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Durante un tiempo, y una vez pasado el riesgo de que el edificio se derrumbara por la acción del fuego, persistió el riesgo de que pudiera colapsarse por las altas temperaturas alcanzadas durante el siniestro (hasta 1000ºC). Los bomberos controlaban el enfriamiento de la estructura mediante cámaras térmicas. Los expertos coinciden en señalar que el procedimiento más aconsejable para la demolición del edificio siniestrado sería la combinación de medios manuales y mecánicos.
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Ricardo Aroca, decano del Colegio de Arquitectos de Madrid (COAM), declara que en primer lugar lo que habría que hacer es comprobar el estado de la estructura y analizar si el edificio presenta nuevos riesgos de derrumbe. En caso de que exista algún tipo de peligro habría que apuntalar por dentro el inmueble con el fin de asegurar su estructura. Según palabras de Manuel del Río, uno de los arquitectos del proyecto, esta técnica evitaría que se cayera el edificio e impediría que el rascacielos se moviera, aumentando la seguridad de los operarios en el derribo.
Una vez afianzado el edificio, un equipo técnico deberá subir hasta la azotea para comenzar la demolición de "arriba a abajo". Ricardo Aroca apunta, incluso, que los operarios podrían utilizar la escalera de incendios que ha quedado intacta a pesar del fuego.
Los instrumentos con los que se trabajará en las labores de demolición serían:
Lanzas térmicas para cortar el hormigón
Pinzas mecánicas
Sierras de disco
Máquinas picadoras
La grúa utilizada para la reforma que ahora se utilizaría para bajar y desmontar las vigas cortadas.
La operación manual se prolongará hasta la planta 11ª, aproximadamente a 35 metros del suelo. Una vez allí, podrían entrar en escena las máquinas demoledoras (cizallas) que se encargarían de ir "mordiendo" el hormigón de las plantas más bajas hasta reducir a escombros la Torre.
Desde el primer momento el edificio se protegerá con lonas o redes con el fin de evitar la caída de cascotes a la calle.
Inicialmente se estimó un período de demolición de 6 meses, aunque los expertos señalan que se puede prolongar hasta casi un año, ya que el derribo del edificio tiene que ser muy meticuloso, especialmente por seguridad de los operarios que trabajen en las labores de desescombro. Además, las tareas de demolición también estarán bastante condicionadas por la meteorología.
El Alcalde de Madrid, anunció que será el Consistorio quien se ocupará de su demolición, cuyos costes ha estimado el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, en 22 millones de euros y que correrán a cargo de la propiedad del edificio.
Los técnicos de la Concejalía de Urbanismo del Ayuntamiento, que entraron el pasado miércoles 16 de febrero, para comprobar el estado Windsor, han elaborado un informe que declara su “ruina inminente” y alerta del “riesgo de derrumbamientos parciales con arrastres en cadena imprevisibles”.
Los técnicos han comprobado a lo lardo de las 30 plantas del Windsor, el "pésimo estado en el que se encuentran todas las crujías" (los espacios entre vigas maestras o de carga) y "las fuertes deformaciones" de los pilares metálicos de las fachadas. Además, alertan de que los "zunchos de borde (unas vigas perimetrales que atan los bordes del suelo a las plantas) se encuentran pandeados (abombados)", por lo que "existe el riesgo de que se puedan producir derrumbamientos parciales con arrastres en cadena imprevisibles".
El Ayuntamiento de Madrid tenía previsto comenzar con la demolición del inmueble siniestrado el viernes 18 de febrero. El "desmontaje" se hará, en un principio, desde el exterior con unas enormes grúas para cargar “pieza a pieza” las partes que se irán cortando del rascacielos, atacando el desmontaje de "fuera adentro" porque está rodeado de otros edificios y en una zona muy concurrida, colocando gigantescas grúas con gran capacidad de carga y cortando y retirando "pieza a pieza" lo que queda de la Torre.
Parece ser que la demolición no será total, ya que los cimientos, los sótanos y las tres primeras plantas no están tan afectadas. La demolición se realizará de arriba abajo y de fuera adentro, planta por planta.
La empresa encargada de las obras es Ortiz Construcciones y Proyectos S.A. En los trabajos intervendrán 50 personas. Se calcula que durarán 12 meses y que el coste diario de las obras sea de unos 17,5 millones de euros. Debido a la complejidad del proceso de demolición, tanto el coste como la duración estimados podrán variar. Además, de que las condiciones meteorológicas también pueden alterar los plazos.
Un equipo técnico de la Concejalía de Urbanismo llevó a cabo en la noche del viernes al sábado del 25-26 de febrero, diversos trabajos de apeo para asegurar el subsuelo entre el edificio Estrella y el Rascacielos. Estos apeos se realizaron en los accesos al túnel de Azca, que no está capacitado para soportar una tercer grúa y permitirán además instalar una cuarta grúa en la zona, necesaria para retirar la otra grúa que hay en la corona de la torre y que puede desmoronarse.
Antes del inicio del desmontaje en sí, se llevarán a cabo una serie de actividades para garantizar la seguridad:
Retirada de mercancía que pueda ser inflamable de los edificios de alrededor.
Protección de la cubierta de las instalaciones de El Corte Inglés.
Colocación de pantallas de neopreno en los inmuebles colindantes para evitar desplomes.
Colocación de un sistema de cámaras para poder vigilar los trabajos.
Además, se llevará a cabo un reconocimiento exterior del edificio de las grúas para determinar los elementos que han quedado colgados, porque es lo primero que hay que retirar, para garantizar la seguridad de los operarios que estarán trabajando en la zona.
En cada planta el orden de demolición es el siguiente:
- forjados
- pilares y pórticos
- el núcleo rígido del ascensor y las escaleras
No obstante, tras comprobar la a situación especial de la Torre Windsor, la dirección de obras ha introducido dos novedades.
El Ayuntamiento de Madrid solo está obligado a actuar hasta que se haya garantizado la seguridad. A partir de entonces, las decisiones y actuaciones corresponden a los propietarios.
Según los técnicos, la estructura ha aguantado muy bien gracias al refuerzo de hormigón. En la zona superior, el perímetro era metálico y por eso ha tenido una resistencia menor al fuego. Sin embargo, la enfriarse la estructura, los pilares metálicos recuperaron su posición, sobre todo en la planta novena, y por eso no se colapsó el edificio. El conjunto del edificio es estable, aunque se pueden producir colapsos parciales que puedan arrastrar a otras zonas.
A mediados de marzo la empresa propietaria del edificio, Ansón Inmobiliaria, presentó al Ayuntamiento de Madrid su propio proyecto de demolición.
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