Decreto 109/1998
, de 11 de junio, por el
que se designan las zonas vulnerables a la contaminación de las aguas por
nitratos procedentes de fuentes de origen agrícola y ganadero y se aprueba el
Código de Buenas Prácticas Agrarias
BOCyL 112, de 16-06-98;
C.e. BOCyL 119, de 25-06-98
PREÁMBULO
Los cambios en los sistemas de producción agropecuarios han tenido y tienen
una clara incidencia en el medio ambiente. El paso de la ganadería extensiva a
la ganadería intensiva, así como la intensificación de la actividad agrícola
ha significado, junto a unos indudables y deseables logros socioeconómicos, la
producción de unos mayores volúmenes de residuos por unidad de superficie. En
consecuencia resulta necesario afrontar el grave problema ambiental que supone
la contaminación de las aguas, superficiales y subterráneas, procedente de
fuentes agropecuarias.
Con el fin de reducir el problema y de adoptar medidas preventivas que eviten
futuras contaminaciones por este origen, el Consejo aprobó el 12 de diciembre
de 1991, la Directiva 91/676/CEE, relativa a la protección de las aguas contra
la contaminación producida por nitratos utilizados en la agricultura.
La citada Directiva impone a los Estados miembros la obligación de
identificar las aguas que se encuentren afectadas por la contaminación por
nitratos de origen agrícola, cuyas concentraciones deberán ser vigiladas en
una serie de estaciones de muestreo.
A su vez, establece criterios para designar como zonas vulnerables, aquellas
superficies territoriales cuyo drenaje da lugar a la contaminación por
nitratos. Una vez determinadas tales zonas, se deberán realizar y poner en
funcionamiento programas de actuación, coordinados con técnicas agrícolas,
con la finalidad de eliminar o minimizar los efectos de los nitratos sobre las
aguas.
Finalmente, establece la obligación de emitir periódicamente informes de
situación sobre este tipo de contaminación.
El Estado español incorporó dicha Directiva a nuestro ordenamiento
jurídico mediante el Real Decreto 261/1996, de 16 de febrero, sobre protección
de las aguas contra la contaminación producida por los nitratos procedentes de
fuentes agrarias.
El Ministerio de Medio Ambiente ha remitido a la Junta de Castilla y León la
determinación de las aguas afectadas por la contaminación de nitratos de
origen agrícola, correspondientes a la cuenca del Duero y Ebro, en cumplimiento
del artículo 3 del Real Decreto 261/1996, al objeto de que, el órgano
competente de la Comunidad Autónoma de Castilla y León, declare como zonas
vulnerables aquellas superficies territoriales cuya escorrentía o filtración
afecte o pueda afectar a la contaminación por nitratos de
las citadas masas de agua, determinadas por el Ministerio de Medio Ambiente.
Asimismo, corresponde a la Comunidad Autónoma de Castilla y León, al amparo
de lo dispuesto en el artículo 5 del Real Decreto 261/1996, la elaboración de
uno o varios códigos de buenas prácticas agrarias, que los agricultores
podrán poner en práctica de forma voluntaria, con la finalidad de reducir la
contaminación producida por los nitratos de origen agrario.
El Estatuto de Autonomía de Castilla y León, aprobado por Ley Orgánica
4/1983, de 25 de febrero y modificado mediante Ley Orgánica 11/1994, de 24 de
marzo, atribuye a la Comunidad Autónoma de Castilla y León en su artículo
26.1, apartado 9, competencia exclusiva en materia de agricultura, ganadería,
industrias agroalimentarias y zonas de montaña, de acuerdo con la ordenación
general de la economía; en su artículo 27.1, apartado 9, se señala que «es
competencia de la Comunidad Autónoma de Castilla y León el desarrollo y
ejecución de la legislación del Estado», en materia de «normas adicionales
de protección del medio ambiente», en el Marco de la legislación básica
estatal y, en su caso, en los términos que la misma establezca.
En esta
materia, según establece el artículo 27.2 del Estatuto de Autonomía de
Castilla y León, y salvo norma en contrario, corresponde, además, a la
Comunidad Autónoma, la potestad reglamentaria, la gestión y la función
ejecutiva, incluida la inspección.
Por su parte, el artículo 28.1 del Estatuto de Autonomía de Castilla y
León, mantiene la mención a la función ejecutiva en materia de «protección
del medio ambiente, del entorno natural y del paisaje...», en los términos que
establezcan las Leyes y normas reglamentarias del Estado.
En su virtud, a propuesta de los Consejeros de Agricultura y Ganadería y de
Medio Ambiente y Ordenación del Territorio, previa deliberación de la Junta de
Castilla y León, en su reunión del día 11 de junio de 1998, dispongo:
1. Designación de zonas
vulnerables.
1. Se
designan inicialmente como zonas vulnerables en la Comunidad de Castilla y
León, a los efectos previstos en el Real Decreto 261/1996, de 16 de febrero,
sobre protección de las aguas contra la contaminación producida por nitratos
procedentes de fuentes agrarias, las siguientes áreas:
- Zona 1: Término municipal de Navas de Oro, de la provincia de Segovia.
- Zona 2: Términos municipales de Zarzuela del Pinar, Fuentepelayo y
Navalmanzano, de la provincia de Segovia.
- Zona 3: Términos municipales de Escarabajosa de Cabezas, Cantimpalos y
Encinillas, de la provincia de Segovia.
- Zona 4: Términos municipales de Cantalejo, Cabezuela, Veganzones y
Turégano, de la provincia de Segovia.
- Zona 5: Término municipal de Chañe y entidad menor de Chatún, en la
provincia de Segovia.
En el anexo I figura la descripción cartográfica y característica de los
suelos de las zonas referidas.
2. Dentro de un plazo adecuado y como mínimo cada cuatro años, se podrán
modificar o ampliar, las zonas designadas como vulnerables, cuando se produzcan
cambios que deban ser objeto de consideración o existan factores que no
hubiesen sido previstos en el momento de su designación.
2. Código de Buenas Prácticas
Agrarias.
Se
aprueba el Código de Buenas Prácticas Agrarias de Castilla y León, que será
de cumplimiento voluntario y figura como anexo II al presente Decreto.
DISPOSICIONES FINALES
1ª. Se faculta al Consejero de Medio
Ambiente y Ordenación del Territorio para que dicte cuantas disposiciones sean
precisas para el desarrollo y aplicación del presente Decreto, y especialmente,
para que proceda a la elaboración y aprobación, previo informe de la
Consejería de Agricultura y Ganadería, de los Programas de Actuación
aplicables a cada una de las zonas vulnerables designadas en este Decreto y a
las que se designen en el futuro, de acuerdo con el artículo 6 del Real Decreto
261/1996, de 16 de febrero.
2ª. Se faculta al Consejero de Agricultura
y Ganadería para que dicte cuantas disposiciones sean precisas para el
desarrollo y aplicación de este Decreto.
3ª. El presente Decreto entrará en vigor
al día siguiente de su publicación en el Boletín Oficial de Castilla y León.
ANEXO I
Zonas vulnerables
Nota: anexo suprimido
ANEXO II
Código de Buenas Prácticas Agrarias
Introducción
El presente Código de Buenas Prácticas Agrarias, en adelante Código,
responde a las exigencias comunitarias recogidas en la Directiva del Consejo
91/676/CEE, de 12 de diciembre de 1991, y en el Real Decreto 26/1996, de 16 de
febrero (BOE 61, de 11 de marzo), relativo a la protección de las aguas
contra la contaminación producida por nitratos procedentes de fuentes agrarias.
La multiplicidad de condiciones climáticas, edafológicas y de prácticas
culturales presentes en la agricultura y ganadería de Castilla y León
representan un grave inconveniente a la hora de establecer, con carácter
general, una serie de normas a adoptar por los agricultores y ganaderos en la
fertilización orgánica y mineral de sus suelos.
Por este motivo el Código no
puede entrar con detalle en la situación particular de cada explotación,
limitándose a dar una panorámica general del problema, a la descripción de
los productos potencialmente fuente de la contaminación nítrica de las aguas y
a contemplar la problemática y actuaciones generales en cada una de las
situaciones o cuestiones que recoge el anexo II de la Directiva 91/676/CEE,
antes citada.
El Código no tiene carácter obligatorio, siendo una recopilación de
prácticas agrarias concretas que voluntariamente podrán llevar a efecto los
agricultores. No obstante, una vez que la Administración designe las zonas
vulnerables y se establezca para las mismas los programas de acción
correspondientes, las medidas contenidas en ellos serán de obligado
cumplimiento.
Sirva pues el presente Código de Buenas Prácticas Agrarias como Marco de
referencia para el desarrollo de una agricultura compatible con el medio
ambiente, en consonancia con una racional utilización de los fertilizantes
nitrogenados y base para la elaboración de programas de acción mucho más
concretos y específicos para cada una de las zonas vulnerables que se designen.
