo) resulten insuficientes para el desagüe de determinadas avenidas, con el riesgo de que, en ocasión de los mayores temporales, queden gravemente afectados servicios públicos esenciales. Y ambas cosas sólo pueden concretarse en el terreno del detalle, mediante la observación y estudio cuidadoso de todos los barrancos y barranqueras de la isla. Cosa que queda muy lejos del objeto de este Plan.

Debe tenerse presente, en segundo término, que no siempre los barrancos principales son los únicos responsables de los desastres por aluviones. En ocasión de los mayores temporales cabe que mínimas barranqueras lleguen a convertirse en vía para el desagüe de importantes riadas. Aunque no se dispone de datos al respecto en La Palma, el fenómeno no ha dejado de observarse en otras islas: las aluviones tinerfeños de 1826 y 1944 se saldaron con el nacimiento de nuevos barrancos donde antes sólo existían pequeños barranquillos y vaguadas. Lo cual explica la necesidad de respetar la red de drenaje de la isla en su totalidad e integridad: tanto los cauces grandes como los pequeños, y así los públicos como los privados.

En todo caso, la revisión realizada ha permitido detectar problemas concretos en algunos barrancos; a saber:

- En el barranco de Tenisca, a la altura de su cruce con la carretera de Puerto Naos (Los Llanos de Aridane).
- En el barranco de La Teja, que ha desaparecido en un tramo sustituido por una calle (Los Llanos de Aridane).
- En el barranco de Los Álamos, a la altura de la urbanización industrial El Molino (Breña Alta).
- En el barranco Llanito, en cuyas márgenes se ha construido un crecido número de edificaciones que pueden verse afectadas por una riada (Breña Alta).
- En el barranco del Socorro, en el tramo de su cruce con la carretera general (Breña Baja).
- En el barranco de Amargavinos (afectado por la riada de 1957), cuyo cauce está lleno de vegetación, hasta el punto de que su sección de desagüe se ha reducido en una cuarta parte (Breña Baja).
- En el barranco de San Blas, aguas arriba del cruce de la carretera general (Mazo).
- En el barranco del Puente Roto (Mazo).
- En el barranco de Las Nieves, cuyo encauzamiento, construido hace 30 años, presenta evidentes defectos de conservación, en particular en sus rastrillos. (Santa Cruz de La Palma.)

Y en todo caso, no se quiere dejar de destacar la situación de la rambla formada en la misma desembocadura del barranco de Las Angustias (término municipal de Tazacorte). Según parece, ha sido ya escenario de desastres por causa de riadas. Ahora el problema se ve agravado por efecto de su utilización como área edificable y residencial. Las obras de su encauzamiento se encuentran en mal estado de conservación, con muros parcialmente descalzados.

Es de reseñar que la hidrología de máximas avenidas de este barranco resulta especialmente compleja. En relación con su estudio se dan no sólo las comunes dificultades originadas por la determinación de los caudales de crecidas y al régimen de sus aguas en el cauce, sino a otras muy particulares de él: se presentan, por ejemplo, fenómenos tales como el asociado a la posibilidad de que haya deslizamientos de sus laderas con motivo de una riada; si los productos de estos deslizamientos (que pueden alcanzar enormes proporciones) llegan a obstruir totalmente el cauce, se forma un embalse sostenido por una presa de tierras. Un embalse que, por natural, carece de elementos de seguridad, de modo que, tarde o temprano, las mismas avenidas acaban erosionándolo y destruyéndolo (este proceso se ha podido observar no hace muchos años y en la historia geológica del barranco ha debido repetirse); con lo que al caudal de la avenida se suma el golpe de agua producido por la destrucción del referido embalse.

Ha de atenderse, por otra parte, al proceso de aterramiento que en la misma boca del cauce está ocasionando la presencia del puerto de Tazacorte; En realidad, no se sabe hasta qué punto la consecuente disminución de la sección de salida del barranco acabará provocando sobre-elevaciones en los niveles de las aguas de crecidas y en qué medida éstas llegarán a ser peligrosas.

A propósito de este cauce se considera, por consiguiente, de lo más recomendable el estudio cuidadoso de las circunstancias y particularidades de sus máximas crecidas.

