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Actividades agrícolas
En zonas cultivadas el
excedente de fertilizante que no es utilizado por las plantas es lixiviado hacia la
Zona Saturada (zona de las aguas subterráneas). Este excedente puede llegar a ser de varios
cientos de kg/ha/año, siendo las pérdidas por lixiviado particularmente
elevadas en las zonas de cultivos hortícolas. Las concentraciones de nitratos
en el penacho contaminante pueden llegar a superar los 500 mg/l bajo la zona
radicular. De entre estos distintos
aportes de compuestos nitrogenados al terreno, el de mayor importancia por el volumen
que puede llegar a acumular y por la amplitud de su distribución espacial es el asociado
con la percolación de las aguas de riego, en especial en zonas de cultivo
intensivo. Las cifras disponibles muestran que son determinadas
prácticas de abonado y de riego las que explican una acumulación progresiva de
nitratos en las aguas subterráneas. La agricultura intensiva en
regadío se caracteriza por el empleo de grandes volúmenes de agua de riego y
una particular agresividad en las prácticas de abonado. La introducción de
cultivos con un mayor potencial de cosecha, junto con la extensión de la
superficie cultivada en regadío y un incremento mayor en los precios de mercado
de algunos productos (caso de los productos hortícolas) comparado con los
precios de los fertilizantes, ha provocado un apreciable aumento en las tasas
de aplicación de estos últimos. Además de los problemas asociados a las prácticas de abonado intensivo, hay que hacer referencia a la eficiencia del riego (relación entre agua consumida y agua aplicada), que varía entre 0,6 y 0,8 en términos generales. Si a ello añadimos que el rendimiento en la utilización de fertilizantes difícilmente supera el 0,5 ya que más de la mitad no es utilizado por el cultivo es importante conseguir una mejora en las prácticas agrícolas actualmente vigentes. La contribución exacta de la agricultura a la eutrofización del agua superficial y a la contaminación de las aguas subterráneas es difícil de cuantificar. Se calcula que la agricultura europea puede ser la causante del 60% del total del flujo fluvial de nitrógeno al mar del Norte, y del 25% de la carga total de fósforo (FAO/CEPE, 1991). En Checoslovaquia, la agricultura aporta el 48% de la contaminación del agua superficial. En Noruega y Finlandia se han señalado situaciones, localmente significativas, de eutrofización de las aguas superficiales como consecuencia de factores agrícolas. Los altos niveles de utilización de nitrógeno y fósforo son considerados como los causantes de la proliferación de algas en el mar Adriático. Algo semejante ha ocurrido en las aguas costeras de Dinamarca. En los Países Bajos se ha registrado una contaminación sustancial de las aguas subterráneas por nitrato (FAO/CEPE, 1991). El 50% de los pozos poco profundos que abastecen de agua a más de 1 millón de residentes en Lituania no son aptos para el consumo humano por la presencia de una gran variedad de contaminantes, entre los que figuran plaguicidas y compuestos nitrogenados (FAO, 1994b). En los años 60, el lago Erie (uno de los Grandes Lagos de América del Norte) fue declarado, por la prensa, como “muerto” debido a los altos niveles de nutrientes acompañado por un crecimiento excesivo de algas, mortandad de peces y sedimentos de fondo anaeróbicos.
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