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El desarrollo de las energías renovables tiene su origen
en las crisis del petróleo de la década de 1970, cuando la sociedad empezó
a tomar conciencia de que los recursos fósiles se agotarían algún día.
Desde entonces, el problema de la energía ha ido adquiriendo mayores
dimensiones.
El uso de combustibles fósiles (carbón y petróleo
fundamentalmente) no se ajusta a la idea de un desarrollo sostenible. Son
numerosos los efectos negativos que su uso provoca tanto en la calidad del
aire como en la salud pública, además del agravante problema del
calentamiento del planeta. La amenaza del cambio climático dió lugar a la
firma del Protocolo de Kioto, según el cual, la UE se compromete a reducir
entre 2008-2012 un 8% sus emisiones de CO2 respecto al nivel existente en
el año 1990.
La UE es un compromiso con cumplir los
requisitos del Protocolo de Kioto promueve duplicar en cada país el peso de las
energías renovables (energías limpias) y que éstas representen en el año 2010 el
12% de las energías utilizadas en la UE. El aprovechamiento por el hombre de las
fuentes de energías renovables (especialmente la solar, eólica e hidráulica)
data de muy antiguo, aunque en los últimos años, debido al incremento del precio
de los combustibles fósiles y a los graves problemas medioambientales derivados
de su explotación, estamos frente a un nuevo renacimiento de este tipo de
energías.
Pero, bajo la denominación de
energías renovables, se engloban una serie de fuentes energéticas
que a veces no son nuevas, como la leña o las centrales hidroeléctricas,
ni renovables en sentido estricto (geotermia), y que no siempre se
utilizan de forma blanda o descentralizada, y en algunos
caso, incluso su impacto ambiental puede llegar a ser importante,
(por ejemplo, embalses para usos hidroeléctricos o
los monocultivos de biocombustibles).
Actualmente suministran un 20% del consumo mundial
y son las fuentes de energía que más están creciendo en todo el mundo, a
pesar de los años de abandono y marginación a los que fueron sometidas,
presentando un potencial capaz de cubrir la totalidad de la demanda
energética en algunos países, como es el caso de España.
En 1996, las energías renovables
representaron en España el 7,2% del total del consumo energético nacional,
teniendo en cuenta que además, ese año fue un buen año hidráulico favoreciendo
este alto porcentaje. En ese mismo año, el número de colectores solares
instalados era de 320.000 m2; 6,9 MWp de módulos fotovoltaicos (representaban
una producción de 12,2 GWh); varios cientos de centrales hidroeléctricas que
representaban una potencia de 17.332 megavatios; una docena de instalaciones
geotérmicas con una producción de sólo 3.400 tep; y una producción de
energía eólica de 316,6 GWh.
Aunque el potencial de las energías renovables es muy
alto, el consumo actual de energía en las sociedades occidentales es
excesivo. Por ello es necesario crear un nuevo escenario energético en
el que se impulse especialmente el ahorro y la eficiencia energética.
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