1. Definiciones
A los efectos del presente Código de Buenas Prácticas Agrarias, y
considerando igualmente la terminología recogida en la Directiva del Consejo
91/676/CEE relativa a la protección de las aguas contra la contaminación
producida por nitratos utilizados en la agricultura, se entenderá por:
a) Contaminación. La introducción de compuestos nitrogenados de origen
agrario en el medio acuático, directa o indirectamente, que tenga consecuencias
que puedan poner en peligro la salud humana, perjudicar los recursos vivos y el
ecosistema acuático, causar daños a los lugares de recreo u ocasionar
molestias para otras utilizaciones legítimas de las aguas.
b) Contaminación difusa por nitratos. Es el vertido indiscriminado del ión
NO3- en el suelo y consecuentemente en el agua, hasta alcanzar los 50 mg/l de
concentración máxima admisible y/o 25 mg/l como nivel guía o recomendado.
c) Contaminación puntual. A diferencia de la contaminación difusa, es la
causada por agentes conocidos de polución.
d) Zonas vulnerables. Superficies conocidas del territorio cuya escorrentía
fluya hacia las aguas afectadas por la contaminación y las que podrían verse
afectadas por la contaminación si no se toman las medidas oportunas.
e) Aguas subterráneas. Todas las aguas que estén bajo la superficie del
suelo en la zona de saturación y en contacto directo con el suelo o el
subsuelo.
f) Agua dulce. El agua que surge de forma natural, con baja concentración de
sales, y que con frecuencia puede considerarse apta para ser extraída y tratada
a fin de producir agua potable.
g) Compuesto nitrogenado. Cualquier sustancia que contenga nitrógeno,
excepto el nitrógeno molecular gaseoso.
h) Ganado. Todos los animales criados con fines de aprovechamiento o con
fines lucrativos.
i) Fertilizante. Cualquier sustancia que contenga uno o varios compuestos
nitrogenados y se aplique sobre el terreno para aumentar el crecimiento de la
vegetación, comprende el estiércol, los desechos de piscifactorías y los
lodos de depuradora.
j) Fertilizante químico. Cualquier fertilizante que se fabrique mediante un
proceso industrial.
k) Estiércol. Los residuos excretados por el ganado o las mezclas de
desechos y residuos excretados por el ganado, incluso transformados.
l) Purines. Son las deyecciones líquidas excretadas por el ganado.
m) Lisier. Abono producido por ganado vacuno o porcino en alojamientos que no
usan mucha paja u otro material para cama. El lisier puede oscilar entre un
semisólido con el 12% materia seca (m.s.) o un líquido con el 3-4% m.s.
n) Agua sucia. Es el desecho, con menos del 3% m.s. generalmente, formado por
estiércol, orina, leche u otros productos lácteos o de limpieza, generalmente
se engloba en el lisier.
ñ) Lodos de depuradora. Son los lodos residuales salidos de todo tipo de
estaciones depuradoras de aguas residuales domésticas o urbanas.
o) Lodos tratados. Son los lodos de depuración tratados por una vía
biológica, química o térmica y almacenamiento posterior, de manera que se
reduzca de forma significativa su poder de fermentación y los inconvenientes
sanitarios de su utilización.
p) Drenajes de ensilado. Líquido que escurre de cosechas almacenadas en un
recinto cerrado o silo.
q) Aplicación sobre el terreno. La incorporación de sustancias al mismo, ya
sea extendiéndolas sobre la superficie, inyectándolas en ella,
introduciéndolas por debajo de su superficie o mezclándolas con las capas
superficiales del suelo o con el agua del riego.
r) Eutrofización. El aumento de la concentración de compuestos de
nitrógeno, que provoca un crecimiento acelerado de las algas y las especies
vegetales superiores, y causa trastornos negativos en el equilibrio de los
organismos presentes en el agua y en su propia calidad.
s) Demanda bioquímica de oxígeno. Es el oxígeno disuelto requerido por los
organismos para la descomposición aeróbica de la materia orgánica presente en
el agua. Los datos usados para los propósitos de esta calificación deberán
medirse a los 20 °C y por un período de cinco días (BOD 5).
t) Compactación. Es el apelmazamiento excesivo de los suelos tanto en
superficie como en profundidad producido por la circulación de máquinas
pesadas. Esto constituye un obstáculo a la circulación del agua y del aire y
aumenta la escorrentía y erosión hídrica.
u) Actividad agraria. El conjunto de trabajos que se requieren para la
obtención de productos agrícolas, ganaderos y forestales.
v) Explotación agraria. El conjunto de bienes y derechos organizados
empresarialmente por su titular en el ejercicio de la actividad agraria
primordialmente con fines de mercado, y que constituye en sí misma una unidad
técnico-económica.
2. Tipos de fertilizantes nitrogenados
La aportación de nitrógeno (N) a los cultivos puede obtenerse utilizando ya
fertilizantes químicos de composición conocida y constante ya residuos
ganaderos cuya composición es muy variable, en función de la especie, tipo de
explotación, alimentación, etc. La elección, dada su expectativa de respuesta
al nivel productivo y ambiental depende de la forma química en que el N está
presente en los productos usados. Para acertar en la elección es oportuno
ilustrar, brevemente, las formas de N presentes en los fertilizantes y su
comportamiento en el terreno y en la nutrición vegetal.
I
FERTILIZANTES QUÍMICOS
a) Abonos con N exclusivamente nítrico. El ión nítrico es de inmediata
asimilabilidad por el aparato radical de las plantas y por tanto de buena
eficiencia. Es móvil en el suelo y por tanto expuesto a procesos de
escorrentía y lixiviación en presencia de excedentes hídricos. El N nítrico
debe usarse en los momentos de mayor absorción por parte de los cultivos (en
cobertera y mejor en dosis fraccionadas).
Los principales abonos que contienen sólo N bajo forma nítrica son el
nitrato de Chile (N = 15,5%), nitrato de calcio (N = 15,5%) y el nitrato de
potasio (N = 13%, K20 = 46%).
b) Abonos con N exclusivamente amoniacal. Los iones amonio, a diferencia de
los nítricos son retenidos por el suelo y por ello no son lavables y/o
lixiviables. La mayor parte de las plantas utilizan el N amoniacal solamente
después de su nitrificación por parte de la biomasa microbiana del suelo.
El N amoniacal tiene por tanto una acción más lenta y condicionada a la
actividad microbiana.
Los principales abonos conteniendo sólo N amoniacal son el amoníaco anhidro
(N = 82%) el sulfato amónico (N = 20-21%), las soluciones amoniacales (riqueza
mínima: 10% N), los fosfatos amónicos (fosfatos diamónico «DAP»: 18/46% y
el fosfato monoamónico «MPA»: 12/51%).
c) Abonos con N nítrico y amoniacal. Tales tipos de abono representan un
avance sobre las características de los dos tipos precedentes de productos. En
función de la relación entre el N nítrico y el amoniacal, éstos pueden dar
soluciones válidas a los diversos problemas de abonado en función de la fase
de cultivo y de la problemática de intervención en el campo.
Los principales productos nitroamoniacales son el nitrato amónico,
normalmente comercializado en España con riqueza del 33,5% N, mitad nítrico y
mitad amoniacal, y los nitratos amónicos cálcicos, con riqueza desde el 20,5%.
Existen asimismo soluciones de nitrato amónico y urea (riqueza mínima: 26% N)
y en nitrosulfato amónico con el 26% N, del que el 7% es nítrico y el 19%
amoniacal.
d) Abonos con N ureico. La forma ureica del N no es por sí misma
directamente asimilable por la planta. Debe ser transformada por obras de la
enzima ureasa primero en N amoniacal y sucesivamente por la acción de los
microorganismos del terreno en N nítrico para poder ser metabolizado por las
plantas. El N ureico tiene por tanto una acción levemente más retardada que el
N amoniacal. Pero se debe tener en cuenta que la forma ureica es móvil en el
suelo y muy soluble en agua.
El producto fundamental es la urea (N = 46%), el abono comercial sólido de
mayor riqueza en N.
e) Abonos con N exclusivamente en forma orgánica. En los abonos orgánicos
el N en forma orgánica está principalmente en forma proteica. La estructura de
las proteínas que lo contienen es más o menos complicada (proteínas
globulares, generalmente fácilmente hidrolizables y escleroproteínas) y por
ello la disponibilidad del N para la nutrición de las plantas está más o
menos diferenciada en el tiempo, de algunas semanas hasta algunos meses. Tal
disponibilidad pasa a través de una serie de transformaciones del N: De
aminoácidos, sucesivamente en N amoniacal y después en N nítrico. Por ello
encuentran su mejor aplicación en el abonado de fondo y en cultivos de ciclo
largo.
f) Abonos con N orgánico y mineral (abonos órgano minerales). Son productos
que permiten activar la acción del N en el tiempo: Al mismo tiempo aseguran una
combinación de sustancias orgánicas de elevada calidad por elemento nutritivo
mejorándose la disponibilidad por la planta.
g) Abonos con N de liberación lenta. Son abonos de acción retardada cuya
característica principal es liberar su N lentamente para evitar las pérdidas
por lavado y adaptarse así al ritmo de absorción de la planta. Los productos
más comunes son la urea-formaldehído con el 36% al menos de N, la
crotonilidendiurea con el 30% al menos de N y la isobutilidendiurea con 30 kg de
N por 100 kg de producto terminado.