III.6.3.- Criterios para prevenir y evitar daños por inundaciones.

La Ley 12/1990, de Aguas de Canarias, tiene establecido (artículo 38.7º) que, entre los extremos que, en sus respectivos ámbitos, deberán contemplar los Planes Hidrológicos Insulares, habrán de hallarse los criterios sobre estudios, actuaciones y obras a llevar a cabo para prevenir y evitar daños por inundaciones y otros fenómenos hidráulicos, criterios cuyo señalamiento constituye, por tanto, el objeto esencial de este Plan en relación con el problema de las crecidas.

En materia de prevención de daños por avenidas, todo lo que cabe hacer en La Palma está relacionado con el respeto a los cauces. En este terreno, las medidas deben considerarse precisamente según el triple enfoque ofrecido por la Ley 12/1990: estudios, actuaciones (administrativas) y obras (de corrección y defensa de cauces).

Con respecto a los estudios, el criterio de este Plan consiste en que (conforme se ha ido explicando en la presente sección) resulta imprescindible realizarlos y en que sería conveniente separar los de la Caldera de los relativos al resto de la red hidrográfica de la isla. En aquéllos debieran primar las análisis científicos o técnicos en relación con la hidrología del barranco de Las Angustias. En éstos, la función inspectora del estado de los barrancos, sobre todo por lo que concierne a la existencia, en cauces y márgenes, de obras, edificaciones o actividades que puedan correr peligros u ocasionarlo en casos de avenida. De modo que se plantea la redacción de dos estudios sobre:

- "Máximas crecidas y daños por avenidas en el barranco de las Angustias".

- "Máximas crecidas y daños por avenidas en los cauces (públicos y privados) de La Palma, con la excepción del de Las Angustias".

Debe tenerse presente en todo caso la distinta situación geomorfológica de la isla. Todo su sector septentrional (al norte del Valle de Aridane y Santa Cruz de La Palma) tiene una antigüedad geológica en el orden de 600.000 años. Por tanto, las aguas han tenido tiempo para labrarse su camino y la red de barrancos está muy desarrollada. Por tanto, excepto en sus tramos finales, los desbordamientos resultan improbables en ellos.

Por el contrario, la zona meridional de la isla es geológicamente muy joven. La red de avenamiento está, pues, poco desarrollada y son mucho más probables que en la anterior los fenómenos de desbordamientos y de aparición de nuevos barrancos. Es ésta, desde luego, la zona donde el problema de catástrofes por aluviones debe contemplarse con mayor cuidado.

En estos estudios se deberán considerar crecidas con período de recurrencia de 500 años. El Decreto del Gobierno de Canarias 152/1990, por el que se aprobaron las Normas Provisionales Reguladoras del Régimen de Explotación y Aprovechamiento del Dominio Público Hidráulico, estipula (artículo 3.1.2) que cualquier obra de ocupación y canalización de un cauce, o cruce de éste, deberá proyectarse de forma que permita desaguar la avenida que origine la precipitación máxima de las series más extensas disponibles en las estaciones más próximas a cada cuenca y que tengan la probabilidad de ocurrir una vez cada quinientos (500) años, considerando, además, que el agua arrastra un 20% de aportes sólidos. Estas normas se titularon de provisionales en cuanto fueron dictadas a la espera de lo dispuesto por la planificación hidrológica insular.

La cuestión radica, por tanto, en analizar si el criterio del decreto en cuestión debe ser modificado por el presente Plan. Hasta la pasada década, cuando entraban en consideración cuestiones de seguridad relacionadas con máximas crecidas, lo corriente en la ingeniería española era jugar con avenidas de período de recurrencia inferior a 500 años, reservándose éste sólo para las grandes obras cuya ruina pudiera originar muy graves consecuencias (verbigracia, presas). Posteriormente, algunos desastres por riadas en la costa levantina aconsejaron la imposición administrativa con carácter general de dicho período de 500 años. Por lo visto, en sus referidas normas provisionales, la Administración canaria se ha atenido a este mismo criterio.

