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Los extintores automáticos actúan directamente sobre la zona donde se inicia el fuego. Constan de un sensor y un aspersor de agua acoplado al mismo aparato, fijado sobre el techo. Unas varillas soldadas actúan como fusible térmico. Al subir la temperatura, liberan el agua, que cae sobre un difusor. Estos sistemas se alimentan de unos aljibes específicos y no precisan de alimentación eléctrica. |
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Tras el voraz incendio, los responsables de la obra han explicado al Ayuntamiento de Madrid que el antiguo sistema de detección de incendios estaba siendo sustituido por uno nuevo compuesto por detectores iónicos de humos. A la vez, según los encargados de la obra, se llevaba a cabo la instalación de una red de extintores automáticos de incendios, basada en rociadores de agua que se activarían por sí solos al detectar un foco calorífico anormal.
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Este sistema de rociadores automáticos (sprinklers) parece ser el sistema más efectivo de prevención de incendios. Según la asociación que agrupa a los fabricantes en EEUU, el principal país productor, el 90% de los incendios son extinguidos por menos de cuatro rociadores y normalmente no superan la habitación en la que se producen. Todos los edificios modernos los incorporan. |
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Sprinklers |
El funcionamiento de los rociadores es simple. Tienen que estar colocados por todo el edificio para que se activen sólo los de la zona en donde comienza el incendio. El orificio de salida del agua está taponado por un mecanismo de dos brazos ensamblados por un fusible unido por una soldadura. El calor generado por el incendio funde la soldadura. El agua sale en forma de lluvia para remojar el espacio. Cada regadera tiene su fusible, así sólo se disparan las que sufren el calor muy cerca.
Los rociadores no eran obligatorios en Madrid hasta 2003, pero siempre han sido muy baratos. Entre 10 y 20 euros por metro cuadrado, según diversos fabricantes. En realidad, es una tecnología muy sencilla, una obra de fontanería, con unas tuberías muy finas. Ni siquiera necesita electricidad, porque el agua sale por presión.
Colocarlos en un edificio ya construido puede ser un poco más caro, pero en ningún caso es comparable a costes como las moquetas o las maderas nobles.
Según Rafael Sarasola, presidente de Tecnifuego-AESPI (Asociación Española de Sociedades de Protección Contra Incendios), todos los sistemas de protección contra incendios en una obra nueva pueden suponer como máximo el 3% o el 4% del proyecto, a pesar de lo cual los constructores "siempre ponen pegas".
Fernando Vigara, secretario general de la Asociación Profesional de Ingeniería de Protección Contra Incendios (APICI), considera "inconcebible" que edificios como el Windsor u otros colosos no hayan sido obligados en todos estos años a tener sistemas de extinción automática de incendios. "Todos sabemos que son la única manera de parar un fuego en un edificio vacío. Cuando llegan los vigilantes, que además nunca saben qué hacer, es demasiado tarde", explica.
La red que abastece a este último sistema ya había sido instalada en todo el rascacielos Windsor, pero aún no había dado tiempo a colocar los rociadores en las diferentes plantas del edificio. Por esta razón, era imposible que este sistema automático contra el fuego se activara.
Los encargados de la obra de reforma han admitido que ya se había realizado el 80%, pero aún no se había llegado a la planta 21ª, donde comenzó el incendio.
Parte de la fachada de la Torre contaba con elementos de protección que figuraban en el proyecto de remodelación presentado en el Concejalía de Urbanismo. En concreto, 5 plantas (las más bajas) estaban dotadas de planchas metálicas y otros elementos capaces de resistir el fuego durante 90 minutos, razón por la cual han resultado menos dañados por las llamas.
La remodelación del edificio incluía la instalación de una escalera de evacuación, adosada al rascacielos.
Las obras del edificio contaban con todas las licencias en regla y cumplían
todas las indicaciones contempladas en el plan de seguridad y salud aportado al
Ayuntamiento. La licencia fue concedida el 9 de octubre de 2202 para acometer
"una reestructuración general, ampliación, obras exteriores y de
adaptación a la normativa vigente en materia de prevención de incendios de la
Comunidad de Madrid". Tras ser concedida la licencia, los propietarios
pidieron una prórroga de plazo para iniciar las obras, ante la complejidad que
entrañaba el proyecto de ejecución. La prórroga fue concedida el 1 de abril
de 2003 para un plazo de 6 meses. El 23 de julio de 2003 se instaló una enorme
grupa para poder realizar los trabajos que comenzaron el agosto.
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