También pueden integrarse en esta categoría los abonos minerales revestidos
de membranas más o menos permeables.
h) Inhibidores de la actividad enzimática. Actúan incorporando a los
fertilizantes convencionales sustancias que inhiben los procesos de
nitrificación de desnitrificación. Dan lugar a reacciones bioquímicas que son
de por sí lentas y que llegan a paralizar la reacción correspondiente.
Las sustancias más conocidas y experimentadas a nivel agronómico son
aquellas que ralentizan la transformación del ion amonio en ion nítrico. Tales
sustancias son llamadas: Inhibidoras de la nitrificación. Actualmente hay en el
comercio formulados con adición de cantidades calibradas de diciandiamida
(DCD).
La adición de inhibidores de la nitrificación ha sido experimentada
también para los residuos ganaderos a fin de retardar la nitrificación de la
elevada parte de N amoniacal presente en los lisiers y así aumentar su
eficacia.
II
RESIDUOS GANADEROS
La diversidad de los efectos que los residuos procedentes del ganado
(estiércol, purines y lisier) obran sobre el sistema agroambiental se justifica
con la variabilidad de sus composiciones, tanto en cantidad como en calidad. Por
lo que respecta al N la comparación entre los diversos materiales debe hacerse
no sólo sobre la base del contenido total sino también sobre su distribución
cualitativa. Este nutriente, de hecho, está presente en la sustancia orgánica
de origen zootecnico de varias formas, que pueden ser clasificadas
funcionalmente en tres categorías.
- N mineral.
- N orgánico fácilmente mineralizable.
- N orgánico residual (de efecto lento).
Se pueden así sintetizar las características principales de los diversos
residuos procedentes del ganado:
i) Estiércol bovino. Constituye un material de por sí de difícil
confrontación con los otros por razón de la elevada presencia de compuestos de
lenta degradabilidad. Su particular maduración ha hecho de él un material
altamente polimerizado hasta el punto de resultar parcialmente inatacable por la
microflora y de demorarse por eso la descomposición. Su función es en
grandísima parte estructural, contribuyendo a promover la agregación de las
partículas terrosas y la estabilidad de los glomérulos formados.
El efecto
nutritivo, de momento, tiene una importancia relativamente menor, pero se
prolonga por más años del de su aplicación. En general, se indica que este
efecto nutritivo puede equivaler en el primer año de su aportación hasta el
30% del N total presente. El efecto residual tiene importancia relevante
después de varios años del cese de los aportes, en función del tipo de suelo,
del clima, de las labores, de otros abonados y de los cultivos que se siembren.
j) Lisier bovino. Presenta características fuertemente diferenciadas en
función del sistema de cría, pudiendo llegar en el lisier auténtico (7% de
sustancia seca) hasta la consistencia más o menos pastosa del llamado
«liquiestiércol», que pueda llegar a una riqueza en sustancia seca de 15-20%
cuando se usa cama a razón de 3-4 kg por cabeza y por día. El efecto
estructural puede confiarse que sea una cantidad casi partida en dos respecto al
estiércol de los compuestos de N de lenta degradabilidad (40%), mientras que el
efecto nutritivo en el primer año de mineralización puede llegar como máximo
al 60%.
En general, se trata de un abono de eficiencia media en el curso del
primer año y de buen efecto residual, pero la gran variabilidad del material
hace alejar con mucho las características funcionales de las medias antes
indicadas. En particular, la presencia mayor de cama aproximará mayormente su
comportamiento al del estiércol, mientras que los sistemas de separación y de
almacenaje influirán en el grado de maduración y de estabilización.
k) Lisier porcino. Asimismo con la inevitable variabilidad de la composición
en función del tipo de manejo y del tratamiento de las deyecciones, resulta
más fácil estimar la composición y el valor fertilizante. De hecho, es un
material que puede llegar a proveer, ya en el primer año, eficiencias del N que
llegan al 80%. Es evidente, entonces, que el efecto residual puede ser sólo
limitado, así como su contribución a la mejora de la estabilidad estructural
del suelo.
l) Estiércol de ovino o sirle. Sus propiedades oscilan entre las del
estiércol bovino y la gallinaza; es el estiércol de riquezas más elevadas en
N y K2O del de todos los demás animales.
El efecto sobre la estructura del suelo es mediano.
La persistencia es de tres años, mineralizándose aproximadamente el 50% el
primer año; 35% el segundo año y el 15% el tercer año.
m) Gallinaza. En este caso la casi totalidad del N está presente en forma
disponible ya en el primer año de suministro, resulta por ello un abono de
eficacia inmediata, parecida a los de síntesis.
También en este caso, el efecto residual puede ser considerado débil y el
estructural prácticamente insignificante. Es un material muy difícil de
utilizar correctamente porque no está estabilizado, es de difícil
distribución, sujeto a fuertes pérdidas por volatilización y con problemas de
olores desagradables.
Tales inconvenientes pueden ser, sin embargo, considerablemente reducidos o
eliminados, utilizando sistemas de tratamiento como la desecación o el
compostaje que permiten revalorizar las propiedades nutritivas y estructurales.
III
Otros compuestos
n) Compost. Los composts son enmiendas obtenidas mediante un proceso de
transformación biológica aerobia de materias orgánicas de diversa
procedencia. Es de particular interés para las fincas que puedan disponer de
deyecciones zootécnicas y materiales lignocelulósicos de desecho (pajas,
tallos, residuos culturales diversos) que son mezclados con las deyecciones, tal
cual o tratadas.
A esta gran variabilidad de las materias originales se añaden las del
sistema de compostaje, en relación con las condiciones físicas y los tiempos
de maduración.
Se hace por eso difícil generalizar el comportamiento agronómico de los
compost; pero se puede recordar que el resultado medio de un proceso de
compostaje, correctamente manejado durante un tiempo suficiente y con materiales
típicos de una finca agrícola, es un fertilizante análogo al estiércol.
Estará por ello caracterizado por una baja eficiencia en el curso del primer
año, compensada por un efecto más prolongado; también las propiedades
enmendantes pueden ser asimiladas a las del estiércol.
Siempre teniendo en cuenta la heterogeneidad de la procedencia de las
materias orgánicas compostable, el empleo del compost debe hacerse con
particular cautela a causa de la posible presencia de contaminantes
(principalmente metales pesados en caso de utilización de compost de residuos
urbanos) que pueden limitar el empleo a ciertas dosis dictadas por el análisis
del suelo y del compost a utilizar, sobre la base de cuanto disponga la
normativa vigente.
ñ) Lodos de depuradora. Es posible el empleo como abonos de los lodos de
procesos de depuración de aguas residuales urbanas u otras que tengan
características tales para justificar un uso agronómico (adecuado contenido en
elementos fertilizantes, de materia orgánica, presencia de contaminantes dentro
de límites establecidos).
El N contenido en los lodos de depuración,
extremadamente variable, tiene como media del 3 al 5% sobre la sustancia seca,
está disponible desde el primer año.
La utilización agronómica de estos productos para los cuales valen
precauciones análogas a las expresadas anteriormente para los compost, está
regulada por el Real Decreto 1310/1990, de 29 de octubre, este decreto define
los lodos y su análisis así como las concentraciones de metales pesados en los
lodos destinados a su utilización agraria y en los suelos que se abonan con
ellos.
3. El ciclo de nitrógeno en los suelos agrícolas
El nitrógeno en el suelo está sujeto a un conjunto de transformaciones y
procesos de transporte que se denomina ciclo de nitrógeno. En el gráfico
número 1, página 15 se presentan los principales componentes y procesos del
ciclo, diferenciando los aportes, las reservas y las extracciones o pérdidas.
Debido a las interacciones que existen entre todas las partes de este sistema
para poder reducir la lixiviación de nitrato, sin disminuir apreciablemente la
producción de los cultivos, es necesario conocer cómo influyen las prácticas
agrícolas y los factores ambientales en los diversos procesos de este ciclo.
Los principales elementos del ciclo del nitrógeno en los suelos que conviene
considerar son:
Absorción de N por la planta y extracción por la cosecha.
La absorción de
N por la planta constituye una de las partes más importantes del ciclo del N en
los suelos agrícolas. Esta absorción es la que el agricultor debe optimizar
para conseguir una buena producción y un beneficio económico.
Del N absorbido por la planta, una parte vuelve al suelo después de la
cosecha en forma de residuos (raíces, tallos y hojas) y puede ser aprovechado
por los cultivos siguientes; otra parte se extraer del campo con la cosecha.
Existen datos de la extracción aproximada de N por las cosechas, pero estos
valores no pueden emplearse directamente para el cálculo del abonado necesario
para cada cultivo sin conocer la eficiencia de utilización del N fertilizante
en cada caso; esta eficiencia es variable en diferentes situaciones. La
extracción de N por la cosecha sólo da una idea de las necesidades mínimas de
nitrógeno que tiene el cultivo.
Mineralización e inmovilización.
La mineralización es la transformación
del nitrógeno orgánico en amonio (NH4+) mediante la acción de los
microorganismos del suelo; la inmovilización es el proceso contrario. Como
ambos actúan en sentido opuesto, su balance se denomina mineralización neta.
