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La Energía Nuclear está
volviendo a abrirse camino, 20 años después de la
catástrofe de Chernobil.
Cada vez
son más
numerosos las voces de apoyo a este tipo de energía "limpia", como mecanismo ante la inseguridad en el suministro
de otras fuentes de energía y para hacer frente al cambio
climático y cumplir con los requisitos del
Protocolo de Kioto de
reducir la emisión de gases contaminantes y ante el declive de la
producción de gas en Norteamérica y en el Mar del Norte,
deja a muchos países, entre ellos los europeos, a merced de
muy pocos suministradores.
La
Agencia
Internacional de la Energía en el informe anual que
emitirá en el mes de noviembre respaldará la energía nuclear
probablemente poniendo fin a la moratoria que muchos estados
han impuesto a la energía nuclear, paralizando reactores y
estableciendo calendarios definitivos de abandono de esta
fuente de energía. De esta Agencia forman parte 26 países
desarrollados, con políticas diferentes, pero donde ya se ha
abierto el debate sobre la conveniencia de volver a la
generación de energía atómica.
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La energía nuclear proporciona un 16% de la
energía primaria que se consumo en el mundo y el 30% de
la energía eléctrica que produce la Unión Europea. Países
como Alemania, Austria o Irlanda, han aprobado
medidas para el progresivo cierre de sus plantas
nucleares, aunque ahora cabe la posibilidad de
que se abra una revisión, como ya ocurre en
España, Italia, Suecia y Reino Unido, o fuera de
la Unión Europea, Estados Unidos, cuya nueva ley
energética deja abierta la puerta a una
expansión de la energía nuclear. |
Por su parte, los grupos
ecologistas, así como determinados científicos creen que
esta política favorecerá la proliferación de las armas
nucleares y a un aumento del volumen de residuos nucleares
(de alta actividad) que tardan miles de años en
descomponerse.
Pero también entre los
ecologistas empieza a haber diversión de opiniones,
destacando la postura tomada por Patrick Moore, quien
fuera fundador de Greenpeace, que actualmente apuesta por
la energía nuclear como medida de salvación frente al cambio
climático proponiendo que los residuos del combustible
nuclear quemado, sean reutilizados de forma continua en un
permanente reciclado del uranio y del plutonio.
La política energética de cualquier gobierno
debe estar dirigida a encontrar la combinación más adecuada
entre las distintas fuentes de energía para asegurar, en el
presente y en el futuro, que queden cubiertas las
necesidades del país logrando las mejores condiciones
económicas y medioambientales.
Una adecuada política energética debe tener
en cuenta una serie de parámetros:
Ventajas (comparadas con los combustibles
fósiles)
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Seguridad de
aprovisionamiento: La
disponibilidad del combustible nuclear prácticamente
está asegurada, ya que:
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Existen importantes reservas de uranio a
costes iguales o muy próximos a los actuales del
mercado.
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Existencia de un mercado con una
relación oferta/demanda favorable para el consumidor.
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Los países suministradores de uranio son
estables políticamente (Canadá, Australia, etc.).
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El almacenamiento de uranio es mucho más
barato, en comparación con los combustibles fósiles, lo
que permite un alto grado de independencia.
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Efecto en la
balanza de pagos: El coste del combustible
nuclear por unidad de energía producida es muy inferior
al de los combustibles fósiles, mejorando el equilibrio
entre importaciones/exportaciones, al quedar éstas
últimas reducidas en coste.
-
Disponibilidad de combustible a medio y largo plazo:
Existen importantes reservas de uranio a precio de
mercado, mientras que las reservas de combustibles
fósiles tienen a horizontes muy cercanos limitaciones de
suministro y, a horizontes todavía más cercanos, de
incrementos de costes, dificultando su adquisición, y
siendo necesarios para otros usos diferentes a los
energéticos, donde no tienen sustitución, como es el
caso del transporte.
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Estabilidad de precios. A nivel internacional,
el coste del kWh del gas incorpora un 70% del coste del
combustible. En cambio, en el caso de la energía
nuclear, este mismo porcentaje se reduce a un 19%. Por
tanto, una subida en los precios del combustible
afectaría seriamente al coste del kWh del gas, mientras
que influiría en mucho menor grado en el caso de la
energía nuclear.
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Costes
externos. Son aquellos costes que no se
incorporan al coste del kWh del mercado. Suponen un
riesgo para la economía de un país, puesto que se
producen y sin embargo, no se establecen procesos
formales para retribuirlos. La energía nuclear incorpora
en sus costes la mayor parte de las externalidades
(desmantelamiento de centrales, tratamiento de residuos,
emisiones de gases y líquidos, etc.). Las centrales
térmicas aún no incorporan el efecto de sus emisiones,
especialmente de gases contaminantes de efecto
invernadero.
