Uso eficiente del agua en la agricultura

Teniendo en cuenta que en España la agricultura, según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, consume el 68% del agua disponible, es fundamental realizar una gestión y manejo del agua con la mayor eficiencia posible, al objeto de lograr que la agricultura sea una actividad sostenible. España se sitúa a la cabeza de Europa en superficie de riego y ocupa el séptimo lugar a nivel mundial en superficie de riego per cápita activa agraria. En la actualidad cuenta con 3.488.000 Ha transformadas en riego, lo que viene a suponer el 18,3% de la superficie total de cultivo, y el 13% de la Superficie Agraria Útil (SAU).

El regadío debe disponer de infraestructuras que deben ser renovadas conforme la obsolescencia y el mal estado lo requieran. 

 

MEDIDAS PARA LOGRAR UN USO EFICIENTE DEL AGUA EN AGRICULTURA

Tener en cuenta la eficiencia en el uso del agua de los distintos cultivos a la hora de seleccionar el cultivo a implantar en la superficie disponible.

Elegir el sistema de riego más eficiente y adecuado para satisfacer las necesidades del cultivo. Los sistemas de riego por goteo o por aspersión, consumen mucha menos agua que el riego de superficie ("a manta") lográndose los mismos rendimientos. 

Ajustar las dosis de riego a las necesidades reales del cultivo en cada momento, para lo que se requiere un conocimiento preciso y una atención permanente por parte de los agricultores y técnicos para no dilapidar el agua de riego. 

Ajustar las dosis de riego a las necesidades reales del cultivo en cada momento, para lo que se requiere un conocimiento preciso y una atención permanente por parte de los agricultores y técnicos para no dilapidar el agua de riego. 

Elegir el momento de efectuar los riegos para evitar la evaporación del agua, sobre todo cuando se utiliza el riego por aspersión. Es preferible efectuar el riego a primera hora de la mañana o a última de la tarde, o incluso por la noche, antes que hacerlo al mediodía. 

Evitar las pérdidas de agua por escorrentía e infiltración fuera del alcance de las raíces. 

Ajustar el empleo de fertilizantes a las necesidades reales del cultivo y administrarlos adecuadamente para que no se produzcan pérdidas por lixiviación.

Permitir la recarga de los acuíferos en las zonas en que éstos estén sobreexplotados mediante la alternancia de los cultivos de regadío tradicionales con cultivos de secano o de demanda reducida de agua. 

Procurar utilizar cultivos adaptados a las condiciones del clima mediterráneo en los que el agua aportado con el regadío sea un complemento al agua de lluvia, en lugar de basar toda la producción en el agua de riego.

Utilizar aguas depuradas para riego en condiciones seguras. 

 
 
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