La mineralización neta de la materia orgánica del suelo depende de muchos
factores, tales como el contenido en materia orgánica, la humedad y la
temperatura del suelo. En climas templados la mineralización neta anual es,
aproximadamente, el 1-2% del N total, y esto supone una producción de N mineral
de unos 40 a 150 kg/ha, en los primeros 30 cm del suelo.
Un factor importante a considerar en la mineralización de la materia
orgánica que se añade al suelo es su relación C/N, que indica la proporción
de carbono (C) a nitrógeno (N). Generalmente, cuando se añade materia
orgánica al suelo con una relación de 20-25 o menor, se produce una
mineralización neta, mientras que si los valores de este cociente son más
altos, entonces los microbios que degradan esta materia orgánica consumen más
amonio que el que se produce en la descomposición, y el resultado es una
inmovilización neta de N (esta regla es solamente aproximada). La relación C/N
de la capa arable en los suelos agrícolas suele existir entre 10-12.
Nitrificación.
En este proceso, el amonio (NH4+) se transforma primero en
nítrito (N02-), y éste en nitrato (NO3-), mediante la acción de bacterias
aerobias del suelo. Debido a que, normalmente, el nitrito se transforma en
nitrato con mayor rapidez que se produce, los niveles de nitrito en los suelos
suelen ser muy bajos en comparación con los de nitrato.
Bajo condiciones adecuadas, la nitrificación puede transformar del orden de
10-70 kg N/ha/día. Esto implica que un abonado en forma amónica puede
transformarse casi totalmente en nitrato en unos pocos días si la humedad y
temperatura del suelo son favorables.
En ocasiones, debido a que la nitrificación es bastante más rápida que la
mineralización, se emplea el término mineralización para indicar el proceso
global de conversión del N orgánico en nitrógeno mineral (fundamentalmente
nitrato y amonio).
Desnitrificación.
La desnitrificación es la conversión del nitrato en
nitrógeno gaseoso (N2) o en óxidos de nitrógeno, también gaseosos, que pasan
a la atmósfera. Este fenómeno se debe a que, en condiciones de mucha humedad
en el suelo, la falta de oxígeno obliga a ciertos microorganismos a emplear
nitrato en vez de oxígeno en su respiración.
Fijación biológica.
La fijación biológica de nitrógeno consiste en la
incorporación del nitrógeno gaseoso de la atmósfera a las plantas gracias a
algunos microorganismos del suelo, principalmente bacterias. Uno de los grupos
más importantes de bacterias que fijan nitrógeno atmosférico es el Rhizobium,
que forma nódulos en las raíces de las leguminosas.
Lluvia.
La lluvia contiene cantidades variables de N en forma de amonio,
nitrato y óxidos de nitrógeno, y constituye una fuente importante de N en los
sistemas naturales. Sin embargo, en los sistemas agrícolas, este aporte (5-15
kg N/ha/año) es pequeño en comparación al de los fertilizantes.
Lixiviación.
La lixiviación o lavado del nitrato es el arrastre del mismo
por el agua del suelo que percola más abajo de la zona radicular. Este proceso
es el que produce la contaminación de las aguas subterráneas por nitrato, ya
que, en general, una vez que éste deja de estar al alcance de las raíces,
continúa su movimiento descendiente hacia los acuíferos sin apenas ninguna transformación
química o biológica.
Arrastre con la escorrentía.
La escorrentía de agua en los suelos
agrícolas es el flujo del agua sobre la superficie del suelo, de modo que no se
infiltra en el campo, sino que fluye normalmente hacia terrenos más bajos o
cursos superficiales de agua. Se produce como consecuencia de lluvias o riesgos
excesivos y puede arrastrar cantidades variables de N. En general, estas
pérdidas de N del suelo son pequeñas, excepto cuando la escorrentía se
produce poco después de un abonado nitrogenado.
Volatilización.
Se denomina así la emisión de amoníaco gaseoso desde el
suelo a la atmósfera. Esto ocurre porque el amonio (NH4+) del suelo, en
condiciones de pH alcalino, se transforma en amoníaco (NH3), que es un gas
volátil. Aunque puede haber pérdidas importantes de N por volatilización
cuando se abona con amoníaco anhidro, resultan más frecuentes aquellas que
ocurren cuando se emplean abonos nitrogenados en forma amónica en suelos
alcalinos, sobre todo si el pH es mayor que ocho.
La urea puede experimentar
también pérdidas variables por volatilización después de transformarse en
amonio en el suelo. Los estiércoles, si no se incorporan al suelo, pueden
perder del 10 al 60% de su N por volatilización, debido a que una parte
importante de su nitrógeno puede estar en forma amónica.
Nota: cuadro suprimido
4. Períodos en que es recomendable la aplicación de fertilizantes a las
tierras
El abonado nitrogenado con abonos minerales es práctica adoptada para todos
los cultivos excepto las leguminosas, en las que, no obstante, es recomendable
una aportación de 10 a 20 kg de N por hectárea, en forma nítrica-amoniacal.
A
fin de hacerla de modo racional, es preciso suministrar abonos nitrogenados lo
más próximo posible en el tiempo al momento de su absorción por la planta; es
ésta una medida eficaz para reducir el peligro de que N será lavado en el
período entre el abonado y la asimilación por los cultivos.
Además el abonado
nitrogenado se basa sobre el principio de maximizar la eficacia de la
utilización por parte del cultivo y complementariamente minimizar las pérdidas
por lavado.
En el caso que se utilicen efluentes zootécnicos es importante recordar que
la disponibilidad del N de aquéllos por las plantas, depende de la presencia de
formas de N diversas, como el orgánico, el ureico, el amoniacal y el nítrico.
Las fracciones prontamente disponibles son la nítrica y la amoniacal; otras
formas son asimilables a continuación de procesos de mineralización de la
fracción orgánica.
Otros factores que influyen en la disponibilidad del N de
origen zootécnico son las concentraciones y las relaciones entre los compuestos
de N presentes, las dosis suministradas, los métodos y la época de
aplicación, el tipo de cultivo, las condiciones del suelo y el clima.
En confrontación con los abonos minerales, la eficiencia del N total de los
lisiers en el año de aplicación se estima entre el 50 y el 70%, con valores
crecientes para el lisier vacuno, porcino, avícola y de terneros; en los años
sucesivos, la mineralización de la parte residual compensa parcialmente las
citadas diferencias.
La eficiencia del N total de lisier, respecto a los abonos minerales, varía
además notablemente para cada cultivo en relación a la época de
distribución, reduciéndose además al aumentar la dosis.
Tal eficiencia a veces aumenta en relación a la textura del suelo con el
aumento de la porosidad.
Actuaciones: Al objeto de limitar la contaminación de las aguas por
nitratos, a continuación se detallan las épocas más aconsejables para la
fertilización en diferentes cultivos, atendiendo a su estado fenológico y al
tipo de abono.
Nota: cuadro suprimido
1. Cereales de otoño-invierno: Considerando las condiciones climáticas
coincidentes con los primeros estadios de estos cultivos, se aplicarán dosis
bajas del abonado nitrogenado en la sementera; efectuándose en cobertera en los
momentos de máxima necesidad, principalmente durante el ahijado y encañado.
De acuerdo con la forma del nitrógeno en el abono:
- Nítrico: En el encañado.
- Amoniacal: En el ahijado.
- Nítrico y amoniacal: En el ahijado.
- Ureico: En el ahijado.
El sembrar leguminosas antes del cereal, deja en el suelo nitrógeno
atmosférico fijado por la planta, que puede servir de aporte nitrogenado precoz
para el cultivo siguiente.
Es muy conveniente la aplicación de estiércoles en otoño sobre el rastrojo
inmediatamente antes de arar para facilitar la descomposición bacteriana de la
paja durante el invierno.
2. Maíz-sorgo.
N amoniacal, nítrico-amoniacal y ureico: Aportar 1/3 del N antes de la
siembra.
N nítrico, nítrico-amoniacal: De los 2/3 restantes, la mitad localizada
entre calles cuando la planta alcanza 25-30 cm de altura y el resto cuando
alcanza los 50-60 cm de altura.
3. Praderas de gramíneas (temporales).
Nitrógeno nítrico, amoniacal o nítrico-amoniacal: Después de cada corte o
pastoreo; no obstante las necesidades de forrajes serán las que marcarán al
agricultor el momento de la aplicación.
N amoniacal, nítrico-amoniacal: Al final del invierno. El N ureico es menos
eficaz en praderas que las demás formas de N.
Estiércoles, lisiers: Al final del verano y otoño cada dos o tres años, si
se puede.
4. Remolacha.
N amoniacal, nítrico-amoniacal y ureico: Aportar 1/3 de la dosis antes de la
siembra.
N nítrico, nítrico-amoniacal: Los 2/3 restantes, uno en el aclareo y otro
un mes después, aproximadamente.
Estiércoles, lisiers, gallinaza, compost y lodos: Recibirá cuando en la
rotación sea cabeza de alternativa, una dosis importante de abono orgánico,
bien hecho y con bastante anticipación a la siembra.
5. Patata.
N amoniacal, ureico: Aplicar en sementera.
