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Actividades Agrícolas

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Agricultura intensiva. Campos de algodón.

En las últimas décadas el sector agrícola ha experimento un desarrollo notable, especialmente en los países desarrollados. La importancia concedida en la planificación a la producción de alimentos ha sido un objetivo compartido por numerosos países desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta épocas recientes. En zonas como la Europa comunitaria la política agrícola ha potenciado una agricultura intensiva fomentando durante años el uso de agua, de fertilizantes sintéticos de alto rendimientos y el cultivo de especies vegetales de rápido crecimiento y de creciente rentabilidad para el agricultor.

Por tanto, el desarrollo de la agricultura moderna con el importante aumento en la producción y calidad de los productos obtenidos ha discurrido parejo al avance en el empleo de abonos sintéticos y plaguicidas. Como contrapartida, la incorporación de estas sustancias al medio natural provoca su contaminación, y en ocasiones un deterioro de la calidad del medio.

La aplicación de fertilizantes nitrogenados sirve como suplemento necesario para las necesidades de nutrientes en el crecimiento de las plantas, sólo parcialmente cubiertas por el contenido natural de las substancias en el suelo. Durante ese crecimiento, las plantas absorben una parte de los nutrientes presentes en el suelo en compuestos solubles, en concreto el nitrógeno en estado mineral, esencialmente en forma nítrica. El abonado tiene por objeto reponer aquellos elementos químicos que han sido retirados en la cosecha o por efecto del lavado del suelo.

En ocasiones, un aumento en la concentración de esos nutrientes añadidos al suelo se traduce en un incremento de la cantidad total de nutrientes absorbida por la planta, obteniéndose así un mayor rendimiento en las cosechas. Pero llegado a un punto, la proporción de nutrientes absorbidos con respecto al volumen aplicado comienza a decrecer. El exceso no absorbido si se encuentra en el suelo en forma soluble (caso de los nitratos) puede ser arrastrado hacia el acuífero por el movimiento descendente del agua en la zona no saturada.

Agricultura intensiva. Viñedos.

La capacidad contaminante de una actividad agrícola se ve determinada por una serie de factores:

  • Tipo de fertilizantes empleados
  • Tipo de plaguicidas
  • Forma de riego
  • Método de laboreo
  • Características del suelo
  • Características de cultivo
  • Clima

En zonas cultivadas el excedente de fertilizante que no es utilizado por las plantas es lixiviado hacia la Zona Saturada (zona de las aguas subterráneas). Este excedente puede llegar a ser de varios cientos de kg/ha/año, siendo las pérdidas por lixiviado particularmente elevadas en las zonas de cultivos hortícolas. Las concentraciones de nitratos en el penacho contaminante pueden llegar a superar los 500 mg/l bajo la zona radicular.

De entre estos distintos aportes de compuestos nitrogenados al terreno, el de mayor importancia por el volumen que puede llegar a acumular y por la amplitud de su distribución espacial es el asociado con la percolación de las aguas de riego, en especial en zonas de cultivo intensivo. Las cifras disponibles muestran que son determinadas prácticas de abonado y de riego las que explican una acumulación progresiva de nitratos en las aguas subterráneas.

La agricultura intensiva en regadío se caracteriza por el empleo de grandes volúmenes de agua de riego y una particular agresividad en las prácticas de abonado. La introducción de cultivos con un mayor potencial de cosecha, junto con la extensión de la superficie cultivada en regadío y un incremento mayor en los precios de mercado de algunos productos (caso de los productos hortícolas) comparado con los precios de los fertilizantes, ha provocado un apreciable aumento en las tasas de aplicación de estos últimos.

Además de los problemas asociados a las prácticas de abonado intensivo, hay que hacer referencia a la eficiencia del riego (relación entre agua consumida y agua aplicada), que varía entre 0,6 y 0,8 en términos generales. Si a ello añadimos que el rendimiento en la utilización de fertilizantes difícilmente supera el 0,5 ya que más de la mitad no es utilizado por el cultivo es importante conseguir una mejora en las prácticas agrícolas actualmente vigentes.

La contribución exacta de la agricultura a la eutrofización del agua superficial y a la contaminación de las aguas subterráneas es difícil de cuantificar. Se calcula que la agricultura europea puede ser la causante del 60% del total del flujo fluvial de nitrógeno al mar del Norte, y del 25% de la carga total de fósforo (FAO/CEPE, 1991). En Checoslovaquia, la agricultura aporta el 48% de la contaminación del agua superficial. En Noruega y Finlandia se han señalado situaciones, localmente significativas, de eutrofización de las aguas superficiales como consecuencia de factores agrícolas. Los altos niveles de utilización de nitrógeno y fósforo son considerados como los causantes de la proliferación de algas en el mar Adriático. Algo semejante ha ocurrido en las aguas costeras de Dinamarca. En los Países Bajos se ha registrado una contaminación sustancial de las aguas subterráneas por nitrato (FAO/CEPE, 1991). El 50% de los pozos poco profundos que abastecen de agua a más de 1 millón de residentes en Lituania no son aptos para el consumo humano por la presencia de una gran variedad de contaminantes, entre los que figuran plaguicidas y compuestos nitrogenados (FAO, 1994b). En los años 60, el lago Erie (uno de los Grandes Lagos de América del Norte) fue declarado, por la prensa, como "muerto" debido a los altos niveles de nutrientes acompañado por un crecimiento excesivo de algas, mortandad de peces y sedimentos de fondo anaeróbicos.


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