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Actividades ganaderas
Hasta hace unos 60 años se utilizaba como abono el estiércol con un alto contenido en carbono orgánico en lugar de los fertilizantes químicos de tipo inorgánico que se utilizan actualmente. El carbono orgánico es una fuente de energía necesaria para las bacterias desnitrificadoras (el alcance de la desnitrificación aumenta con su disponibilidad). En España el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), en estrecha colaboración con el Ministerio de Medio Ambiente (MMA), participa en el desarrollo legislativo necesario para la transposición de las diferentes Directivas de la UE (Directiva 96/61/CE; Directiva 97/11/CE que modifica la Directiva 85/337/CEE) en las que se contempla el sector ganadero como actividad susceptible de ser regulada. El MAPA hace varios años que inició un convenio de colaboración con el Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaría (INIA) y la Asociación Nacional de Productores de Ganado Porcino (ANPROGAPOR) para el desarrollo de un programa I+D para el reciclado, reutilización y depuración de los estiércoles licuados de porcino. Desde el punto de vista del impacto ambiental ocasionado por la gestión de los residuos ganaderos hay que destacar la diferencia entre los producidos por la ganadería extensiva, de impacto medio-bajo, y que en general, no precisa de intervenciones de control ya que se valoriza como abono agrícola, y la ganadería intensiva, de mucho mayor impacto y cuyo control es necesario para evitar deterioros ambientales. Por otro lado, el vertido de los residuos ganaderos da
lugar a emisiones de metano, amoniaco y dióxido de carbono así como a la
aparición de olores. La contaminación difusa por nitratos es otro punto
importante a considerar.
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