N nítrico, nítrico-amoniacal: En cobertera, en la bina y quince días
después, ya que absorbido demasiado tarde alarga la vegetación a costa de la
formación de tubérculos.
Estiércoles, lisiers, gallinaza, composts: Proporcionar una buena
aportación de materia orgánica antes de la plantación. Suele ir en cabeza de
alternativa y agradece mucho el abonado orgánico. Se debe enterrar en invierno.
6. Tabaco.
N amoniacal, ureico, nítrico-amoniacal: 2/3 de la plantación.
N nítrico: 1/3 en la escarda.
N orgánico, orgánico mineral, estiércoles, lisiers, gallinaza: Enterrar el
producto bien descompuesto en el otoño.
7. Girasol.
N amoniacal, ureico: Aconsejable enterrar el abono antes de la siembra
mediante una labor.
N nítrico, nítrico-amoniacal, ureico: En cobertera siempre que la humedad
lo permita.
8. Hortalizas.
a) De siembra primaveral:
N amoniacal, ureico y nítrico-amoniacal: Aportar aproximadamente 1/3 en la
sementera.
N nítrico, nítrico-amoniacal, ureítico: Repartir el resto en varias veces
según el desarrollo y necesidades del cultivo.
N de liberación lenta: Usar en caso de primavera muy lluviosa.
N orgánico, orgánico-mineral, estiércoles, lisiers, gallinaza y composts:
Con anticipación a la preparación del lecho de siembra.
b) Hortalizas de ciclo corto: En la mayor parte de las hortalizas de hojas,
de fruto o de raíz (lechugas, coles, calabacines, rabanitos, etc.) el momento
del abonado pasa a segundo plano, como medida de contención de las pérdidas de
N por lavado, respecto al riesgo, mucho mayor, de un exceso irracional de
abonado nitrogenado, tan frecuente en este tipo de cultivos.
9. Plantaciones leñosas.
N nítrico, amoniacal, nítrico-amoniacal y ureico: Debe aplicarse la mayor
parte del N en las fases de prefloración, floración y formación del fruto.
N nítrico-amoniacal: Durante el engrosamiento de los frutos.
N orgánico, orgánico-mineral y efluentes zootécnicos así como composts:
Al inicio del otoño para prever la brotación de las yemas de fruto para el
año siguiente.
10. Cítricos.
N amoniacal: La primera aplicación quince días a un mes antes de la
floración (la mitad del total de N).
N nítrico-amoniacal, urea (soluciones nitrogenadas): La segunda aplicación
en primavera, coincidiendo con el cuajado de los primeros frutos (la otra mitad
del N).
N ureico: Pulverizaciones foliares antes de la floración pueden resultar una
ayuda interesante, teniendo siempre en cuenta la limitación legislativa vigente
sobre el contenido máximo de biuret.
N orgánico, orgánico-mineral, estiércoles, lisiers, gallinaza, composts,
etc.: Es necesario realizar aportaciones repetidas de (materia orgánica) de
cualquier origen, aconsejándose aportar un complemento nitrogenado para
favorecer su humificación.
11. Superficies forestales.
Las superficies forestales donde se den condiciones de acceso, circulación y
orografía adecuadas podrán verse favorecidas por la aplicación de
fertilizantes que corrijan las carencias nutritivas y propicien un mejor y mayor
desarrollo de las especies herbáceas y forestales.
Las épocas, dosis y tipos de abono deberían ajustarse en función de los
mismos parámetros que las praderas o plantaciones leñosas y de los tipos de
suelos sobre los que se asientan.
5. Aplicación de fertilizantes a terrenos inclinados y escarpados
En general los suelos con pendientes uniformes inferiores al 3% se consideran
llanos y no es necesario adoptar medidas particulares para controlar la erosión.
Los suelos con pendientes uniformes que no superan el 10% en un mismo plano
se consideran como pendientes suaves.
Pendientes uniformes entre el 10% y 20% se consideran pendientes moderadas y
el valor extremo (20%) se considera que debe marcar el límite de los sistemas
agrícolas con laboreo permanente.
Un límite de pendiente para la distribución de abonos no puede ser definido
a priori pues los riesgos de escorrentía dependen:
a) De la naturaleza y del sentido de implantación de cubierta vegetal.
b) De la naturaleza del suelo.
c) De la forma de la parcela, del tipo y sentido del trabajo del suelo.
d) De la naturaleza y del tipo de fertilizante.
e) Del clima.
La escorrentía no se produce de la misma
manera, según que la pendiente sea
uniforme o que existan rupturas de pendiente.
Naturaleza de la cobertura vegetal: Conviene distinguir los suelos desnudos
de los enteramente cubiertos de vegetación. Como norma general, la cubierta
vegetal disminuye los riesgos de escorrentía de forma sensible.
* Caso de suelos enteramente cubiertos de
vegetación.
En lo que concierne a los cultivos perennes en línea
(plantaciones leñosas)
la costumbre de cubrir con hierba las calles es una buena práctica para limitar
los riesgos de escorrentía.
Naturaleza del suelo:
* Textura.
La escorrentía se ve favorecida en los suelos de textura fina
(tipo
arcilloso o arcillo-limoso). Por el contrario, los suelos muy filtrantes (tipo
arenoso) la limitan.
* Estructura.
Los suelos de estructura desfavorable (compactación,
apelmazamiento)
favorecen la escorrentía. Por el contrario, los suelos de buena estructura la
limitan. La mejora de la estructura del suelo puede ser realizada por el
agricultor, implantando ciertas prácticas culturales
(ej.: laboreo oportuno del suelo, manejo de la materia
orgánica, rotaciones, uso de materiales
adecuados,
etc.).
* Profundidad del horizonte impermeable.
La escorrentía puede estar condicionada por la presencia en el perfil
cultural de un nivel o de una capa menos permeable, aunque esta correntía sea
muy superficial (ej.: costra superficial) o más profunda (ej.: suelo de labor).
Forma de la parcela y trabajo del suelo: La forma de la parcela puede tener
alguna influencia sobre la escorrentía. El trabajo del suelo puede realizarse
de forma que se limiten las pérdidas de abonos líquidos (minerales o
estiércoles).
Es recomendable que las labores de trabajo de suelo se realicen en el sentido
adecuado para favorecer la retención del agua, sin que se produzcan
encharcamientos.
Naturaleza y tipo del fertilizante: Los riesgos de arrastre en suelos en
pendiente son más fuertes para las formas líquidas (abonos líquidos, purines,
lisiers) y menores para las formas sólidas
(abonos sólidos, estiércoles).
En suelos desnudos, con fuerte pendiente, el enterramiento de los
fertilizantes está muy indicado.
Clima: Las distribuciones de abonos en períodos en que la pluviometría sea
elevada, aumentan los riesgos de
escorrentía.
Actuaciones: Para limitar el aumento de los riesgos de transporte de N unido
al factor agravante como es la fuerte pendiente, se recomienda realizar la
aplicación de los fertilizantes de tal forma que se suprima la escorrentía.
Como factores más significativos a tener en cuenta están:
- La naturaleza y el sentido de implantación de la cobertura del
suelo.
- La forma de la parcela.
- La naturaleza del suelo y sus labores.
- El tipo de fertilizante.
- Las épocas de aplicación posibles.
De otra parte, se recomienda no utilizar ciertos equipos de distribución
como por ejemplo los cañones de aspersión con presión alta (superior a 3
bares en el aspersor) para los fertilizantes líquidos.
Convendría precisar estas recomendaciones cada vez que ello sea
posible,
teniendo en cuenta el contexto local.
Se recomienda mantener con hierba ciertos
desagües, setos y taludes, así
como los fondos de laderas.
6. La aplicación de fertilizantes a tierras en terrenos hidromorfos,
inundados, helados o cubiertos de nieve
Se trata de evitar las aplicaciones de fertilizantes bajo condiciones
climáticas que agraven ulteriormente la infiltración o la escorrentía,
teniendo en cuenta especialmente los tipos de abonos y las condiciones
climáticas. Conviene por otra parte ser particularmente vigilante cuando el
suelo está en pendiente.
* Naturaleza del abono.
Ver el apartado 2: Tipos de fertilizantes nitrogenados.
* Condiciones climáticas.
Se consideran las cuatro situaciones siguientes:
a) Suelos helados únicamente en
superficie, alternando el hielo y deshielo a
lo largo del día.
b) Suelos completamente helados.
c) Suelos nevados.
d) Suelos inundados o encharcados.
a) Suelos helados únicamente en
superficie, alternando el hielo y deshielo a
lo largo del día.
En suelos helados únicamente en superficie y deshelados durante el
día, la
distribución de abonos es posible cualquiera que sea la naturaleza del
fertilizante.
b) Suelos completamente helados.
No se deshielan durante el día, por lo que hay riesgos de escorrentía en
caso de precipitaciones o de deshielo. Sin embargo, el riesgo se mide en
función de la frecuencia y de la duración del período de hielo. Bajo este
epígrafe los estiércoles bovino y ovino, gallinazas, composts y lodos de
depuradora, así como los abonos minerales se deben únicamente distribuir en
casos límite.
c) En suelos nevados.