Naturalmente, cuanto mayor es el período exigido, más estricto se es en materia de seguridad, pero, al mismo tiempo, mayores serán los costes asociados a las medidas de defensa y protección. Teóricamente, el período de recurrencia óptimo sería, en cada caso, aquel en que se igualaran los beneficios (en forma de daños evitados) con los costes de las obras o medidas de defensa que demandara. Sin embargo, en la mayoría de los casos, este análisis, sencillo de enunciar teóricamente, es casi imposible de llevar a la práctica. Con lo que la decisión final acaba siendo lo que es ahora: una imposición pública de carácter administrativo. Habida cuenta de que en La Palma el principal problema relacionado con las crecidas tiene que ver con la seguridad de las personas (en virtud precisamente de la tipología de sus aluviones, a la que se ha aludido arriba) se considera lo razonable mantener el criterio conservador de aquel Decreto.

Superada esta cuestión de carácter más bien técnico, todo lo demás que tiene que ver con los criterios de la lucha contra las crecidas concierne a medidas relativas de policía administrativa, en relación con la conservación de la red hidrográfica, y a las obras e inversiones en materia de defensa contra inundaciones, asuntos que son objeto de las dos próximas secciones III.8 y III.9, dedicadas respectivamente a las Normas de Actuación y a las Inversiones Programadas en el presente Plan, a las que se hace expresa remisión.

SECCIÓN III.7.

MEDIDAS CONTRA LA EROSIÓN.

El artículo 38.8º estipula que los Planes Hidrológicos Insulares habrán de contemplar los Planes Hidrológicos-forestales y de conservación de suelos que hayan de ser realizados por la Administración.

La erosión de las aguas superficiales constituye el fenómeno natural responsable de la mayor parte de las pérdidas de suelos que sufre la isla. Contra él caben dos tipos de medidas: menos útiles son las que persiguen interceptar los arrastres de las aguas mediante la habilitación de azudes en los cauces para remansarlas y facilitar la sedimentación de sus materiales en suspensión. En la mayoría de los casos, la productividad de este tipo de iniciativas resulta, en efecto, bien precaria, por razón de la escasa dimensión de los vasos que razonablemente pueden crearse, lo cual en definitiva determina que resulte favorecida sólo la decantación de los arrastres más gruesos, y menos probablemente la de los finos, finos que propiamente constituyen el producto de la erosión de los suelos. En todo caso, dentro del presente Plan se disponen partidas presupuestarias destinadas a impulsar un cierto número de esta clase de acciones.

Alternativamente, mucho más interés por lo que se refiere a la lucha contra la erosión tiene la política de conservación forestal de la isla, es decir, de mantenimiento de sus masas boscosas, que cubre precisamente las áreas donde es más frecuente la circulación de las aguas superficiales y donde mayor resulta su capacidad de erosión y de arrastre.

Sin embargo, se ha considerado pertinente no programar las correspondientes actuaciones inversoras en materia de repoblación forestal, toda vez que el Gobierno de Canarias (Consejería de Política Territorial y Medio Ambiente) tiene en el momento de redactarse esta Memoria en fase adelantada de preparación el Plan Forestal de Canarias. Por razones de competencia administrativa y de especialización técnica, lo razonable es que la política forestal se formule y quede recogida en este ámbito de esta planificación (en el de la forestal), al que se remiten las medidas exigidas por dicho artículo 38.8º.

Sea como fuere, es de imaginar que, por lo que concierne a La Palma, las acciones que en ella se postulen resultarán relativamente moderadas, dada la gran amplitud que alcanza ya la cobertera boscosa de toda la zona central de la isla.

SECCIÓN III.8.

NORMAS DE ACTUACIÓN.

III.8.1.- El problema general de las normas relativas al planeamiento hidrológico de superficie.

Al presentar las normas relativas al planeamiento hidrológico de superficie resulta imprescindible volver sobre una cuestión ya planteada en capítulos anteriores. A saber, que una buena parte de las materias reguladas por la Ley 12/1990, de Aguas de Canarias, carecen -por lo menos, de momento- de desarrollo reglamentario.