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Medioambiente. Las centrales nucleares no emiten
gases contaminantes de efecto invernadero. Sus emisiones
líquidas y gaseosas están supervisadas por el
Consejo de
Seguridad Nuclear y reducidas a valores inferiores a
límites que garantizan su inocuidad. Los residuos
sólidos son de un volumen bajo (del orden del 0,05% del
volumen total de residuos industriales generados en
España). Los residuos están debidamente confinados y
controlados.
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Cumplimiento con los requisitos del
Protocolo de Kioto.
Las centrales nucleares ayudarán a cumplir con los
requisitos del Protocolo de Kioto, al ayudar a la disminución de las emisiones de CO2 y
otros gases invernadero. Por ejemplo, la producción de
energía nuclear de la Unión Europea evita la emisión a
la atmósfera de 700 millones de toneladas de CO2 al año.
En 1996 la energía nuclear contribuyó a que 2,33
billones de toneladas de CO2 no fueran emitidas a la
atmósfera en todo el mundo. Otro ejemplo, la central
nuclear española de Santa María de
Garoña, ha evitado que se descargue a la atmósfera 90
millones de toneladas de CO2, 312.000
toneladas de NOX, 650.000 toneladas
de SO2, así como 170.000 toneladas de
cenizas, que contienen a su vez más de 5.200 toneladas de
arsénico, cadmio, mercurio y plomo.
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Vertidos: Los vertidos de las centrales nucleares al
exterior son mínimos. Proceden, en forma gaseosa de la
chimenea de la central, la cual expulsa grandes cantidades
de aire. La poca radiactividad que sueltan, lo hacen en
forma líquida a través del canal de descarga. Su poder contaminante es bajo. Una central
nuclear no puede verter a la atmósfera más de 3 curios/año,
según la normativa vigente.
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Costes de
generación. En España, el coste
operación de generación del kWh ha ido
descendiendo de forma progresiva desde el
año 1995, alcanzando un valor de 1,06 euros/kWh
neto, de los que 72 céntimos de euro
corresponden a los costes de operación y
mantenimiento, 34 cçentimos al coste de
combustible.
En el año 2003, el precio medio horario
final en el mercado de producción diario en
España alcanzó un valor de 3,786 euros por
kWh
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La reducción de costes en centrales
nucleares es progresiva debido a un contiguo progreso de
mejoras de equipos técnicos y métodos. En estas mejoras, las
centrales nucleares españolas invierten del orden de los 20
millones de euros anuales.
Los programas de ampliación de potencia en
centrales nucleares que se llevan a cabo en todo el mundo,
han propiciado para nuestro país un incremento de 599,44 MW,
lo que supone un 8,21% de aumento sobre la potencia
instalada inicial. Los costes de generación de estas
ampliaciones oscilan entre 10,5 y 13,4 euros/MWh muy
inferiores a los costes de una central de nueva
construcción, constituyendo un ahorro económico sustantivo.
Otra iniciativa, que se ha extendido y
aplicado igualmente en todo el mundo, es la operación a
largo plazo de las centrales nucleares, que vienen
alcanzando valores de 20 años adicionales a los inicialmente
previstos, que suelen rondar los 40. El coste de generación
correspondiente a estos años de extensión de la operación de
la planta es un 48% menor que el estimado para una central
de nueva construcción y menos de la mitad de los estimados
para otras fuentes energéticas (carbón, gas, etc.).
El
Consejo de
Seguridad Nuclear (CSN) tiene la facultad de emitir
instrucciones, circulares y guías de carácter técnico
relativas a las instalaciones nucleares y radiactivas y a
las actividades relacionadas con la seguridad nuclear y la
protección radiológica según el artículo 2º apartado a) de
la Ley 15/1980 de creación del CSN, en la nueva redacción
dada en la disposición adicional primera de la Ley 19/1999
de Tasas y Precios Públicos por servicios prestados por el
CSN.
Los vertidos de las centrales
nucleares al exterior, se pueden clasificar como mínimos, y
proceden, en forma gaseosa de la chimenea de la central,
pero se expulsan grandes cantidades de aire, y poca de
radiactividad; y en forma líquida, a través del canal de
descarga.
Por su bajo poder contaminante, las centrales nucleares,
frenan la lluvia ácida, y la acumulación de residuos tóxicos
en el medio ambiente. Como dato: una central nuclear no
puede verter a la atmósfera más de 3 curios/año, según la
normativa vigente (1 CURIO = 37.000 millones
de desintegraciones por segundo = radiactividad de 1 gramo
de Radio).
Además, se reducen el consumo de las reservas de
combustibles fósiles, generando con muy poca cantidad de
combustible (Uranio) muchísima mayor energía, evitando así
gastos en transportes, residuos, etc.
ENERGÍA NUCLEAR
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