Los riesgos de escorrentía son importantes durante el deshielo de la
nieve.
Por ello, las distribuciones de fertilizantes como lisiers, purines y abonos
minerales son desaconsejados. Para los estiércoles, composts y lodos se
atenderá a lo dictado en b) (se distribuirán en caso límite):
d) En suelos inundados o encharcados.
La distribución es desaconsejable en razón de los riesgos importantes de
infiltración y de escorrentía.
Además están raramente aconsejados en el plano
agronómico, por la
incapacidad de la planta para absorber el N en estas condiciones.
Actuaciones: El cuadro siguiente precisa en qué condiciones son posibles las
distribuciones de fertilizantes en suelos helados, inundados, encharcados o
nevados. La naturaleza y la pendiente del suelo deben ser tomadas en
consideración.
Cuadro N.º 1(suprimido)
7. Condiciones de aplicación de fertilizantes en tierras cercanas a cursos
de agua
Con independencia de la contaminación indirecta de las aguas por
infiltración o drenaje, en la aplicación de abonos cercanos a corrientes de
agua existe el peligro de alcanzar las aguas superficiales, ya sea por deriva ya
por escorrentía. Antes de aplicar efluentes zootécnicos y otros desechos
orgánicos al suelo, conviene delimitar bien el terreno donde los desechos no
deben aplicarse nunca.
- Naturaleza de la orilla: La topografía y la vegetación
pueden, según los casos, favorecer o limitar las proyecciones o la
escorrentía. Dependiendo de:
* Presencia o no, de taludes (altura, distancia a la orilla, etc.).
* Pendientes más o menos acentuada del
margen.
* Presencia y naturaleza de la vegetación
(bosques en galería, prados, setos).
* Ausencia de vegetación.
- Posibles zonas inundables: Deben considerarse las orillas inundables de los
cursos de agua.
- Naturaleza y forma del fertilizante: Los riesgos de arrastre por
proyección o escorrentía pueden ser tanto más importantes cuanto que los
abonos se presenten en forma de elementos finos (ejemplo: Gotitas de abonos
líquidos, gránulos de abonos minerales de poca
masa) y que las condiciones
climáticas sean favorables (viento, lluvia).
- Equipo de aplicación: Ciertos equipos de aplicación pueden favorecer las
proyecciones (distribuidores centrífugos, esparcidores de estiércol, cañones
aspersores), otros, la escorrentía en caso de paradas del equipo
(barra para
abonos líquidos, cuba de lisier).
Igualmente, la regulación del equipo así como el jalonamiento de las
parcelas son dos aspectos determinantes a considerar para asegurar la precisión
de la aplicación.
- Ganados en pastoreo: El pastoreo al borde de los cursos de agua no parece
acarrear riesgos importantes de proyección o escorrentía.
El abrevamiento concentrado de los animales directamente en las corrientes de
agua debe evitarse en la medida de lo posible.
Actuaciones:
- Dejar una franja de entre 2 a 10 metros de ancho sin abonar junto a todos
los cursos de agua. Los sistemas de fertirrigación trabajarán de modo que no
haya goteo o pulverización a menos de 2 a 10 metros de distancia a un curso de
agua, o la que deriva pueda alcanzarlo.
- Para reducir el riesgo de contaminar agua
subterránea, los efluentes y
desechos orgánicos no deben aplicarse a menos de 35-50 metros de una fuente,
pozo o perforación que suministre agua para el consumo humano o se vaya a usar
en salas de ordeño. En algunos casos se puede necesitar una distancia mayor.
Se recomienda mantener las orillas o márgenes con hierba.
8. Capacidad y diseño de los depósitos de almacenamiento de estiércol y
medidas para evitar la contaminación del agua por escorrentía y filtración en
aguas superficiales o subterráneas de líquidos que contengan estiércol y
residuos procedentes de productos vegetales almacenados como el forraje ensilado
Se trata de evitar en los locales del ganado y en sus anejos, la evacuación
directa en el entorno de líquidos que contengan deyecciones animales o
efluentes de origen vegetal, de forma que se evite la contaminación de las
aguas por escorrentía y por infiltración en el suelo o arrastre hacia las
aguas superficiales.
Deben considerarse tres puntos esenciales:
a) La evaluación de los volúmenes a almacenar.
b) El sistema de recogida.
c) El sistema de almacenaje.
a) Evaluación de los volúmenes a almacenar.
* Las deyecciones.
El volumen de almacenaje debería permitir contener, como mínimo, los
efluentes del ganado producidos durante el período en que su distribución es
desaconsejable (Ver cuadro n.º 2) y si el foso no está cubierto, las aguas de
lluvia y aguas sucias ocasionales.
Sin embargo, para un período dado, este volumen varía en función de
numerosos parámetros: Tipo de animales, modo de alimentación, manejo del
ganado, etc. Se hace necesario, pues, calcular bien las cantidades producidas,
dando un margen de seguridad para evitar desbordamientos eventuales. En el
cuadro adjunto número 2 se indican las cantidades de deyecciones sólidas y
líquidas, así como su composición.
* Aguas sucias (del lavado, desperdicios de abrevaderos, deyecciones
diluidas).
Para evitar el tratar con volúmenes muy importantes, la producción de estas
aguas debe limitarse al mínimo. Éstas deben ir dirigidas preferentemente hacia
instalaciones de tratamiento adecuadas (filtraciones, decantación, fosas,
embalses, etc.). Si no hay tratamiento, deben recogerse en un depósito de
almacenaje propio para ellas, o en su defecto, en el de las deyecciones. Es
preciso evitar que estas aguas sean vertidas directamente al entorno.
b) Sistemas de recogida.
Se trata de controlar, en el conjunto de la explotación la recogida de
efluentes de origen animal (deyecciones líquidas o sólidas, aguas sucias) y el
rezume del ensilaje. El control debe ejercerse esencialmente sobre dos
parámetros: La estanqueidad y la dilución.
* Estanqueidad.
Las áreas de ejercicio y de espera y sus redes de alcantarillado deben ser
estancas.
* Dilución.
Las diluciones (por las aguas de lluvia o las aguas de lavado) deben evitarse
(techados). Las aguas de lluvia no contaminadas pueden ser vertidas directamente
al entorno.
c) Sistemas del almacenaje.
En todos los casos, las instalaciones de almacenaje deben ser estancas, de
forma que se eviten los vertidos directos en el medio natural. El lugar de
implantación y el tipo de almacenaje depende de numerosos factores (relieve del
terreno, naturaleza del suelo, condiciones climáticas, etc.).
* Almacenaje de los productos líquidos.
Las fosas de almacenaje deben ser estancas.
* Almacenaje de productos sólidos.
Los depósitos de almacenaje de los estiércoles y ensilajes deben asentarse
sobre una superficie impermeable y con un punto bajo de recogida de los
líquidos rezumados (purines, jugos de ensilajes) que deberán conducirse a una
fosa impermeabilizada.
La peligrosidad de tales líquidos viene medida por la DBO tal como sigue:
La demanda bioquímica de oxígeno (DBO) medida en miligramos/litro es:
Agua sucia (de sala de ordeño y corrales)
1.000-2.000
Lisier de bovinos 10.000-20.000
Lisier de porcinos 20.000-30.000
Efluente de ensilaje 30.000-80.000
Leche 140.000
CUADRO 2 (suprimido)
- Casos particulares de los animales en el exterior.
Se evitará la permanencia de los animales, en densidades importantes, sobre
superficie no estancas.
En períodos de invernada al aire es deseable, en caso necesario, desplazar
regularmente el área de alimentación. Si la alimentación se realiza
permanentemente en el mismo sitio, el suelo debe estar estabilizado.
Actuaciones: En la medida de lo posible y allí donde sea necesario, se
recomienda que se mantengan impermeables todas las áreas de espera y de
ejercicio, en especial las exteriores, accesibles a los animales y todas las
instalaciones de evacuación o de almacenaje de los efluentes del ganado.
La pendiente de los suelos de las instalaciones donde permanezcan los
animales debe permitir la evacuación de los residuos. Estos últimos serán
evacuados hacia los contenedores de almacenaje.
Se recomienda recolectar las aguas de limpieza en una red estanca y
dirigirlas hacia las instalaciones de almacenaje (específicas si es posible) o
del tratamiento de los residuos.
Se recomienda almacenar las deyecciones sólidas en una superficie estanca
dotada de un punto bajo, de modo que se recojan los líquidos de rezume y se
evacúen hacia las instalaciones de almacenaje o de tratamiento de los residuos.
Se recomienda disponer, como mínimo, de una capacidad de almacenaje
suficiente para cubrir los períodos en que la distribución no es aconsejable
(ver cuadro n.º 1). Este punto será precisado localmente.
Se aconseja recoger por separado las aguas de lluvia de los tejados y
evacuarlos directamente en el medio natural.
9. Aplicación de fertilizantes químicos y estiércoles a las tierras para
controlar las pérdidas de nutrientes hacia las aguas
A fin de controlar mejor el escape de elementos nutritivos hacia las aguas, y
teniendo en cuenta que fuera de las zonas de influencia de la montaña la
pluviometría de Castilla y León es baja (entre 350 y 500 mm/año), este
Código de Buenas Prácticas Agrarias tiene en cuenta los efectos de la
aplicación de un exceso de fertilizantes, las dosis a aplicar, y las
modalidades de distribución.