A este respecto, es de consignar que, desde la aprobación de la Ley de 1990, las disposiciones de carácter general sobre aguas aprobadas por el Gobierno de Canarias han sido las siguientes:

- Decreto 152/1990, de 31 de julio, por el que se aprueban las Normas Provisionales reguladoras del Régimen de Explotación y Aprovechamiento del Dominio Público Hidráulico para captaciones de agua o para utilización de cauces.
- Decreto 177/1990, de 5 de septiembre, por el que se aprueban normas de inscripción en el Registro de Aguas.
- Decreto 186/1990, de 5 de septiembre, por el que se aprueban normas de aforo y controles técnicos de aprovechamiento hidráulico.
- Decreto 88/1991, de 29 de abril, por el que se aprueba el Reglamento de auxilios a obras hidráulicas de iniciativa privada.
- Orden de la Consejería de Obras Públicas, Vivienda y Aguas de 20 de marzo de 1991, por la que se aprueba la Ordenanza del Registro y del Catálogo de Aguas de Canarias, de acuerdo con lo previsto en la Ley Territorial 12/1990, de 26 de julio, y el Decreto 177/1990, de 5 de septiembre, que aprobó normas de inscripción en el Registro de Aguas.
- Decreto 276/1993, de 8 de octubre, de Reglamento sancionador en materia de aguas.
- Decreto 174/1994, de 29 de julio, por el que se aprueba el Reglamento de Control de Vertidos para la protección del Dominio Público Hidráulico.
- Decreto 158/1994, de 21 de julio, de transferencias de funciones de la Administración pública de la Comunidad Autónoma de Canarias a los Cabildos Insulares en materia de aguas terrestres y obras hidráulicas.

Así que en relación sobre el dominio público hidráulico de superficie, en Canarias se han promovido sólo las referidas normas provisionales del Decreto 152/1990 y las normas sobre aforo del 186/1990.

Con lo cual, a ciencia cierta no se sabe si la estructura definitiva del ordenamiento de las aguas canarias contará con un reglamento del dominio público hidráulico o, alternativamente, si la regulación reglamentaria de éste deberá desprenderse de la planificación hidrológica insular. A favor de la primera posibilidad cabe citar el modelo nacional de organización normativa en materia de aguas (por lo que vale como ejemplo): en ella, la existencia legal de un marco de planificación hidrológica de cuenca no ha impedido que se haya aprobado un reglamento general del dominio público hidráulico. A favor de la segunda, el que las referidas "Normas Provisionales del Régimen de Explotación y Aprovechamiento del Dominio Público Hidráulico, justifican su carácter de provisional con la inexistencia de planificación hidrológica insular, lo cual, supuestamente, ha de significar que se tiene entendido el régimen definitivo sobre estas materias como propio de esta planificación.

La cuestión tiene aquí su importancia porque sería bien diferente el contenido de las Normas de este Plan según cuál fuera la solución del referido dilema. En todo caso, en la presente situación, y a falta de propias previsiones reglamentarias, una buena parte de la gestión hidráulica canaria se efectúa mediante la aplicación subsidiaria del Reglamento del Dominio Público Hidráulico nacional (R.D.P.H.), aprobado mediante el Real Decreto 849/1986, de 11 de abril. Hecho que ha de reputarse como muy inconveniente, habida cuenta de que esta disposición representa el desarrollo de una Ley distinta a la vigente en Canarias y de las disparidades de todo orden existentes entre las aguas peninsulares y las del Archipiélago.

Por lo que, en definitiva, las Normas de este Plan se han redactado en la pretensión de que constituyan una completa regulación de materias reglamentarias en relación con la gestión del agua y del dominio público hidráulico.

Entendido lo cual, es menester describir las diversas cuestiones planteadas a propósito de su contenido y justificar las soluciones que se les ha dado.

III.8.2.- La zona de dominio público de los cauces.

Se ha previsto como zona de dominio público la que ocupa la avenida ordinaria, y a ésta como la que los terrenos que inunde resulten inaprovechables (la definida en las Normas Provisionales equivalente a la de período de recurrencia de 100 años, parece desorbitada: desde luego, cabe preguntarse por lo justo de calificar como ordinario algo que por término medio ocurre una vez al siglo).

III.8.3.- Las zonas de servidumbre y de policía de cauces.

Se da por entendido que la definición del dominio público hidráulico se corresponde con la establecida en el Título Primero (artículos 2-12) de la Ley 29/1985, de 2 de agosto, de Aguas.