Efectos de la aplicación de fertilizantes: La aplicación de fertilizantes a
los suelos en cantidades superiores a las que los cultivos son capaces de
reciclar puede provocar efectos depresivos en las producciones y contaminación
de las aguas subterráneas, por lo que, es necesario elaborar un plan en el que
la aplicación de fertilizantes, tanto bajo forma de fertilizantes químicos
como de residuos ganaderos, no sea superior a la capacidad de reciclado de los
cultivos.
La materia orgánica que aportan los residuos ganaderos es retenida por el
suelo y difícilmente puede alcanzar las masas de agua subterráneas salvo por
accidentes físicos de los suelos sobre los que se aplican, y por ello, su
incidencia es prácticamente nula en la calidad de estas aguas. Esta situación
es igual para la mayoría de los componentes de los residuos ganaderos que
difícilmente alcanzan profundidades superiores a 2 metros.
Los efectos del nitrógeno son distintos. Los nitratos son solubles y son
arrastrados por las aguas de precipitación o riego hacia las capas más
profundas llegando a alcanzar a las corrientes y a las masas subterráneas.
Cuando el contenido en nitrógeno es superior a 50 ppm, es decir 50 miligramos
por litro, esas masas no pueden ser utilizadas para el abastecimiento de la
población y su ingestión puede dar lugar a problemas sanitarios.
En Castilla y León al igual que amplias zonas de España la extracción de
aguas subterráneas para el abastecimiento humano se sitúa en la actualidad en
el 30-35%, mientras que la media comunitaria es del 70-80%; ésta ha sido una de
las causas por la cual la CEE ha aprobado en diciembre de 1991 la Directiva
91/676, relativa a la contaminación por nitratos de las masas de agua,
provenientes de fuentes difusas, fundamentalmente agrarias (fertilizantes
minerales y orgánicos o ganaderos).
El correcto reciclado de los residuos ganaderos, en los suelos de Castilla y
León, pobres en materia orgánica, pueden mejorar de forma sensible la calidad
de los mismos, puesto que simultáneamente se logrará disminuir la
mineralización que padecen nuestros suelos como consecuencia de la práctica
exclusiva del abonado mineral, lo que contribuirá a mejorar la cubierta vegetal
y disminuir los riesgos de erosión.
En definitiva se puede decir que los residuos ganaderos pueden ser
considerados bajo el punto de vista de sus efectos negativos sobre el medio
ambiente y simultáneamente como subproductos o materias primas secundarias
susceptibles de valoración económica. La transformación de un concepto en
otro se logra mediante una gestión adecuada de dichos residuos.
- Dosis de aplicación: La determinación cuidadosa de la dosis a aplicar
sobre una parcela, en previsión de las necesidades del cultivo, deben permitir
el evitar los excesos en la fertilización y por consecuencia el riesgo de
lavado que se origina. Para lograrlo, conviene asegurarse del equilibrio entre
las necesidades de los cultivos y lo suministrado por el suelo y la
fertilización.
El desequilibrio puede proceder de diferentes factores:
* La sobreestimación del rendimiento calculado.
Conviene evaluar bien los objetivos del rendimiento por parcelas, teniendo en
cuenta las potencialidades del medio y el historial de cada parcela. Esto
permite precisar las necesidades en N para un cultivo dado.
* La subestimación de los aportes propios del suelo.
Conviene calcular bien el suministro de N por el suelo que varía según el
clima y los antecedentes culturales de la parcela.
* La subestimación de las cantidades de N contenidas en los residuos del
ganado.
Es preciso tener en cuenta dos factores interrelacionados como son la
cantidad a distribuir y su valor fertilizante. Un buen conocimiento de los
aportes fertilizantes de los residuos ganaderos se hace necesario a fin de
evaluarlos mejor.
- Uniformidad: La irregularidad en la distribución puede igualmente llevar a
una sobrefertilización.
* Homogeneidad de los fertilizantes (calidad constantes).
Es útil remover mezclando los lisier, los lodos y las basuras antes de
aplicarlos. Esto permite controlar mejor las dosis a distribuir.
* Regulación del equipo de aplicación.
Un equilibrio de aplicación bien reglado permite controlar mejor la
regularidad de la distribución y así luchar contra la sobrefertilización.
Actuaciones: Se recomienda equilibrar:
1. Las necesidades previsibles de N de los cultivos, teniendo en cuenta el
potencial agrológico de las parcelas y el modo de llevar los cultivos.
2. Los suministros de N a los cultivos por el suelo y por el abonado,
atendiendo:
* A las cantidades de N presentes en el suelo en el momento en que el cultivo
comienza a utilizarlas de manera importante.
* A la entrega de N por la mineralización de las reservas del suelo durante
el desarrollo del cultivo.
* A los aportes de nutrientes de los residuos ganaderos.
* A los aportes de abonos minerales.
Habiendo fijado la dosis, se recomienda fraccionar las aportaciones si fuera
necesario para responder mejor a las necesidades de los cultivos en función de
sus diferentes estadios y al mismo tiempo, para revisar a la baja las dosis si
el objetivo de producción marcado no puede alcanzarse por causa del estado de
los cultivos (limitaciones climáticas, enfermedades, plagas, encamado, etc.).
En el caso de los estiércoles cuyo efecto dura varios años, se tendrá
sólo en cuenta el suministrado en el año considerado.
Modos de aplicación: Procurar que las máquinas distribuidoras y
enterradoras de abono estén bien reguladas y hayan sido sometidas a un control
previo a su comercialización en un centro especializado, a fin de asegurar unas
prestaciones mínimas de uniformidad en la aplicación de los fertilizantes.
10. Gestión del uso de la tierra con referencia a los sistemas de rotación
de cultivos y a la proporción de la superficie de tierras dedicadas a cultivos
permanentes en relación con cultivos anuales y al mantenimiento durante
períodos lluviosos de un manto mínimo de vegetación que absorba el N del
suelo para evitar la contaminación del agua por nitratos
Todo sistema agrícola que deje el suelo desnudo en invierno constituye un
factor de riesgo importante.
Las alternativas consisten en distribuir los cultivos entre las diferentes
parcelas de la explotación y definir una sucesión ordenada de los mismos, en
el tiempo.
La combinación de los dos factores (espacio y tiempo) deberá limitar la
superficie desnuda en invierno.
En la gestión de las tierras, a escala de explotación y de parcela, debe
contemplarse el riesgo de contaminación de las aguas por nitratos procedentes
de la propia finca. Esta contaminación está ligada a la presencia de N bajo
forma mineral, susceptible de ser lixiviado hacia las capas freáticas, o bajo
formas mineral y orgánica que pueden ser arrastradas por escorrentía hacia las
aguas superficiales o subterráneas.
Dentro de las diferentes soluciones técnicas para una misma producción, se
debe concretar aquellas que limiten el riesgo de contaminación del agua por
nitratos.
A este respecto, la aplicación de un abonado razonable es esencial. Para las
otras técnicas, conviene adoptar prácticas específicas para cada cultivo, en
el contexto suelo-clima, sin que actualmente pueda establecerse una de alcance
general.
La gestión de un cultivo dentro de una alternativa y en un contexto concreto
de suelo y clima ser más o menos fuente de contaminación, dependiendo del
intervalo de tiempo entre el cultivo que le precede o que le sigue y de la
naturaleza, cantidad y tratamiento de los residuos de cada cosecha en
particular.
Distribución de la superficie agraria en Castilla y León: La superficie
agraria en Castilla y León es de 7,8 millones de hectáreas, que representan el
82% del territorio regional.
Esta superficie se distribuye, según usos:
103 Has. Cultivos herbáceos y barbecho...
3.746,6
Cultivos leñosos 88,9
Prados y pastizales 1.644,8
Forestal 2.370
7.817,3-
En cuanto a la distribución por sistemas de cultivo:
103 Has.
Regadío 406,5
Secano 3.429
Prados y pastizales 1.644
Alternativas más frecuentes en la agricultura Castellano-Leonesa: A
continuación y a título orientativo, se describen las alternativas más
generalizadas en el campo de Castilla y León y cuya aplicación se modifica
según la Política Agrícola Común (PAC).
Alternativa barbecho blanco/cereal/erial/pradera: Es la alternativa propia de
la dehesa. Se labran los tercios, cuartos o quintos cada 3, 4 ó 5 años y se
siembran de cereal. Al año siguiente el rastrojo se pastorea como erial, que en
los años siguientes se transforma en pradera.
Alternativa año y vez: Es la rotación de cultivos con un año de cereal y
el siguiente de barbecho blanco.
Presenta problemas en relación con el coste de las labores y los riesgos de
erosión.
Alternativa cereal/barbecho semillado: Mejora la alternativa anterior,
sembrando el año siguiente al cereal, una leguminosa grano o forrajera.
Los sueños españoles son muy pobres en materia orgánica y el hecho de que
las leguminosas fijas N atmosférico, hace que sea muy recomendable el semillado
de los barbechos, que puede ser total o parcial.