Se establece en ella (artº. 6) que en cada margen de la zona de dominio público de los cauces habrá una zona de servidumbre de 5 metros de anchura para uso público, más otras de policía, de 100 metros, en la que se condicionará el uso del suelo y las actividades que sobre él se desarrollen.

Se sobreentiende que esta definición no obliga a Canarias habida cuenta de que la Disposición Adicional Tercera de dicha Ley 29/1985 dispone que serán de aplicación, en todo caso,[...] los artículos de esta Ley que definen el dominio público estatal ..., siendo así que las zonas de servidumbre y de policía, si son anejas a dicho dominio público, estrictamente no son dominio y quedan, por tanto, fuera del ámbito de la regulación estatal.

Resulta problemática, por otro lado, la función que les puede caber a ambas zonas en los barrancos canarios. Desde luego, dudosamente las que atribuye el R.D.P.H. a la de servidumbre (paso del personal de vigilancia, paso para actividades de pesca, paso para salvamento de personas y varado y amarre de embarcaciones). Sin embargo, no hay dudas de que el legislador canario del 90 contó con su existencia (artº. 111.b): La zona de servidumbre de los cauces públicos en los barrancos se extenderá al terreno practicable más próximo que permita el acceso al cauce, aun cuando la distancia al mismo supere los cinco metros). De modo que en las Normas de este Plan se mantiene tal cual.

Por motivos de seguridad de bienes y personas, el condicionamiento de la zona de policía parece tener más sentido: resulta inevitable que, si el cauce es el espacio cubierto por las aguas de las avenidas ordinarias, algún margen debe quedar para las extraordinarias. Aunque la anchura de la Ley nacional resulta discutible (en los barrancos palmeros es muy posible que un punto distante 100 metros en horizontal de un barranco esté decenas de metros por encima de él).

Por virtud de lo cual, se ha reducido la definición originaria de la Ley nacional (la susodicha franja de 100 metros de anchura) a una 25 metros, pero además con la particularidad de que con ella no se deberá superar la zona afectada por la avenida de los 500 años, en cuyo caso el límite de ésta constituirá precisamente el extremo exterior de la zona de policía.

Ha de tenerse presente que, con la gran densidad de la red hidrográfica de la isla, el área afectada por esta zona representará una parte substancial de su superficie (piénsese que en los cuadros de este mismo capítulo se relacionan barrancos con longitud acumulada de cauces cercana a los 500 km, cuya zona de policía, a base de una banda de 200 metros de ancho, cubrirá del orden de 100 km2, esto es, alrededor de la sexta parte de la isla, y ello contando con que no todos sus cauces públicos están, ni mucho menos, comprendidos en el cuadro en cuestión). De modo que el régimen de autorización previa previsto para la zona de policía podría suponer un tráfico burocrático de regular magnitud. Por tanto, la reducción de anchura de la zona de policía implicará el beneficio de un evidente aligeramiento de la carga administrativa aneja a su vigilancia.

III.8.4.- Cauces públicos y cauces privados.

El asunto de la distinción entre cauces privados y públicos resulta francamente complicado. En la definición de unos y otros confluyen el Código Civil y las leyes de aguas nacional y canaria. Su consideración, pues, exige un complejo análisis jurídico, acompañado probablemente de diversas consideraciones de tipo hidrológico y hermenéutico.

De modo que el asunto se eludirá en beneficio de la brevedad de estas páginas. La regulación planteada en las Normas a propósito de cauces públicos y privados se limita, por tanto, a seguir estrictamente lo dispuesto en las disposiciones legales.

Se manifiesta, en todo caso, que los cauces de los barrancos relacionados en páginas anteriores deben verse como públicos en toda su longitud.

III.8.5.- El aprovechamiento del dominio hidráulico de superficie.

Dado que las normas de aprovechamiento de las aguas deben ser, en buena manera, comunes para superficiales y subterráneas y que éstas dominan de modo absoluto entre las explotadas en la isla, los usos privativos del agua se regularán en el capítulo dedicado al planeamiento hidrogeológico. Se hace una sola excepción relativa a los denominados usos privativos por disposición legal (artº. 52 LAN), esto es, a los que la Ley 12/1990 llama pequeños aprovechamientos (artº. 73 LAC).