Alternativas más complejas que mantiene el barbecho: El girasol ha adquirido
carta de naturaleza en tierras más bien fértiles de nuestra región, formando
parte de diversas alternativas.
- De tres años: Cereal/Girasol/Barbecho.
- De cuatro años: Cereal/Barbecho/Girasol/Leguminosas.
Otras alternativas sin barbecho: En amplias zonas del Valle del Duero se
utilizan alternativas en las que el barbecho se reduce a la retirada obligatoria
y donde se alternan cultivos de cereales, leguminosas y oleaginosas, siendo el
cereal predominante en la rotación.
Alternativas de regadío: El regadío permite incrementar las producciones
unitarias e intensificar las rotaciones, introduciendo cultivos intercalares.
Las alternativas o distribuciones de cultivos herbáceos más frecuentes en
las distintas zonas de regadío son:
Cereal invierno 27%
Alfalfa 12%
Remolacha azucarera 23%
Patatas o maíz 38%
Actuaciones: Referente a los sistemas en que los cultivos son anuales, se
recomienda siempre que sea posible:
- Mejorar el orden de sucesión de los cultivos de modo que se reduzca la
superficie de suelo desnudo durante los períodos que presenten riesgos de
lavado.
A este respecto conviene tener en cuenta el cuadro siguiente, en el que se
contempla el efecto sobre un cultivo de los cultivos precedentes:
CUADRO 3 (suprimido)
Precedentes culturales
- Enterrar los residuos de las cosechas, ya que esta práctica mejora el
suelo considerablemente y dota a éste de mayor poder de retención del agua,
disminuyendo la erosión.
- Proteger el suelo de la erosión en rotaciones de leguminosas, tales como:
De secano:
Alfalfa.
Algarrobas.
Almortas.
Altramuces dulces.
Judías verdes y secas.
Esparceta.
Garbanzos Tréboles.
Guisantes verdes y secos.
Habas verdes y secas.
Haboncillos.
Lentejas.
Vezas.
Veza-Cereal.
Yeros.
El aumento de la superficie no cubierta de vegetación en el período
otoño-invierno es una de las causas más importantes de pérdida del suelo. Las
leguminosas enriquecen el terreno en N y proporcionan una buena renta su su
recolección mecánica está perfeccionada. El siguiente cultivo tendrá una
necesidad reducida de N suplementario al principio de su desarrollo.
Por lo que concierne a las praderas se recomienda siempre que sea posible:
- Implantar rápidamente cultivos exigentes en N después de levantarla, y en
los años siguientes (en particular si se trata de una pradera de larga
duración).
- Implantar rápidamente un cultivo exigente en N después de una leguminosa.
En el caso que la siembra no se haga rápidamente, conviene adoptar técnicas
tendentes a limitar la mineralización de los residuos de las cosechas.
Para reducir la contaminación de las aguas superficiales por los nitratos,
se recomienda, cuando sea factible:
- Mantener con hierba los fondos de las vaguadas y las orillas de los cursos
de agua.
- Conservas los árboles, setos y zonas boscosas en los márgenes de los
ríos y arroyos.
- Arbitrar en la cuenca receptora medios de lucha contra la erosión de los
suelos, mediante la combinación de técnicas culturales (laboreo perpendicular
a la pendiente, cultivos intermediarios) y de mejora (setos, taludes y desagües
encespados).
Todas las recomendaciones anteriores deben considerarse como de tipo general,
debiendo adaptarse a las condiciones particulares de cada zona, la elección de
los cultivos y su secuencia, la proporción entre los de invierno o primavera y
el manejo de los residuos de las cosechas.
11. Establecimiento de planes de fertilización acordes con la situación
particular de cada explotación
Las explotaciones agrícolas establecerán planes de abonado. El cálculo de
la fertilización para el conjunto de la explotación, se efectuará
individualizando por parcelas atendiendo al tipo de suelo y cultivo en cada una
de ellas.
La elaboración de planes de abonado y el llevar cuadernos para anotar la
aplicación de fertilizantes en la explotación constituyen medios que permiten
ayudar al agricultor a conducir mejor su fertilización nitrogenada.
Estas herramientas deben ser utilizadas de forma que permitan a la
explotación agrícola prever y seguir la evolución de su fertilización
nitrogenada favoreciéndose así el buen uso de los abonos.
Actuaciones: Es recomendable que el titular de la explotación agrícola
establezca planes de abonado, atendiendo a las características de los suelos y
de los cultivos, de manera que quede constancia de su ejecución y permita el
seguimiento de los mismos, de acuerdo con las Buenas Prácticas Agrarias que
recoge este Código.
12. Prevención de la contaminación de las aguas debido a la escorrentía y
a la lixiviación en los sistemas de riego
El regadío puede facilitar la contaminación nítrica del agua mediante el
movimiento de las aguas aportadas, tanto en sentido vertical desde la superficie
a los estratos más profundos (lixiviación) como horizontalmente por
escorrentía superficial (lavado).
Los riesgos de contaminación en los regadíos varían según las
características del suelo (permeabilidad, capacidad de campo, profundidad,
pendiente, nivel de la capa freática, etc.), las prácticas agronómicas
(aplicación del abonado, rotación de cultivos, laboreo del suelo, etc.), el
método de riego y su utilización.
Las zonas, donde el regadío reviste más alto riesgo, presentan al menos una
de las siguientes características:
- Suelos arenosos muy permeables y de limitada capacidad de campo.
- Localización de capa freática superficial (profundidad no superior a 2
m). Terrenos superficiales (profundidad inferior a 15-20 m) apoyándose sobre
una roca fisurada, terrenos con pendiente superior al 2-3%.
- Práctica de una agricultura intensiva con aportes elevados de abono.
- Terrenos ricos en materia orgánica y labrados con frecuencia en
profundidad; presencia de arrozales en suelos de permeabilidad media, etc.
Las zonas de riesgo moderado están a su vez caracterizadas por:
- Suelos de composición media granulométrica, de baja permeabilidad y de
discreta capacidad de campo.
- Localización de nivel freático de 2 a 15-20 m.
- Suelos de profundidad media (no inferior a 50-60 cm).
- Suelos de pendiente moderada.
- Aportes moderados de fertilizantes, etc.
Las zonas de bajo riesgo se caracterizan por:
- Suelos de textura arcillosa.
- Suelos poco permeables y con elevada capacidad de campo.
- Terrenos profundos (más de 60-70 cm).
- Localización de la capa freática a más de 20 m.
- Suelos con escasa pendiente.
Actuaciones: Una buena práctica de riego debe tratar de evitar la
percolación y la escorrentía superficial del agua y de los nitratos en ella
contenidos y conseguir valores altos de eficiencia distributiva del agua.
Para conseguir valores elevados de eficacia distributiva del agua, el método
de riego desempeña un papel determinante.
Los principales factores agronómicos que influyen en la elección del
método de riego son las características físicas, químicas y orográficas del
suelo, las exigencias y/o características de los cultivos a regar, la calidad y
cantidad del agua disponible y los factores climáticos.
Para evitar la pérdida de nitrato en riego, el riego a manta puede ser
adoptado en suelos arcillosos y en cultivos dotados del sistema radicular
profundo.
El riego a manta se desaconseja en zonas de riesgo elevado y moderado.
Cuando se adopta el riego por infiltración lateral (por surcos) conviene
recordar que el riesgo de lavado de los nitratos decrece:
- A medida que se avanza en el surco del inicio al final.
- Desde los suelos arenosos, poco expansivos y de alta permeabilidad a los
suelos arcillosos, expansivos y de baja permeabilidad.
- Desde los suelos superficiales a los profundos.
- Desde los cultivos con sistema radicular superficial a los de raíces
profundas.
En los suelos muy expansivos se desaconsejan los turnos de riego largos, para
evitar la formación de agrietamientos profundos a través de los cuales podría
perderse notable cantidad de agua hacia estratos hondos, con transporte a ellos
de solutos lixiviados de capas más superficiales.
En el caso de que se practique el riego por aspersión, para evitar pérdidas
de nitratos por lavado y escorrentía superficial, será necesario prestar
particular atención:
- A la distribución de los aspersores sobre la parcela.
- A la intensidad de la pluviometría respecto a la permeabilidad del suelo.
- A la interferencia del viento sobre el diagrama de distribución de los
aspersores.
- A la influencia de la vegetación sobre el reparto del agua sobre el
terreno.
En el caso de que se efectué una fertirrigación, para prevenir fenómenos
de contaminación, debe ser practicada con métodos de riego que aseguren una
elevada eficiencia distributiva del agua; el fertilizante no debe ser puesto en
el agua desde el comienzo del riego, sino preferiblemente después de haber
suministrado cerca del 20-25% del volumen de agua; la fertirrigación debe
completarse cuando se ha suministrado el 80-90% del volumen de agua.
En los sistemas de riego localizado, se suele producir una alta
concentración salina en la superficie del «bulbo» húmedo, si es riego por
goteo, o siempre en la envolvente que separa zona húmeda de tierra seca. Para
corregir estas zonas de alta concentración, es conveniente variar
periódicamente los caudales y los tiempos de riego.
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