Por lo demás, se regulan los usos comunes del agua que pueden tener algún sentido en La Palma, el aprovechamiento del resto del dominio público hidráulico y las servidumbres más frecuentes, exceptuando la de acueducto, que se contemplará en el capítulo dedicado a las conducciones generales.

En último extremo, se establecen las normas relativas a las concesiones y autorizaciones para utilización de los terrenos de dominio público o para la realización de obras sobre ellos. Se sobreentiende que estas actuaciones requerirán autorización cuando no se pretenda un uso privativo y exclusivo del dichos terrenos y concesión en caso contrario.

SECCIÓN III.9.

INVERSIONES PROGRAMADAS.

III.9.1.- Obras de aprovechamiento de aguas superficiales.

En los cuadros de los programas de inversiones se reflejan las actuaciones previstas en materia de aprovechamiento de aguas superficiales.

III.9.2.- Defensa contra avenidas.

Se han previsto actuaciones generales de defensa contra avenidas con arreglo a los dos siguientes capítulos:

- Encauzamientos de cauces (construcción y reparación): 1.320 Mpts.

- Otras obras de defensa: 770 Mpts.

- Conservación: 100 Mpts.

 

CAPÍTULO IV

BASES HIDROGEOLÓGICAS DEL PLANEAMIENTO DE LAS AGUAS SUBTERRÁNEAS

En el presente capítulo se ofrecen datos básicos relativos a las condiciones naturales del flujo de las aguas subterráneas, al objeto de que en el próximo pueda plantearse con conocimiento de causa el análisis de los aspectos prácticos de su explotación y, en general, las propuestas de una política de aprovechamiento de las reservas y recursos hídricos del subsuelo insular.

SECCIÓN IV.1.

GEOLOGÍA.

IV.1.1.- Introducción.

a) Objetivos.

En esta sección (Basada en su totalidad en el informe -que en gran parte se reproduce literalmente- "Geología de la isla de La Palma", abril de 1998, preparado por el geólogo consultor Roberto Poncela para este Plan Hidrológico Insular) se pretende actualizar y sintetizar los conocimientos disponibles en relación con los factores geológicos de la circulación hídrica subterránea de la isla, aportándose datos en orden a un mejor conocimiento de su sistema hidrogeológico.

Para ello, se ha tomado como punto de partida y marco básico de referencia la descripción geológica y vulcanológica preparada por el geólogo D. José Manuel Navarro Latorre para el Avance (1992) de este Plan Hidrológico.

Además, se ha efectuado una revisión bibliográfica y una actualización de los datos disponibles sobre la estructura geológica de la isla, así como sobre dataciones absolutas obtenidas por el equipo del Dr. Juan Carlos Carracedo Gómez, Director de la Estación Volcanológica de Canarias-CSIC.

Conjuntamente con estas actividades, se han realizado reconocimientos geológicos de campo para comprobar la validez de la información utilizada.

b) Planteamiento del estudio.

Se pretende describir los principales rasgos geológicos y morfoestructurales que caracterizan a La Palma, a fin de mejorar el conocimiento que se tiene de su funcionamiento hidrogeológico. A tal efecto, los principales aspectos examinados han sido:

- La identificación y descripción de las principales unidades vulcanológicas con influencia directa sobre las aguas subterráneas.
- La descripción de los rasgos de cada unidad geológica que más afectan a los parámetros hidrogeológicos: tipos de lavas predominantes, proporción relativa de lavas y piroclastos, existencia de aglomerados de origen vario y, sobre todo, grado de alteración y compactación de las diferentes litologías.
- La disposición de cada unidad en el subsuelo, que permitirá entrever e identificar los procesos de construcción/destrucción experimentados por la isla hasta la adquisición de su actual fisonomía y definir su geometría aproximada.

En la redacción de la presente síntesis se ha intentado abreviar las caracterizaciones genéticas o petrológicas, que, sin añadir datos esenciales de carácter hidrogeológico, restan claridad y agilidad a la exposición.

Con miras a confirmar la validez de las hipótesis de partida, se ha conjugado la observación -realizada para el Avance de este Plan- de numerosas galerías horizontales y pozos verticales que perforan el bloque insular en todos los niveles con un reconocimiento geológico de superficie. En materia de geología de superficie, para la mitad sur de la isl